Promovieron la reelección, pero quedaron fuera del próximo Congreso
Campaña #PorEstosNo fue fundamental para fomentar el análisis sobre los partidos que no debía volver al Congreso y ser castigados en las urnas. Actuales congresistas de Alianza Para el Progreso, Podemos Perú, Somos Perú y Avanza País fueron los más rechazados.
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El 16 de noviembre de 2023, el Congreso de la República aprobó la reforma para el retorno a la bicameralidad y la reelección inmediata. La medida contravenía lo que la ciudadanía descartó a través de un referéndum. Sin embargo, 93 congresistas apoyaron con sus votos la iniciativa impulsada por el fujimorismo y, entre jugarretas políticas, lograron su cometido.
Desde noviembre de 2023 hasta el pasado 12 de abril ocurrieron muchas cosas. Destituyeron a dos expresidentes, se aprobaron las cuestionadas leyes procrimen y se incrementó el gasto público para la instalación de las dos cámaras.
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De los 93 congresistas que votaron por la bicameralidad, 64 postularon en las elecciones generales de 2026: 38 a la Cámara de Senadores, 23 a la de Diputados y dos al Parlamento Andino. José Luna, Roberto Chiabra y José Williams confiaron aún más en su suerte y se vieron, además, como posibles presidentes de la República.
Lo que para muchos congresistas era una opción para mantener por cinco años más el poder resultó un golpe de realidad y un castigo en las urnas.
Su gestión los perjudicó
No lograron beneficiarse de una medida que ellos mismos impulsaron congresistas como Ernesto Bustamante, Tania Ramírez, Patricia Chirinos, José Cueto, Eduardo Salhuana, Alejandro Cavero, Jorge Morante, entre otros. Se trata, además, de figuras cuestionadas durante su gestión parlamentaria.
El fujimorista Bustamante, por ejemplo, se ganó el rechazo de la Comisión de Ética y del Ministerio de la Mujer al decir que no existe una condición biológica que incentive a la mujer a participar en las ciencias.
Por su parte, las parlamentarias Magaly Ruiz, Rosio Torres y Katy Ugarte fueron señaladas por extrabajadores de sus respectivos despachos por presuntamente recortarles el sueldo.
Eduardo Salhuana, expresidente del Congreso, tampoco logró un escaño. Bajo su liderazgo se aprobó la reelección parlamentaria y fue vinculado con la minería ilegal.
A su vez, Patricia Chirinos fue una figura confrontacional que no solo insultó durante sus participaciones parlamentarias, sino que, de acuerdo con el exjefe de la Diviac Harvey Colchado, tenía vínculos con la exfiscal de la Nación Patricia Benavides.
Jorge Montoya no solo respaldó la Ley 32108, conocida como “ley pro crimen”, sino que también protagonizó un altercado con dirigentes del gremio de transportes, a quienes dijo que no “acepta matonerías ni amenazas”, seguido de un insulto.
Alejandro Cavero y Adriana Tudela, en tanto, impulsaron la Ley de Cine que reducía el financiamiento estatal a las películas y obligaba a que los temas fueran más promocionales.
Dentro de los congresistas que recibieron menor respaldo en las urnas están Óscar Zea con 76 votos, Luis Kamiche con 917 votos, Magaly Ruiz con 963 votos y Juan Burgos con 995 votos.
La campaña #PorEstosNo
El 3 de marzo de 2024, la abogada Rosa María Palacios publicó una columna de opinión en La República titulada #PorEstosNo. En ella, exhortaba a la población a no votar en las elecciones generales por los partidos políticos que actualmente gozan de representación parlamentaria.
Sin saberlo, ese fue el inicio de una campaña masiva a nivel nacional. Dos años después, se vio el efecto: más del 70% de congresistas no logró su reelección.
Palacios considera que ello se debe, en parte, a que su campaña provocó la reflexión en una ciudadanía que ya estaba hastiada de sus representantes.
“#PorEstosNo nace como una indignación por las cosas que ha hecho el Congreso. Lamentablemente, nosotros no tenemos renovación del Parlamento a la mitad de su mandato como tienen otras democracias. Al no tener ningún mecanismo de control, lo único que nos queda es el voto cada cinco años. Entonces, sí creo que un congresista que quiere ser reelegido tiene que entender que su conducta será evaluada al término de cinco años”, sostuvo.
Y da crédito a la ciudadanía. “Funcionó porque se hizo una campaña de la gente. Más allá de explicarlo en mis columnas, en mis redes y en mi programa, yo nunca he organizado nada ni liderado más que mi propia idea. Si el Congreso venía con una desaprobación bastante alta era natural que el movimiento funcione”, anotó.
Agrega que el “éxito más grande es que 10 de los partidos que se eligieron en el 2021, 7 no regresan al Congreso”.
El castigo de los electores
El especialista en derecho electoral Jorge Jauregui también considera que hubo un “voto castigo” e influencia de la campaña #PorEstosNo en las elecciones del 12 de abril.
Para muestra, menciona el caso de Fuerza Popular, un partido que concentra fuerza política y mueve grandes recursos económicos: logró poco más de 2 millones de votos en un universo de 27 millones de votantes. “Estamos hablando de votaciones que son auténticamente paupérrimas y exiguas, a comparación de los han obtenido en procesos anteriores”, declaró a este medio.
Añade, además, que ello se debe a la fragmentación de partidos y a que las organizaciones de oposición no concretaron una coalición. “Los enanos parecen gigantes porque, claro, han fragmentado a los otros”, precisó.
El sistema electoral no promueve la representación
A esto se suma que el sistema electoral, entendido como las reglas que transforman los votos en escaños, tiene dos efectos negativos en la representatividad.
“El primero es el efecto restrictivo. Es decir, los sistemas electorales, al establecer barreras legales, sacan a los partidos que tienen pocos votos. El segundo es el efecto distributivo, que hace alusión al modelo particular en que distribuirán los escaños”, explica.
Debido a ello, “vemos que Fuerza Popular tiene más escaños, pero no quiere decir que han sido premiados”, anota.
En realidad, debido a las barreras impuestas, varios partidos han quedado fuera y las primeras minorías resultan sobrerrepresentadas. “Entonces, no es que están boyantes, están débiles en la legitimidad, pero el sistema electoral asigna así”, lamenta.
Por lo tanto, la combinación del efecto restrictivo, las barreras y el efecto distributivo genera esa configuración y no funciona de forma representativa.
Así, explica que la forma como se asignan escaños es un sistema esencialmente de partidos, más que de candidatos.
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“Primero se seleccionan los votos válidos obtenidos por el partido. En segundo lugar, se determina cuánto es el 5%. En tercer lugar, qué partidos superan ese umbral (5%) y, por lo tanto, ingresan al procedimiento de distribución de escaños. En cuarto lugar, se establece cuántos escaños le va a tocar al partido. Se aplica el método cifra repartidora y, finalmente, se cuentan los votos preferenciales. Es decir, primero se establece si el partido pasó la barrera, luego cuántos escaños le tocan y, después, recién a quién le toca”, dijo.
Tras ese proceso, los partidos con grandes recursos y trayectoria han quedado golpeados, y agrupaciones como Ahora Nación o Buen Gobierno, que no tienen representación actualmente, no gozan de fondos ni burocracia y han estado en desventaja.






































