Enterrado en las fronteras de Egipto: el desierto esconde un secreto que desconcierta a los científicos
Imágenes desde el espacio muestran anillos rocosos con un antiguo origen geológico, vegetación escasa y huellas asociadas a la presencia humana en una de las zonas más áridas del planeta.
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En una remota región del Sahara, cerca de la frontera entre Libia y Egipto, una gigantesca formación rocosa ha captado la atención de los astronautas por su aspecto poco común. Se trata del monte Arkanu, un macizo montañoso que desde las imágenes satelitales parece una serie de anillos concéntricos oscuros coronados por una estructura elevada que recuerda a un sombrero.
Durante años, su apariencia despertó especulaciones sobre un posible origen extraterrestre. La disposición circular de sus paredes rocosas llevó a varios investigadores a pensar que podía tratarse de un antiguo cráter de impacto, formado tras la colisión de un gran meteorito contra el noreste del Sahara. Sin embargo, un estudio reciente publicado en Meteoritics & Planetary Science descarta esas hipótesis.
El monte Arkanu y su forma circular
La formación es un macizo ubicado en el sureste de Libia que alcanza hasta 800 metros de altura sobre las arenas que la rodean y se extiende aproximadamente 25 kilómetros en su punto más ancho.

Otro astronauta de la ISS fotografió el monte Arkanu desde un ángulo diferente en 2002. Foto: NASA / EEI
Su rasgo más llamativo es la presencia de varias crestas rocosas circulares que forman anillos superpuestos. Desde el espacio, estas estructuras destacan por sus sombras oscuras y por el contraste con el paisaje desértico, dominado por dunas claras y extensas planicies áridas.
La geometría del lugar generó confusión durante décadas. Los científicos asociaron esa forma circular con los cráteres de impacto, comunes tras colisiones de cuerpos celestes. Esta interpretación parecía razonable debido a la simetría del macizo y a su ubicación aislada en pleno desierto.
No obstante, análisis geológicos más recientes encontraron que las rocas del lugar no presentan señales típicas de impactos meteóricos, como minerales deformados por altas presiones o capas de material fundido asociadas a explosiones.
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¿Cómo se formó la estructura en el desierto del Sahara?
La explicación actual apunta a procesos volcánicos ocurridos hace cientos de millones de años. Según el Observatorio Terrestre de la NASA, el monte Arkanu se formó cuando el magma ascendió en repetidas ocasiones hacia la superficie e invadió las capas de roca circundantes.

Los petroglifos en las paredes interiores del monte Arkanu y del monte Awaynat sugieren que estos macizos se han utilizado periódicamente para contener el ganado que pastaba durante milenios. Foto: András Zboray
“Eventos repetidos de intrusión produjeron una serie de anillos superpuestos, con sus centros alineados aproximadamente hacia el suroeste”, explicó el organismo. También detalló que el complejo rocoso está compuesto en su mayoría por basalto y granito.
Al norte del macizo destaca una formación elevada con apariencia de sombrero, integrada por capas de arenisca, piedra caliza y cuarzo. Esta peculiar silueta añade un elemento visual que vuelve todavía más singular al paisaje.
La estructura presenta además dos grandes aberturas en su muralla exterior sur. Estas grietas fueron esculpidas por wadis, antiguos cauces secos que solo transportan agua durante lluvias esporádicas.
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Arte rupestre, ganado y vida en medio del desierto
Aunque esta región del Sahara recibe apenas entre 1 y 5 milímetros de lluvia al año, el monte Arkanu registra cantidades superiores gracias a la precipitación orográfica, un fenómeno que ocurre cuando el relieve favorece la formación de nubes.
Ese aporte adicional permite la presencia de pastos, arbustos y algunos árboles protegidos por la sombra de las montañas. Por esa razón, el lugar se convirtió en refugio para pueblos nómadas.
En 2003, investigadores identificaron petroglifos en las paredes rocosas del monte Arkanu y del cercano Awaynat. Estas tallas muestran figuras humanas, ganado, jirafas y otros animales atados.
Exploradores del siglo XX documentaron que tribus beduinas trasladaban rebaños hasta estos macizos y bloqueaban las aberturas naturales para impedir que el ganado escapara, una práctica que las propias tallas rupestres sugieren que existe desde hace miles de años.


































