Afganistán: El nuevo código talibán legaliza la violencia contra mujeres y niñas
El nuevo reglamento aprobado en enero de 2026 redefine el sistema judicial del país islámico: reduce sanciones por agresiones domésticas y establece barreras insuperables para denunciar abusos. Organismos internacionales advierten que la normativa consolida un modelo legal que restringe derechos, debilita la protección jurídica y transforma la vida cotidiana de la población femenina.
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Afganistán atraviesa una transformación profunda de su sistema judicial desde que los talibanes retomaron el poder en agosto de 2021. El grupo, que ya gobernó el país entre 1996 y 2001 bajo una interpretación estricta de la ley islámica, ha reconfigurado desde su regreso la estructura política, social y legal. En este contexto, la aprobación de un nuevo Reglamento de Procedimiento Penal en enero de 2026 marca un punto de inflexión en la institucionalización de normas que afectan directamente los derechos de las mujeres y niñas.
El decreto, compuesto por 119 artículos y firmado por el líder supremo talibán, Hibatullah Akhundzada, establece nuevas disposiciones sobre sanciones, procedimientos judiciales y atribuciones de autoridades y particulares. El contenido del documento, difundido inicialmente por la organización Rawadari, introduce cambios que redefinen la relación entre el Estado, la familia y la justicia. Diversos organismos internacionales han advertido que estas disposiciones consolidan un sistema que limita la protección legal de la población femenina y refuerza estructuras jerárquicas dentro de la sociedad.
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El informe publicado por el Georgetown Institute for Women, Peace and Security señala que la nueva regulación “codifica un sistema ideológico en el que el castigo, la vigilancia y la coerción son instrumentos fundamentales de gobierno”. Según el análisis, esta normativa no solo establece procedimientos judiciales, sino que redefine el rol del aparato legal como mecanismo de control social, con implicancias directas sobre la autonomía femenina y el ejercicio de derechos fundamentales.
Qué es el nuevo reglamento penal talibán y por qué marca un cambio en Afganistán
La normativa establece las bases del funcionamiento del sistema judicial bajo el actual régimen. El documento define las atribuciones de jueces, fiscales y autoridades religiosas, así como las sanciones aplicables a distintos delitos. A diferencia de marcos legales anteriores, este reglamento incorpora disposiciones que amplían el alcance del control legal más allá de las instituciones formales, extendiéndolo al ámbito familiar y comunitario.
El reglamento también introduce un sistema de sanciones discrecionales conocido como tazir, que permite aplicar castigos sin criterios uniformes, lo que permite que ciertas sanciones sean ejecutadas fuera de los procedimientos judiciales tradicionales y modifica principios fundamentales del debido proceso.
La Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) ha advertido que la evolución del marco jurídico desde 2021 ha eliminado progresivamente protecciones existentes. Según sus informes, la acumulación de decretos y regulaciones ha transformado la estructura legal afgana, debilitando mecanismos institucionales que anteriormente ofrecían cierto grado de protección frente a abusos.
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La normativa permite el castigo físico dentro del matrimonio y reduce las sanciones
Uno de los cambios más significativos es el reconocimiento de facultades punitivas dentro del ámbito doméstico. El artículo 4(5) establece que castigos como amonestaciones formales, multas o períodos breves de detención pueden ser aplicados no solo por autoridades judiciales, sino también por particulares en determinadas circunstancias. Esta disposición introduce un reconocimiento legal de prácticas que anteriormente no estaban codificadas de forma explícita.
El artículo 32 establece que, incluso cuando una víctima logra demostrar lesiones físicas, el agresor puede enfrentar penas limitadas, que incluyen períodos breves de detención. Organizaciones internacionales han señalado que estas sanciones resultan considerablemente menores en comparación con estándares internacionales para delitos de violencia doméstica, lo que reduce el efecto disuasorio del sistema penal.
La organización Human Rights Watch ha documentado que el desmantelamiento de estructuras de protección institucional tras el regreso de los talibanes ha reducido el acceso de las mujeres a mecanismos de justicia. Según sus informes, la eliminación de tribunales especializados y refugios ha dejado a muchas víctimas sin recursos legales ni apoyo institucional.
Las barreras legales dificultan que las víctimas denuncien agresiones
El reglamento establece requisitos probatorios estrictos para demostrar actos de violencia. Las víctimas deben presentar evidencia física ante tribunales, un requisito que especialistas consideran difícil de cumplir en un contexto donde el acceso a servicios médicos y judiciales es limitado. Esta exigencia reduce la probabilidad de que los casos sean investigados o sancionados.
Las limitaciones de movilidad también afectan la capacidad de las mujeres para acceder a instituciones legales. Diversos decretos emitidos desde 2021 limitan el desplazamiento sin la presencia de un tutor masculino, lo que dificulta acudir a tribunales, hospitales u oficinas administrativas. Estas limitaciones crean obstáculos adicionales para quienes buscan denunciar abusos.
La entidad de Naciones Unidas dedicada a la igualdad de género, UN Women, ha señalado que las restricciones legales y sociales reducen la capacidad de las mujeres para ejercer derechos fundamentales. Según sus evaluaciones, estas condiciones incrementan la vulnerabilidad y debilitan las posibilidades de protección frente a situaciones de violencia.
La legislación introduce jerarquías sociales y permite la aplicación desigual de la ley
El reglamento establece distinciones entre diferentes grupos sociales, incluyendo categorías como autoridades religiosas, élites y población general. Estas clasificaciones influyen directamente en la aplicación de sanciones, permitiendo que ciertos sectores reciban castigos más leves que otros. El documento también reconoce la existencia de personas clasificadas como “libres” y “esclavizadas”.
La plataforma humanitaria de Naciones Unidas ReliefWeb ha documentado que las nuevas disposiciones legales afectan de manera desproporcionada a sectores vulnerables. Según sus evaluaciones, estas normas profundizan desigualdades existentes y limitan el acceso equitativo a la justicia dentro del país.
Organizaciones internacionales advierten sobre persecución de género sistemática
Diversas organizaciones han señalado que las políticas implementadas desde 2021 constituyen un sistema estructurado de discriminación. Un informe conjunto de Amnistía Internacional y la International Commission of Jurists concluye que las medidas adoptadas por el régimen talibán podrían constituir persecución por motivos de género, una categoría reconocida en el derecho internacional como crimen contra la humanidad.
Según el análisis, las restricciones afectan múltiples aspectos de la vida cotidiana, incluyendo el acceso a educación, empleo y participación social. Estas limitaciones no son aisladas, sino que forman parte de un sistema que redefine el rol de las mujeres dentro de la sociedad y limita su autonomía.
El impacto afecta el presente y el futuro de millones de niñas
Las prohibiciones legales han tenido consecuencias directas en el acceso a la educación. Afganistán es actualmente el único país del mundo donde las niñas tienen prohibido asistir a la escuela secundaria, según datos de UNICEF. Esta situación afecta el desarrollo educativo de una generación completa.
Según ONU Mujeres, 8 de cada 10 jóvenes afganas están excluidas de la educación, el empleo o cualquier tipo de formación, una de las tasas más altas del mundo. Además, la participación femenina en la fuerza laboral se ha reducido a apenas el 24 %, frente al 89 % de los hombres, lo que evidencia una brecha estructural que limita su autonomía económica.
Antes del regreso de los talibanes, Afganistán había logrado avances significativos en la escolarización femenina. Más de 3,5 millones de niñas asistían a la escuela en 2021, de acuerdo con datos de Naciones Unidas. La interrupción de ese progreso representa un retroceso con consecuencias a largo plazo.
El Georgetown Institute for Women, Peace and Security concluye que el nuevo marco legal “reemplaza la protección jurídica por un sistema basado en el control y la subordinación”. Según el informe, estas disposiciones no solo afectan el presente de millones de mujeres, sino que redefinen el futuro social, económico y político del país.


























