Un país de América Latina impone procesar tierras raras localmente y sacude la competencia entre China y Estados Unidos

A pesar de contar con reservas estratégicas, esta nación sudamericana enfrenta limitaciones tecnológicas y regulatorias que frenan su ambición de competir con el dominio global de China.

La disputa entre Estados Unidos y China por minerales críticos se intensifica con la nueva política de Brasil. Foto: composición LR/AFP
La disputa entre Estados Unidos y China por minerales críticos se intensifica con la nueva política de Brasil. Foto: composición LR/AFP | Foto: composición LR/AFPFoto: composición LR/AFP

Brasil ha decidido modificar su papel en el mercado internacional de minerales críticos. El Gobierno ha establecido que las tierras raras deben ser procesadas dentro del país como requisito para permitir la inversión extranjera, una medida que afecta directamente la competencia entre Estados Unidos y China por estos recursos estratégicos.

Esta decisión busca abandonar el modelo de exportación de materias primas sin valor añadido. “Estamos abiertos a la inversión extranjera, pero nuestra postura ha evolucionado”, declaró Leonardo Durans, representante del Ministerio de Industria. Añadió que el compromiso requerido será “el desarrollo tecnológico nacional y la generación de empleo”.

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Estados Unidos y China compiten por minerales críticos en Brasil

Este cambio se produce en medio de una intensa disputa geopolítica. Estados Unidos ha avanzado con un acuerdo de 565 millones de dólares con Serra Verde, la única mina activa de tierras raras en el país, a través de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional (DFC). Este acuerdo incluye la opción de adquirir una participación minoritaria.

Simultáneamente, Pekín mantiene una posición predominante en la cadena de suministro global. Según datos del sector, controla aproximadamente el 91% del procesamiento de estos materiales y el 94% de la producción de imanes permanentes. Además, Pekín ha fortalecido su dominio con restricciones a exportaciones y licencias que afectan incluso a productos fabricados fuera de su territorio.

Ante esta presión, Brasil evita alinearse con una sola potencia. “Estamos abiertos a Estados Unidos, la Unión Europea y China. Dialogaremos con todos”, indicó Durans. No obstante, decisiones recientes muestran un reordenamiento de alianzas, como el fin de contratos de suministro con compradores chinos por parte de Serra Verde.

Brasil busca industrializar tierras raras

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha insistido en que el país no debe limitarse a exportar materias primas. El objetivo es desarrollar una cadena de valor completa que incluya refinación, separación de minerales y producción de imanes permanentes.

En esa línea, el programa MagBras, promovido por la red SENAI, ya ha logrado producir imanes a escala piloto en colaboración con empresas como Vale y Stellantis. La iniciativa busca establecer una industria local capaz de competir en un mercado dominado por Asia.

Paralelamente, la Agencia Nacional de Minería (ANM) está preparando una política de minerales críticos que se presentará en los próximos meses. Mauro Sousa, director del organismo, confirmó que existen 13 proyectos legislativos en discusión, aunque descartó que el Gobierno impulse la creación de una empresa estatal como Terrabras.

Desde el sector privado, el Instituto Brasileño de Minería (Ibram) apoya este enfoque. La entidad sostiene que el problema no es la falta de participación estatal, sino la necesidad de fortalecer la capacidad industrial y el financiamiento.

Falta de tecnología frena ambición minera de tierras raras

A pesar del potencial, Brasil enfrenta limitaciones estructurales. El gigante sudamericano posee cerca del 10% de las reservas globales de minerales críticos, con importantes depósitos de tierras raras, grafito y níquel. No obstante, la capacidad de procesamiento sigue rezagada.

Julio Nery, del Ibram, explicó que los equipos necesarios se fabrican “principalmente en un solo país”, lo que complica la expansión. Asimismo, los tiempos de desarrollo son largos. “Para poner en marcha una mina desde cero, suele llevar unos 10 años”, indicó.

Mauro Sousa fue más directo sobre la brecha tecnológica: “No podemos replicar el salto de 10, 15 o 30 años que China dio en poco tiempo”. A esto se suman obstáculos regulatorios, con más de 3.500 solicitudes de exploración pendientes y un sistema fragmentado que incrementa la percepción de riesgo para inversores.

El desafío se centra en cerrar esa brecha sin frenar la llegada de capital. La estrategia oficial busca equilibrar exigencias de valor agregado con condiciones que faciliten la inversión en un mercado global cada vez más competitivo.

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