Socióloga, con un máster en Gestión Pública, investigadora asociada de desco, activista feminista, ecologista y mamá.

Sin fines de lucro, por Marisa Glave

"La PUCP ha sido una muestra firme de que la educación privada en el Perú puede ser solidaria, democrática y ética, si es que se hace sin fines de lucro".

Este miércoles, estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Perú tomaron el local del rectorado en protesta activa contra el nuevo sistema de pensiones aprobado de manera opaca por sus autoridades. Al momento de escribir este artículo, la toma seguía en curso y los representantes estudiantiles sostenían un diálogo con el rector, Julio Del Valle.

El conflicto tiene un componente económico claro: se ha transformado el sistema de pensiones, eliminando las escalas más bajas, las que serían reemplazadas por un esquema de becas, colocando como primera escala una de 800 soles más cara que la vigente en 2026 por mes, cerca de 8.000 soles anuales más. Pero tiene además un elemento ético fundamental: es una protesta en solidaridad con los que vendrán.

El nuevo sistema de pensiones no afectará —según sostienen las autoridades— a los actuales estudiantes, sino a quienes ingresen desde el 2027. Quienes hoy se arriesgan a un proceso disciplinario por llevar adelante la toma del rectorado no lo hacen por su conveniencia personal, por la defensa de sus intereses individuales, sino por el tipo de universidad que dejarán a las siguientes generaciones. Su acción es claramente altruista, consecuente con el que siempre ha sido el espíritu humanista de esa casa de estudios.

Las y los estudiantes que hoy alzan su voz están diciendo con firmeza que no quieren un proceso de mayor elitización de la universidad. Exigen que se anule el nuevo sistema de pensiones, que se inicie un proceso real de consulta y que no se sancione a quienes encabezaron las protestas.

Una decisión opaca

Las autoridades de la PUCP sostienen que tienen un problema presupuestal serio y que es urgente sincerar la escala de pagos para cobrar a los estudiantes un monto que permita sostener el funcionamiento de la universidad. Los estudiantes sostienen que esto requiere de un análisis más transparente y una rendición de cuentas clara sobre el manejo de las propiedades de la PUCP, así como sobre las decisiones de inversión.

Cabe recordar que en 1944 José de la Riva-Agüero dejó como beneficiaria de su herencia a la PUCP, y eso incluye el suelo donde hoy está Plaza San Miguel. Siempre ha sido un misterio para los estudiantes cuáles han sido los arreglos económicos para su uso y cómo es que las rentas son administradas. Hay además nuevas inversiones en infraestructura o creación de nuevas facultades que generan gastos importantes que también podrían entrar en el balance de costos y beneficios para la universidad, como comunidad que incluye principalmente a sus estudiantes.

Pero lo más grave es que este cambio se aprobó en Consejo Universitario y no en Asamblea Universitaria, lo que de por sí es cuestionable. En el Consejo, los estudiantes no tienen un tercio de representantes, solo tienen un quinto; el número de miembros es mucho más reducido y no tiene la publicidad que tiene la Asamblea.

Los estudiantes reclaman que una decisión así no solo debió pasar por Asamblea, sino que debió ser discutida previamente con ellos. Las autoridades pretenden “corregir” la forma de aprobación desplegando un conjunto de tardías mesas de diálogo con decanos, profesores y estudiantes en estos días. Pero es solo para convalidar una decisión ya tomada, sin mínimos de consulta y en la instancia más restringida.

Humanista y democrática

Creada en 1917 por Jorge Dintilhac, la PUCP ha sido históricamente una institución académica destinada a la formación profesional, pero también a la promoción del espíritu crítico sobre la base de principios éticos, democráticos y humanistas. Se planteó desde sus inicios como una comunidad de aprendizaje entre profesores, estudiantes y egresados con un fin muy claro: impactar positivamente en la sociedad.

Para conseguirlo, la PUCP intentó recoger la pluralidad social del país, con un único condicionante: la calidad académica. No debía importar el origen de sus estudiantes, sino su capacidad de aportar al futuro del país por su destreza. Por eso se implementó un sistema de cobro de pensiones solidario, para garantizar que quienes lograran pasar el examen de ingreso pudieran quedarse estudiando y no se frustrara su formación académica por razones económicas. El esquema de escalas aseguró la diversidad social.

Las escalas estuvieron acompañadas por un sistema de becas. Han funcionado combinadas, pero no son iguales. Las escalas más bajas estaban únicamente condicionadas por la situación económica y social del estudiante y su familia. Las becas, en cambio, eran un aliciente para los estudiantes que sobresalían por su excelencia.

Hoy las autoridades plantean eliminar tres escalas de pensiones. Sostienen que complementarán proporcionalmente el monto a través de un sistema de becas, pero esto es diferente de lo que existía. Una beca tiene condiciones adicionales, no solo económicas, y un tratamiento distinto.

En 1968, la FEPUC lideró un paro general de 48 horas contra el cambio en el sistema de pensiones. El apoyo estudiantil fue masivo y el rectorado tuvo que retroceder y aprobar un nuevo esquema. Sesenta años después, volvemos a ver al estudiantado luchando por mantener el espíritu democrático de la PUCP.

Esta comunidad académica buscó generar conocimiento, perseguir la verdad y convertirse en luz en un mundo con mucha oscuridad. El lema, Et Lux in Tenebris Lucet, está siendo defendido con ahínco por los estudiantes más que por sus autoridades.

La PUCP ha sido una muestra firme de que la educación privada en el Perú puede ser solidaria, democrática y ética, si es que se hace sin fines de lucro. El objetivo siempre fue poner en el centro a las y los estudiantes, potenciar sus destrezas y no lucrar con sus pensiones.

Como egresada de la Universidad Católica, beneficiada por el sistema democrático de pensiones y como expresidenta de la FEPUC, escribo este artículo con esperanza por lo que vendrá de la nueva generación de estudiantes de la PUCP. Nos toca apoyar su lucha.

Marisa Glave

Desde la raíz

Socióloga, con un máster en Gestión Pública, investigadora asociada de desco, activista feminista, ecologista y mamá.