Libros robados de la Biblioteca Nacional van a parar a EEUU y Europa

Atentado contra el patrimonio cultural. Se estima que hay 900 libros y manuscritos del siglo XV y XIX desaparecidos. Pasarían por anticuarios argentinos e irían a universidades. Fiscalía archivó la denuncia del robo del Archivo Presidencial Cáceres.

30 Sep 2016 | 1:58 h

“No nos daremos por vencidos”, afirma el director de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), Ramón Mujica, luego de que la Fiscalía Anticorrupción archivara la investigación por el delito de peculado contra ocho trabajadores de su institución. Ellos estarían involucrados en el intento de robo de más de 4 mil documentos del Archivo Presidencial Cáceres, los cuales estarían valorizados en millón y medio de dólares.

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“Vamos a presentar una queja en la misma Fiscalía porque en su sentencia se han basado en datos falsos y contradictorios”, indica Mujica, quien considera que este caso es el más emblemático del robo de manuscritos porque hay pruebas contundentes.

Desde 2010, año en el que denunció este robo, Mujica se ha convertido en un investigador. Por eso, agrega, el problema es mucho mayor. Y no deben existir malos precedentes.

Tráfico de libros robados

Una ruta. Eso es lo que usarían los ladrones de valiosos libros y manuscritos que desaparecen de la Biblioteca Nacional.

Una vez que logran apoderarse de estas joyas bibliográficas que detallan los sucesos ocurridos entre los siglos XV y XIX en América Latina y el mundo, los facinerosos hacen diversas gestiones y los históricos documentos llegan a Argentina, y es desde ese país que parten a su destino final: Estados Unidos y Europa.

“El Virreinato del Perú representa la historia de 10 actuales repúblicas. Por eso nuestros manuscritos y libros son muy codiciados, sobre todo por las universidades de EEUU y Europa, que están sedientas de conseguirlos, ya que son importantísimas fuentes primarias”, explica el director.

Este antropólogo, desde el 2010, vive preocupado. Ese mismo año, en setiembre, ni bien tomó el cargo, se produjo el robo de los manuscritos de Cáceres de la Biblioteca Nacional. Al poco tiempo, se registró la desaparición de 663 libros y manuscritos de la BNP, entre ellos un incunable de Erasmo de Rotterdam de 1524, por lo que inició un inventario general de las obras más antiguas que se guardan en la sede de San Borja. Precisamente, por estas –como detalló en años anteriores el ex director de la BNP Hugo Neira– se ofrecen más de 50 mil dólares en el mercado negro.

En la actualidad, según el Inventario del Patrimonio Bibliográfico y Documental Antiguo (de entre los siglos XV y XIX), que se viene realizando desde el 2011, existen 165 mil 823 obras, 97 mil 778 libros y folletos, 55 mil 368 manuscritos y 12 mil 677 publicaciones periódicas, todas registradas en la Biblioteca Nacional. Esto suma 343 mil 931 importantes documentos antiguos que ya cuentan con una partida de nacimiento. Aunque solo representa al 60% de todo.

Se estima que en total hay 7 millones de libros y manuscritos en la BNP, considerando también las publicaciones del siglo XX y de los primeros 16 años del siglo XXI, de las cuales una cantidad está en proceso de registro.

Más evidencias

Sin embargo, lo preocupante es que, tras el inventario, se han identificado 881 antiguos documentos desaparecidos que figuraban en el último registro de hace años. Esa cifra, para el director de la BNP, es mayor, por lo que no se han detenido las investigaciones que empezaron en el 2011.

“Se ha detectado que antes de que nuestros valiosos libros lleguen a Estados Unidos o Europa, tras ser robados, estos fueron vendidos en librerías anticuarias argentinas”, señala Mujica. Poco a poco, él ha venido hallando pistas para determinar hoy que existe una ruta del tráfico de libros robados.

Una de ellas apareció cuando recuperaron el catecismo quechua del siglo XVIII, de la colección del etnólogo Paul Rivet. Antes de ello, en la Biblioteca Nacional nadie sabía que estaba desaparecido hasta que el investigador francés César Itier, quien había consultado el libro dos años antes en la BNP, lo redescubrió de forma casual en una prestigiosa biblioteca de Washington. Él dio aviso a Mujica porque llevaba el sello de la Biblioteca. Así se conoció que esa institución lo había comprado en una librería anticuaria de Buenos Aires.

Pero este caso no solo dio pistas del tráfico de libros y manuscritos robados. También puso en evidencia, según Mujica, la mecánica de una red criminal o una mafia que existe dentro de la institución que él dirige. “Tengo a los enemigos adentro. Nadie se ha ido”.

El director de la BNP explica que los robos no son aislados porque no solo involucran a un funcionario. “Causó una revolución porque habían borrado todos los registros por los que pasó. Estuvo en el área de bóveda, de investigadores, de restauración y de reprografía. Pasó por todos estos ambientes, pero no había huellas del manuscrito quechua. ¡Todas habían desaparecido, todas!”.

Otro indicio del tráfico de libros robados (y de su ruta) se halló cuando se recuperó el Mapa de Magallanes (1775) que se encontraba en Inglaterra. Después de estos, volvieron más libros y manuscritos desde EEUU y Europa.

Para Mujica, el robo de valiosos libros antiguos es un problema endémico que arrastra su institución desde hace varios años. Por eso, en el 2011 empezó una campaña con la que logró recuperar más de 140 documentos históricos.

“Tenemos grandes joyas bibliográficas que por culpa de unos cuantos malos funcionarios pueden desaparecer”, indica el director de la BNP.

A finales de 2010, según Mujica, encontró una resistencia “extraordinaria” al inventario por parte de los trabajadores.

Respuesta del sindicato

Actualmente, la Biblioteca Nacional del Perú cuenta con más de 500 trabajadores, entre nombrados, contratados y locadores (contrato con recibos por honorarios). Mujica tiene problemas con los primeros. “No he cesado a nadie, a pesar de que hay pruebas de la responsabilidad de funcionarios”.

Al respecto, la secretaria general del Sindicato de Trabajadores de la Biblioteca Nacional (Sitbin), Nelly Bobbio, señala que el robo de libros y manuscritos ha venido ocurriendo desde mucho antes de su nombramiento, en 1993. “El señor Mujica empezó una campaña de hostigamiento y desprestigio contra nosotros”.

La dirigente sostiene también que estos posibles robos pudieron darse por personas ajenas a la institución, cuando estaban ellos fuera de su horario. “Se burlan los controles de seguridad”, dice. Sin embargo, no puede asegurar tajantemente que los trabajadores no estén detrás de estos delitos.

“En el caso Cáceres, esos documentos se hallaron en la azotea de la Biblioteca Nacional, sede de la Av. Abancay, porque el local estaba en remodelación. Además, no desapareció nada”, señala Bobbio, quien añade que Mujica no realizó un inventario sino solo una relación de libros antiguos.

No obstante, el director de la BNP la desmiente y agrega que hasta había un croquis.

Más juicios

El Ministerio Público informó que si bien la Fiscalía Anticorrupción archivó la denuncia del robo del Archivo Presidencial Cáceres por no haber delito de peculado, esta misma causa está en la 53a Fiscalía Provincial Penal de Lima, a cargo de Magda Atto Mendives, quien es especializada en delitos contra el patrimonio cultural.

Mujica dice que allí se hallan otros 10 procesos por diversos casos de robo de libros. No obstante, ya varios se han archivado. “El caso de Cáceres también piensan archivarlo porque dicen que esos textos no son patrimonios culturales y porque los funcionarios involucrados no tenían responsabilidad directa, pero eso no es así”. Mujica pedirá una reunión con el fiscal de la Nación, Pablo Sánchez. No se dará por vencido.

"Hay robos dirigidos o por encargo"

Antonio Zapata
Historiador

Sorprende mucho que el actual director de la Biblioteca Nacional, luego de un largo periodo combatiendo uno de los males que tenía la institución, esté por perder (ya perdió algunos) los juicios que se interpusieron contra malos empleados que roban valiosos libros y manuscritos históricos.

Y es evidente que, así como sucede con las obras de arte, hay un mercado negro de libros y manuscritos que son robados y vendidos sistemáticamente. Y ahora más con el auge del internet. También es válido señalar que este ilegal negocio existe porque grupos de conocedores e investigadores piden estos históricos libros. Incluso, los robos están dirigidos o son por encargo. Todo eso se debe controlar y el director de la Biblioteca lo viene haciendo, por lo que el Gobierno debe darle su respaldo y apoyarlo en la seguridad de la sede.

Lo importante es que en la Biblioteca se está observando una continuidad de políticas desde Sinesio López, con quien se abrió la sede de San Borja; pasando por Hugo Neira, quien gestionó la repatriación de libros de Chile; hasta Ramón Mujica, quien lucha hoy contra el robo de libros.

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