La llegada del Niño Costero eleva el riesgo de un nuevo pico de dengue en el Perú
Desde enero, Perú enfrenta lluvias intensas en varias regiones, lo que ha provocado inundaciones, daños y 56 fallecidos. El Gobierno declaró 707 distritos en emergencia debido a estos desastres naturales.
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Desde finales de enero, regiones de la costa, sierra y selva peruana registran lluvias atípicamente intensas para la temporada. Departamentos como Arequipa, Ica, Tumbes, Piura y Lambayeque sufren la activación de quebradas, desbordes, cortes de carreteras y daños en viviendas. El Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) ha reportado 56 fallecidos y alrededor de 10,000 damnificados.
La segunda semana de febrero, la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) advirtió sobre la llegada de El Niño Costero y anunció que el fenómeno iniciaría a partir de marzo y persistiría hasta noviembre de este año. Durante este periodo predominaría el calor en el mar y el ambiente, en un nivel leve en la mayor parte del evento, aunque no se descarta que hacia julio pueda volverse moderado.
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En ese sentido, el Gobierno declaró el 26 de febrero a 707 distritos en emergencia, en 14 de las 25 regiones del país por inundaciones, huaicos y desbordes de quebradas. Además de los desastres reportados, la situación trae como consecuencia otros factores indirectos, como la mayor presencia de zancudos, portadores del dengue, que ya dejan nueve fallecidos y 6.423 casos este año.
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La Contraloría General de la República advirtió el 24 de febrero sobre un alto riesgo sanitario en las provincias de Talara y Piura tras constatar la acumulación de aguas pluviales, lodo y focos infecciosos en diversas zonas urbanas. Según la entidad, estas condiciones favorecen la proliferación de la enfermedad, especialmente entre niños, adultos mayores y personas con enfermedades preexistentes.
Para el exministro de Salud, Víctor Zamora, el riesgo sanitario ya inició, se encuentra en curso y más de la mitad del país ya está comprometida.
“El Ministerio de Salud hizo una alerta sanitaria a inicios de este año señalando un incremento sostenido de casos en 10 de 25 departamentos (…). La epidemia ya comenzó, pero su tamaño no lo sabemos”, advirtió.
El fantasma del 2023
En 2023 y 2024, el ciclón Yaku alteró las condiciones climáticas en la costa norte y centro del país, y marcó el inicio de uno de los peores brotes de dengue registrados.
En ese entonces, las lluvias intensas y el incremento de la temperatura propiciaron la proliferación del mosquito transmisor, lo que derivó en 256.641 casos y 444 fallecidos–principalmente en las regiones de Piura, Lambayeque, Lima, La Libertad e Ica –, convirtiéndose en el año con mayor impacto epidemiológico de las últimas décadas.
“Tuvimos medio millón de peruanos afectados. Los dos peores años de dengue, de la historia de dengue del Perú, desde su reingreso en el 1990”, sostuvo Zamora.
Para el médico infectólogo Leslie Soto, del Hospital Nacional Cayetano Heredia, lo ocurrido en 2023 marcó un punto de quiebre en la epidemiología del país. Según indicó, esta enfermedad antes se ubicaba en la costa norte y selva; pero, tras esa emergencia, el virus se extendió hacia todo el territorio nacional.
El especialista explicó que el vínculo entre el fenómeno climático y aumento de los casos no es casual. El incremento sostenido de la temperatura acelera el ciclo biológico del transmisor —el Aedes aegypti (zancudo)— reduciendo drásticamente el tiempo que tarda en desarrollarse.
“El mosquito demora como 10 a 11 días desde huevo hasta adulto. Ahora solo cinco”, precisó. En términos prácticos, esto significa que en el mismo periodo de tiempo puede duplicarse la población de vectores.
A ello se suma el efecto de las lluvias. El virus se desarrolla en agua limpia acumulada en recipientes, techos, cilindros, llantas o cualquier espacio donde quede estancada.
El exministro de salud añadió que el zancudo, que antes no subía más allá de los 1.000 metros de altura, ahora se encuentra en lugares considerablemente altos, así como muy cercanos a playas. Asimismo, detalló que en algunos lugares se ha encontrado que pueden reproducirse incluso en depósitos contaminados.
Los casos, que comienzan a incrementarse cada noviembre, debido a las condiciones cálidas, no responden únicamente al clima, sino también a la carencia de servicios básicos presentes desde hace años en diversas regiones del país.
“Estas zonas tienen muy poco acceso a agua potable de manera permanente. La ciudad de Piura tiene, pero por un par de horas al día. Cuando tú no tienes ello, eso te obliga a almacenarla. Ese es el lugar más propicio para el crecimiento del vector (zancudo)”, mencionó.
Soto explicó que aproximadamente el 90% de los casos cursa la enfermedad de manera leve, con fiebre alta, dolor muscular y malestar general. Sin embargo, alrededor del 6% requiere hospitalización y entre el 3% y 4% puede necesitar ingreso a una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), especialmente pacientes con comorbilidades como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares o cáncer.
Aunque el porcentaje de cuadros graves es menor en comparación con los casos leves, en un escenario de alta transmisión el volumen total puede traducirse en cientos o miles de hospitalizaciones en pocas semanas.
“En 2023 y 2024, los reportes de Piura, Trujillo, San Martín, indicaban que los servicios colapsaron. Ya no podían atender a los leves ni a los graves, se saturó el sistema sanitario”, relató Zamora.
La estrategia del Estado
Frente al riesgo de un nuevo repunte, el Ministerio de Salud (Minsa) ha activado una serie de medidas preventivas. Entre ellas, la emisión de alertas epidemiológicas tempranas ante el incremento sostenido de casos en varias regiones, así como el fortalecimiento de la vigilancia sanitaria en zonas consideradas de alto riesgo.
El doctor Alexis Holguín Ruiz, director adjunto de la Dirección General de Intervenciones Estratégicas en Salud Pública del Minsa, señaló que se han intensificado las capacitaciones al personal del primer nivel de atención para garantizar el diagnóstico oportuno y la identificación de signos de alarma.
Asimismo, indicó que la entidad está coordinando con gobiernos regionales y municipalidades para reforzar las acciones de control larvario y eliminación de criaderos en zonas urbanas y periurbanas. Sin embargo, la principal novedad respecto a años anteriores es la ampliación de la vacunación contra el dengue a más regiones del país.
Según explicó Zamora, a diferencia de 2023, hoy existe un plan nacional aprobado y la posibilidad de inmunización en mayor escala, aunque advirtió que su eficacia dependerá de la capacidad logística y de gestión para ejecutar la campaña de manera sostenida.
En paralelo, Soto explicó que el Minsa ha comenzado un programa de liberación de mosquitos con la bacteria Wolbachia como estrategia biológica para reducir la capacidad del zancudo para transmitir el virus. Para el médico infectólogo, estas medidas son importantes, pero deben implementarse con rapidez y continuidad.
Buen plan, pero mala gestión
Pese a las medidas anunciadas, el principal desafío es la capacidad del Estado para ejecutar las medidas de manera sostenida en el tiempo. Zamora advirtió que el sistema sanitario enfrenta debilidades estructurales que podrían dificultar la respuesta ante un incremento acelerado de casos.
Una de ellas es la fragilidad del primer nivel de atención, donde debería resolverse el 95% de los cuadros leves.
“El único medicamento que requieren los pacientes es paracetamol y agua. Se le dice que vaya a su casa, que va a sentir mucho dolor, tener mucha fiebre, pero que se tome un gramo cada cuatro horas y que se hidrate bastante. Y se le dice que identifique algunos signos de alarma. Si empieza a sangrar o hay mucho vómito, que regrese para enviarlo de emergencia”, detalló.
No obstante, cuando las postas médicas no cuentan con personal suficiente, presentan limitaciones operativas o están cerradas, los enfermos terminan acudiendo directamente a los hospitales, generando sobrecarga y retrasos en la atención de casos graves.
“Produce que los médicos empiecen atender casos leves y los casos graves demoran en atenderlos. Además, los pacientes regulares; por hipertensión, diabetes, cáncer, ve que no les dan citas. El hospital colapsa, y tampoco tiene suficientes camas para hospitalizar o algunos se hospitalizan porque no recibieron una adecuada atención en el primer nivel”, agregó.
A ello se suma, según el exministro, la alta rotación de autoridades y funcionarios en el sector Salud, lo que afecta la continuidad de las estrategias. Si bien existe un plan aprobado y una campaña de vacunación en marcha, su implementación depende de la coordinación efectiva entre el Gobierno central, los gobiernos regionales y las municipalidades, responsables directos de acciones, como la fumigación y el control de criaderos.
“Para implementar un plan de vacunación masiva, se necesita gerentes que tomen decisiones. Toda esa maquinaria nacional hoy está muy debilitada por dos razones. La primera es la politización del sector salud, que ha sido tomado por APP (partido político Alianza Para el Progreso), y APP ha puesto gente por su currículum político y no por su experiencia técnica. En segundo lugar, la alta rotación del personal o su paralización ante la crisis de quién va a ser el presidente, el ministro”, resaltó.
Soto, por su parte, enfatizó que la respuesta no puede centrarse únicamente en la atención hospitalaria cuando el brote ya está en curso. Recordó que el dengue es una enfermedad prevenible si se interviene oportunamente en el control vectorial y en la educación comunitaria. Sin embargo, el país reacciona usualmente cuando los casos ya se encuentran en ascenso.
En el plano presupuestal, el gasto en tratamiento suele concentrar mayores recursos una vez que el brote ya está en marcha. Según el Portal de Transparencia, mientras el presupuesto para prácticas saludables orientadas a la prevención de enfermedades metaxénicas y zoonóticas (categoría donde se encuentra el dengue) asciende a S/ 33 473 475, el monto destinado a la evaluación, diagnóstico y tratamiento supera los S/ 107 millones.
Si bien es razonable que el diagnóstico y la atención médica demanden una mayor inversión por su complejidad y costos operativos, la marcada diferencia presupuestal evidencia que la prevención recibe una asignación considerablemente menor. En un contexto de lluvias persistentes y un Fenómeno El Niño anunciado, el país enfrenta un escenario retador frente al fantasma del 2023 y a las muertes ya reportadas por las condiciones climáticas.
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