Un país de América Latina impone procesar tierras raras localmente y sacude la competencia entre China y Estados Unidos
A pesar de contar con reservas estratégicas, esta nación sudamericana enfrenta limitaciones tecnológicas y regulatorias que frenan su ambición de competir con el dominio global de China.
- El ambicioso proyecto a 4.000 metros de altura que perforará los Andes y conectará un país de América Latina con el océano Pacífico
- Estos 3 países tienen los mejores panes de América Latina y top 25 del ranking mundial: Perú no aparece y fue superado por Chile

Brasil decidió cambiar su rol en el mercado global de minerales críticos. El Gobierno exigirá que las tierras raras se procesen dentro de su territorio como condición para permitir inversión extranjera, una medida que impacta directamente la competencia entre Estados Unidos y China por estos recursos estratégicos.
La decisión apunta a dejar atrás el modelo de exportación de materia prima sin valor agregado. “Las puertas a la inversión extranjera están abiertas, pero nuestra posición ha madurado”, afirmó Leonardo Durans, funcionario del Ministerio de Industria. Añadió que el compromiso exigido será “el desarrollo tecnológico nacional y la creación de empleo”.
TE RECOMENDAMOS
LIMPIEZA ENERGÉTICA: CÓMO INFLUYE TU ENTORNO EN CÓMO TE SIENTES | ASTROMOOD CON JHAN SANDOVAL
Estados Unidos y China compiten por minerales críticos en Brasil
El giro ocurre en medio de una fuerte disputa geopolítica. Estados Unidos avanzó con un acuerdo de 565 millones de dólares con Serra Verde, la única mina activa de tierras raras en la nación, a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC). Este pacto incluye la opción de adquirir una participación minoritaria.
Al mismo tiempo, Pekín mantiene una posición dominante en la cadena de suministro global. Según datos citados en el contexto del sector, controla cerca del 91% del procesamiento de estos materiales y el 94% de la producción de imanes permanentes. Además, Pekín ha reforzado su dominio con restricciones a exportaciones y licencias que afectan incluso a productos fabricados fuera de su territorio.
Frente a esta presión, Brasil evita alinearse con una sola potencia. “Estamos abiertos a Estados Unidos, la Unión Europea y China. Hablaremos con todos”, señaló Durans. Sin embargo, decisiones recientes muestran un reordenamiento de alianzas, como el fin de contratos de suministro con compradores chinos por parte de Serra Verde.
Brasil busca industrializar tierras raras
El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha insistido en que el país no debe limitarse a exportar materias primas. El objetivo es construir una cadena de valor completa que incluya refinación, separación de minerales y creación de imanes permanentes.
En esa línea, el programa MagBras, impulsado por la red SENAI, ya logró producir imanes a escala piloto en colaboración con empresas como Vale y Stellantis. La iniciativa busca establecer una industria local capaz de competir en un mercado dominado por Asia.
En paralelo, la Agencia Nacional de Minería (ANM) prepara una política de minerales críticos que se presentará en los próximos meses. Mauro Sousa, director del organismo, confirmó que existen 13 proyectos legislativos en discusión, aunque descartó que el Gobierno impulse la creación de una empresa estatal como Terrabras.
Desde el sector privado, el Instituto Brasileño de Minería (Ibram) respalda el enfoque. La entidad sostiene que el problema no es la falta de participación estatal, sino la necesidad de fortalecer la capacidad industrial y el financiamiento.
Falta de tecnología frena ambición minera de tierras raras
A pesar del potencial, Brasil enfrenta limitaciones estructurales. El gigante sudamericano posee cerca del 10% de las reservas globales de minerales críticos, con importantes depósitos de tierras raras, grafito y níquel. No obstante, la capacidad de procesamiento sigue rezagada.
Julio Nery, del Ibram, explicó que los equipos necesarios se fabrican “principalmente en un solo país”, lo que complica la expansión. Asimismo, los tiempos de desarrollo son largos. “Para poner en marcha una mina desde cero, suele llevar unos 10 años”, indicó.
Mauro Sousa fue más directo sobre la brecha tecnológica: “No podemos replicar el salto de 10, 15 o 30 años que China dio en poco tiempo”. A esto se suman obstáculos regulatorios, con más de 3.500 solicitudes de exploración pendientes y un sistema fragmentado que incrementa la percepción de riesgo para inversores.
El desafío se centra en cerrar esa brecha sin frenar la llegada de capital. La estrategia oficial busca equilibrar exigencias de valor agregado con condiciones que faciliten la inversión en un mercado global cada vez más competitivo.































