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La enfermedad silenciosa que afecta a 5,6 millones de peruanos y puede dañar corazón, cerebro y riñones

A nivel mundial, este problema se asocia a más de 9 millones de muertes al año y concentra uno de los mayores riesgos evitables de complicaciones cardiovasculares.

Día Mundial de la Hipertensión: Una amenaza global que afecta a millones de personas
Día Mundial de la Hipertensión: Una amenaza global que afecta a millones de personas | Difusión

En el marco del Día Mundial de la Hipertensión, que se conmemora cada 17 de mayo, especialistas advierten que esta enfermedad continúa siendo una de las principales amenazas para la salud pública global y nacional. A nivel mundial, se estima que afecta a una de cada cinco personas adultas y provoca alrededor de 9,4 millones de muertes cada año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En el Perú, el problema también es significativo. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más de 5,6 millones de peruanos viven con presión arterial elevada, muchas veces sin saberlo.

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El cardiólogo Pedro Martín Salazar, expresidente de la Sociedad Peruana de Hipertensión, advierte que el principal problema no es solo la magnitud de los casos, sino el subdiagnóstico y el abandono del tratamiento. “La gran mayoría no sabe que es hipertensa y muchas personas, aun sabiendo su diagnóstico, no siguen adecuadamente la medicación porque no sienten molestias”, explica.

La hipertensión se define como la elevación sostenida de la presión arterial igual o mayor a 140 sobre 90 en al menos dos mediciones realizadas en momentos distintos. En la mayoría de los casos no genera señales perceptibles en etapas iniciales, lo que dificulta su detección oportuna.

Sin embargo, el especialista precisa que en pacientes con diabetes, insuficiencia renal o enfermedad cardiovascular, el inicio del tratamiento puede recomendarse incluso con valores superiores a 130/80, debido a su mayor riesgo de complicaciones.

Subdiagnóstico y abandono del tratamiento

Salazar precisa que cerca de la mitad de las personas con presión alta desconoce su condición o no recibe tratamiento. A ello se suma otro grupo que, pese a tener diagnóstico, no alcanza las metas de control o abandona la medicación.

Este escenario eleva el riesgo, porque la presión arterial no tratada afecta progresivamente órganos vitales. El especialista advierte que el problema se agrava en los más jóvenes, quienes tienden a suspender la medicación cuando desaparecen los síntomas. En adultos mayores, el reto está en lograr un control adecuado y sostenido.

Jóvenes y adultos mayores: dos extremos de una misma enfermedad

Su comportamiento muestra dos tendencias. En adultos mayores, el riesgo aumenta con la edad: en personas de 80 años, más del 80% presenta hipertensión. En el otro extremo, los casos en jóvenes crecen por obesidad, sedentarismo y malos hábitos alimenticios.

“Hoy vemos personas más jóvenes con hipertensión por estilos de vida poco saludables”, señala Salazar. El especialista asocia este fenómeno al aumento del consumo de alimentos ultraprocesados, la falta de actividad física y el uso excesivo de dispositivos electrónicos desde edades tempranas.

Una enfermedad silenciosa con daño irreversible

Aunque suele no presentar síntomas, sus consecuencias pueden ser severas. Salazar explica que el daño se desarrolla de forma progresiva en distintos órganos del cuerpo.

A nivel cardíaco, puede provocar agrandamiento del corazón, infartos e insuficiencia cardíaca. En el cerebro, incrementa el riesgo de accidentes cerebrovasculares hemorrágicos e isquémicos. En los riñones, genera deterioro progresivo que puede avanzar sin molestias hasta etapas avanzadas.

El especialista advierte que el organismo puede 'adaptarse' a la presión alta, lo que hace que no genere síntomas evidentes y retrasa el diagnóstico, permitiendo que la enfermedad avance sin ser detectada a tiempo.

Tratamiento, prevención y hábitos de riesgo

Salazar precisa que la hipertensión no tiene cura en la mayoría de los casos, pero sí puede controlarse con tratamiento continuo. En el tratamiento se utilizan fármacos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina, diuréticos y bloqueadores de canales de calcio, entre otros, los cuales pueden combinarse según cada paciente.

Más allá del tratamiento farmacológico, el especialista subraya que la prevención es clave. Recomienda conocer los niveles de presión arterial, incluso sin síntomas, reducir el consumo de sal, mantener una alimentación equilibrada, realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal, dormir entre 7 y 8 horas, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol.

También advierte que existe un componente hereditario, aunque no determinante. “Se heredan genes, pero también hábitos”, señala, al explicar que los estilos de vida familiares influyen directamente en el desarrollo de la enfermedad.

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