Europa destinará 1,2 billones de dólares en armamento ante desconfianza hacia Trump
Países de Europa aumentan gradualmente su presupuesto para mejorar su sistema de defensa hasta la próxima década con el fin de alcanzar una autonomía estratégica sin precedentes. Según un informe de Oliver Wyman, la inversión militar en el continente aumentará un 7,8% anual entre 2025 y 2035.
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Europa, sometida al déficit público, las decisiones volátiles de Estados Unidos y la creciente desconfianza que este genera en torno a las negociaciones por la paz entre Rusia y Ucrania, además de su postura sobre Groenlandia, se ha visto obligada a realizar un movimiento inesperado con proyección a largo plazo que buscaría impulsar su economía y, a su vez, fortalecer un plan de resguardo ante cualquier decisión de Washington que podría poner en riesgo la estabilidad de la Unión Europea (UE). Se trata de un incremento masivo en el presupuesto para seguridad, liderado por Alemania, para la próxima década.
La estrategia es sencilla y práctica: reforzar el sistema de respuesta militar de los países integrantes de la UE ante la amenaza de una posible agresión rusa. En mayo de 2025, la Comisión Europea, con la venia de Ursula von der Leyen, lanzó la Acción de Seguridad para Europa o Safe, un fondo de 150.000 millones de euros, lo que representa aproximadamente 174.000 millones de dólares, a manera de préstamos de bajo interés para que los miembros de la comunidad puedan invertir en defensa e impulsar su capacidad industrial, desde la modernización de infraestructuras clave, como las redes de comunicación y los sistemas logísticos.
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Cuando terminó el plazo de inscripción de este programa el 30 de noviembre pasado, se reportó que 19 de 27 naciones registraron su solicitud, un éxito que sirvió como precedente importante para futuros planes similares.
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A menos confianza, más armas
Europa ya no confía plenamente en Estados Unidos y ha perdido parte de su certeza en cuanto a su rol como aliado para finalizar la guerra Rusia-Ucrania y a su codicia por Groenlandia. Por ello, ha encontrado un plan de contingencia para poder responder ante cualquier escenario a través de su propio cuerpo de defensa, pero, para lograrlo, no será tarea sencilla, rápida y mucho menos barata.
Por impulso de Berlín, se optó por destinar un mayor presupuesto a la Defensa Nacional, el pilar clave de un plan que fue bautizado como "ReArm Europe", pero renombrado como "Readiness 2030", el cual “crea las condiciones para un aumento masivo de la inversión en defensa en Europa, con un gasto adicional previsto de hasta 800.000 millones de euros en defensa en los próximos años”.
Dentro de los puntos relacionados con la puesta en marcha de este programa, se incluye la Cláusula de Escape Nacional (CEN), la cual permite a los países participantes aumentar el gasto en mejora militar hasta en un 1,5% del PIB por los próximos cuatro años, sin incumplir las normas de déficit de la Unión Europea. Además, esta medida da cabida a desembolsar 650.000 millones de euros adicionales para gastos militares.
En 2025, durante la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en La Haya, los países de la UE se comprometieron a aumentar la inversión militar con un objetivo de 5% del PIB para gastos relacionados con defensa para 2035, incluyendo un 3,5% del PIB para defensa tradicional y 1,5% en infraestructura crítica, redes y resiliencia civil. Sin embargo, alcanzar esta cifra supondría dedicar más de 250.000 millones de euros adicionales anuales respecto al gasto previsto.
De acuerdo con el informe "Perspectivas de la flota mundial de aeronaves militares y su mantenimiento 2026-2036", publicado por Oliver Wyman y recogido por Europa Press, se estima que, para 2035, el continente tendrá un crecimiento en el presupuesto de defensa estimado del 7,8% anual entre 2025 y 2035. Es decir, para el año meta se prevé que el gasto ascienda hasta 1,2 billones de dólares, un incremento masivo respecto a los 571.000 millones de dólares que se afrontan actualmente.
El factor Rusia-Ucrania
Esta tendencia responde a la coyuntura más cercana: la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022. Tras desencadenarse la guerra en Europa oriental, los países de la UE se vieron en la obligación de fortalecer su línea de respuesta militar. A esto se suma la pérdida de confianza en Trump, especialmente por parte de Alemania, donde el 84% de sus residentes no considera que Estados Unidos garantice la seguridad del continente, según una encuesta realizada por la cadena estatal ZDF en diciembre de 2025.
“Se han dado cuenta… que Trump no tiene ningún interés en ayudar a Alemania… La Estrategia de Seguridad Nacional fue pésima… fue una enorme muestra de dedo medio de Trump hacia Europa”, exclamó el general Ben Hodges, quien comandó las fuerzas de EE.UU. en el continente, a Al Jazeera.
Berlín, por ejemplo, prevé que estos gastos alcancen el 3,5% del PIB para 2029, lo que representaría una inversión aproximada de 100.000 millones de euros anuales en equipamiento militar y mantenimiento.
“Los alemanes aún valoran la OTAN como organización de defensa, solo que no confían en que los estadounidenses desempeñen su papel”, agregó Timo Graf, investigador del Centro de Historia Militar y Ciencias Sociales de la Bundeswehr, en Potsdam, a la mencionada agencia de noticias.
En los próximos años, se anticipa que la UE fortalecerá su cooperación con la OTAN en áreas de infraestructura y logística militar, mientras que simultáneamente implementa estrategias de defensa nacional más independientes, las cuales permitirán a Europa operar de manera más autónoma en escenarios globales complejos —para facilitar una respuesta unificada ante amenazas externas—, mientras mantiene su papel dentro de la organización como socio estratégico.
Aranceles y Groenlandia
Una reciente amenaza de Donald Trump, por su capricho de apropiarse de Groenlandia, ha elevado aún más las preocupaciones de la Unión Europea sobre su papel como presunto aliado. El sábado 17 de enero de 2026, el líder republicano anunció que impondría aranceles del 10% a Dinamarca, Suecia, Francia, Alemania, Holanda, Finlandia, Noruega y Reino Unido —miembros de la UE— hasta que pueda adquirir la isla. Si el plan no resulta como espera, elevaría este gravamen al 25%.
Si bien Washington argumenta que la adquisición de este territorio autónomo danés es fundamental para la protección nacional, los países europeos catalogaron esta acción como un chantaje para hacerse de los recursos que se esconden bajo toneladas de hielo, como tierras raras, yacimientos petroleros, de gas, además de ser un potencial puente marítimo, debido al deshielo, que podría acortar hasta 40% los trayectos entre Europa, Asia y América, dándole un valor estratégico y económico creciente.
Analistas de BofA Securities afirmaron que estas tensiones podrían “aumentar las presiones existentes sobre los gobiernos europeos acerca de cómo gestionar sus compromisos de seguridad” y generar “una mayor independencia estratégica de Estados Unidos, respaldada por aumentos continuos en el gasto de defensa”.
Un posible impulso económico
El incremento del presupuesto en mejoras militares despierta una serie de cuestiones sobre su impacto en la estructura estatal y la ciudadanía. Dentro de estos, según economistas, se espera un efecto relativamente positivo en el impulso económico de los países de la UE que están involucrados en esta inversión sostenida, especialmente para Berlín, que se mantiene al frente de esta operación.
Para Niklas Garnadt, economista de Goldman Sachs —instituto que prevé una recuperación parcial de la Eurozona en 2026 con un crecimiento del PIB del 1,3%—, consultado por Euro News, se espera “que el gasto de defensa impulse el nivel del PIB alemán de 2029 en alrededor de un 0,8%”, afirmando que estos pedidos “repuntaron materialmente en el cuarto trimestre después de que se aprobara el presupuesto de 2025 en septiembre”.
“Esperamos que el gasto de defensa impulse un mayor repunte en la inversión en equipamiento gubernamental en el futuro”, agregó Garnadt.
Sumados a estas inversiones, un consumo más fuerte gracias a salarios al alza, energía más barata y menos tensiones comerciales, Europa podría ver un posible impulso económico. Sin embargo, problemas estructurales como la competencia china, los altos costos y el envejecimiento podrían afectar el rearme gradual y limitar el crecimiento a largo plazo.
Asimismo, expertos advierten que, si bien no se puede conseguir un gran impulso en economía con la inversión en seguridad, esta podría significar un apoyo importante para su despegue, especialmente en países donde la presencia manufacturera lucha por mantener su competitividad en el sector industrial.
Sin embargo, tras colocarse al reforzamiento militar en el foco, se ha descuidado a entrante crisis energética y la inflación. A medida que la transición hacia fuentes de energía renovable avanza, los costos de la energía podrían seguir siendo una carga significativa, lo que afectará tanto las inversiones en defensa como la capacidad de los gobiernos para mantener sus compromisos sociales y económicos.
Según Financial Times, la inversión en la industria química cayó un 80% en 2025, lo cual podría desencadenar un nuevo cierre de plantas masivo, ocasionando la pérdida significativa de empleos y la reducción de nuevas inversiones.

























