Romina Silman: “Me interesaba desarmar el mito del hombre brillante y revelar que detrás hay una estructura de poder”
Romina Silman ha publicado su primer libro, el poemario Nunca de mí tu espejismo. En este proyecto, la autora aborda temas como el deseo, la memoria y el pasado mediante la confrontación emocional. Atención con lo que señala.

Nunca de mí tu espejismo (Dendro) es el primer libro de Romina Silman. Se trata de un poemario marcado por la madurez emocional; hay que tenerla para lo que sugiere Silman en los 20 poemas divididos en dos secciones: 'quimera' y 'herida'. En los poemas, Silman expone un estado de ánimo pautado por el dolor y el ajuste de cuentas con el pasado, y lo hace mediante un aliento erótico que lo atraviesa. Nunca de mí tu espejismo no exhibe los apuros propios de un primer libro, se percibe en su escritura oficio, pero a la vez mucho riesgo a cuenta de los silencios entre las palabras. Es de esos libros que se presentan una sola vez en la vida de un escritor. Sobre esta publicación, La República conversó con Romina Silman.
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-¿Cómo nace Nunca de mí tu espejismo?
-Dialogo mucho conmigo misma. Durante años he tenido conversaciones internas que no sabía cómo volcarlas a través de algún registro. No podía sacar lo que sentía por muchas razones: por miedo, por inseguridad, por no sentirme parte de un grupo que podría ser como de élite. Veía la escritura como algo lejano a mí, como algo de lo que no era capaz.
-¿Por qué pensabas que no eras capaz de escribir?
-He estudiado en la Universidad Católica. Ahí encontré algo bien particular, que era un grupo de gente que se sentía, lo digo así honestamente, un poco por encima de los demás. Si no leías cierto tipo de literatura o no consumías poesía, eras alguien menor. Todo eso me llevó a sentirme fuera de ese mundo. Si leías a Dan Brown, te miraban mal; si escuchabas Shakira, también. Fue en una etapa en la que consumí todo tipo de libros. Luego hice algo de periodismo, estuve también en el mundo de las compras, pero fui reencausando mi vida porque no era feliz en lo que trabajaba. Sin buscarlo, fui entrando al mundo de los libros con mi proyecto Leer es Bonito.
-En el poemario, la voz poética encuentra redención mediante la exposición del dolor.
-Antes de publicar estaba aterrada; siento que mis textos, ni siquiera me atrevo a llamarlos poemas, tienen intensidad sin caer en el exceso; trabajo mucho por depuración. Yo trabajo desde el desborde inmediato, pero me interesa que el poema no se quede ahí en el desborde inmediato. A mí me interesa darles una forma estética a mis poemas. No me interesa hacer escenas, pero sí que el poema tenga imágenes y que el lenguaje tenga cuerpo y color. Esto no se logra en el primer acto de escritura, al menos yo no. Me gustan los silencios, que dicen más que un verso mal escrito.
-¿Qué buscabas transmitir con el poemario? Aparte de la redención, hay igualmente denuncia.
-A mí lo que me interesaba examinar era el impacto interno que tiene un hecho específico y la erosión que este produce en tu manera de ver el mundo, en tu cuerpo, en tu identidad. He escrito muchas cosas que he tenido años guardadas. A veces me arrepiento de haberlos publicado porque comienzo a escuchar preguntas como qué te pasó.

"Nunca de mí tu espejismo". Imagen: Difusión.
-Por ejemplo, hay autores, sin importar cuántos libros tengan, que nunca llegan a escribir el libro “especial”. Ese libro se escribe en circunstancias que no se van a volver a repetir. A ti te ha pasado con tu primer libro.
-Yo no quisiera que mi libro sea reconocido como un libro valiente, honesto. Prefiero que sea reconocido por su estructura, por el lenguaje, por la belleza, si es que la encuentran. Lo he escrito para poder entenderme y para poder entender. Me he sentido fragmentada por mucho tiempo y por hechos específicos que han sucedido en mi vida. Y el diálogo conmigo misma ha producido estos textos que al final me han hecho comprender qué dinámica se ha aceptado, qué patrones he repetido, qué silencio se ha sostenido, qué intuiciones negué o desoí por estar envuelta en vínculos tóxicos o en vínculos que me hacían daño. Entonces, lo que le da legitimidad a mi relato es haber podido encontrar una verdad que me hace más libre porque me permite comprender. Este poemario ha sido mi forma de volver a mi centro, de confiar otra vez en mis percepciones y en mi criterio, de regresar a mi voz.
-En el poemario hay erotismo. Triunfas en donde no pocos caen por pensar mientras escriben en qué dirán los demás.
-La conciencia del deseo carnal me conmueve mucho como fuerza ambigua. Para mí el deseo es casi hasta peligroso. Cuando he explorado el tema del deseo, es como poner en riesgo el orden en muchos aspectos; puedes tener una vida ordenada, pero qué pasa cuando aparece el deseo en el camino. En el libro se explora también una figura de poder. Si a eso le sumas estos vínculos asimétricos que se pueden dar muy fácilmente cuando una dinámica es desigual, entonces el deseo termina siendo muy peligroso. A mí me interesaba abordar eso. Me interesaba desarmar el mito del hombre brillante y revelar que detrás hay una estructura de poder que te puede destruir. Lo que pasa es que no he sido muy específica, quizá para cuidarme. El deseo carnal está explorado, pero no desde algo saludable. Por eso es que el título del libro es “nunca de mí tu espejismo”, porque el deseo está buscado más como un refugio y no como un amor, como un deseo limpio y honesto.
-¿Cuánto tiempo te llevó escribir Nunca de mí tu espejismo?
-Lo empecé a escribir en el 2021 a partir de un hecho puntual de mi vida que me lleva a repensar algunas cosas pasadas de mi vida, como mi niñez y mi adolescencia. Pero no lo hice con el objetivo de que esto es un poemario, lo voy a publicar, no. Solamente escribía los textos; se quedaban en mi computadora. Más bien, lo que sí estaba tratando de escribir era una novela. Y sobre los mismos hechos, pero la novela la estaba haciendo mal, porque estaba contando mi vida y simplemente cambiaba los nombres para disfrutar un poco mi vida de ficción.
-Para este libro, ¿qué autores o títulos te acompañaron?
-Leí mucho a la poeta uruguaya Delmira Agustini. Ella es exuberante y toca mucho el tema del deseo, y trabaja con mucha musicalidad. En su poesía había algo de desesperación y desgarro que me conmovía. María Emilia Cornejo también. Su frontalidad emocional me interpelaba. María Emilia escribía del deseo femenino casi sin miedo. Me gusta cómo logra decir lo íntimo sin suavizarse o sin tener concesiones. Vanessa Springora me parece fundamental por su claridad para nombrar dinámicas de manipulación sin caer en simplificaciones. Me interesaba cómo desarmaba este mito del hombre intelectual. Ella tuvo una relación con Gabriel Matzneff, un escritor francés mucho mayor que se aprovechó de su juventud. Lo que hizo con ella fue avalado por la intelectualidad francesa con su silencio. Esa lucidez que Vanessa tiene para narrar me dio herramientas para leer mi propia experiencia con más claridad.
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Dato:
Romina Silman es gerente de Marketing y Comunicaciones de Planeta Perú y gestora del proyecto Leer es bonito.



















