Precariedad laboral en alza: solo en Lima, más de 328.000 egresados universitarios con bajos ingresos y sin estabilidad
Según datos del INEI, el subempleo por ingresos aumentó 21,1% en el último año, afectando a personas con educación superior universitaria. La falta de empleo de calidad se vincula a la débil dinámica económica del país.
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En Perú, tener un título universitario ya no garantiza un ingreso suficiente. Solo en Lima Metropolitana, más de 328.000 profesionales trabajan jornadas completas y aun así no logran cubrir sus gastos básicos. Esta cifra no solo evidencia precariedad laboral, sino también el quiebre de una de las principales promesas de la educación superior universitaria.
Durante el trimestre enero-febrero-marzo de este año, 328.300 personas con educación superior universitaria se encuentran en situación de subempleo por ingresos, según el Informe técnico “Situación del Mercado Laboral en Lima Metropolitana” del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). Es decir, personas que, pese a estar ocupadas, no logran cubrir ni siquiera el 50% del costo de la canasta básica familiar.
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Este fenómeno se ha consolidado como un problema estructural en el mercado laboral peruano, según explicó el economista laboral Fernando Cuadros a La República. La magnitud del problema se hace más evidente al observar su evolución: la cifra actual representa 57.300 personas más que en el mismo periodo del año anterior, lo que equivale a un aumento de 21,1%. Si se compara con la prepandemia (2019), cuando 138.600 universitarios estaban en subempleo por ingresos, el incremento alcanza las 189.700 personas, es decir, más del 130%.

Subempleo entre universitarios crece 21% y alcanza a 328.000 profesionales en Lima.
“El subempleo ya es un problema estructural en el mercado laboral nacional, pero post pandemia se ha acentuado”, señaló Cuadros. Este escenario refleja una precarización persistente del empleo, pese a que las personas trabajan, sus ingresos no alcanzan estándares mínimos.
De acuerdo con el especialista, este deterioro responde principalmente a la débil dinámica económica. “El PBI está creciendo a un ritmo promedio de 3% anual, que es muy poco para poder generar empleo asalariado formal de manera masiva”, explicó. A ello se suman las recesiones registradas en 2020 y 2023, que han limitado la recuperación del empleo de calidad.
“Hay que recordar que ha habido dos recesiones, la del COVID en 2020, en donde el nivel de economía cayó entre el 11 y el 13%, y justo en el 2023 también se registró una caída de la economía, un año de recesión. Eso ha afectado la generación masiva de empleo, sobre todo formal y de calidad”, sostuvo.
“Hay un divorcio permanente entre lo que se enseña y lo que se necesita en el mercado”
A estos factores se suma la desconexión entre la formación educativa y las necesidades del mercado laboral. Si bien ha aumentado el acceso a la educación superior, ello no ha venido acompañado de mejoras en la calidad. En ese sentido, Cuadros advirtió que “han proliferado muchas universidades privadas que no cumplen estándares mínimos”, lo que afecta la empleabilidad de los egresados.
En la misma línea, la socióloga Alejandra Dinegro señaló que este problema responde a factores como la expansión desordenada de la educación superior, la informalidad y la baja capacidad del mercado para absorber profesionales. “Hay un divorcio permanente entre lo que se enseña y lo que se necesita en el mercado”, afirmó.
Una de las principales evidencias de esta problemática es la inadecuación ocupacional. Según Cuadros, “más de la mitad de los profesionales en el Perú que tienen empleo trabajan en ocupaciones que no tienen nada que ver con lo que estudiaron”. En términos prácticos, esto implica que muchos terminan desempeñándose en trabajos de baja calificación, con el consiguiente impacto negativo en sus ingresos.
Esta situación ha puesto en entredicho el retorno económico de la educación superior. Tradicionalmente, obtener un título universitario estaba asociado a mejores oportunidades laborales; sin embargo, hoy ese vínculo se ha debilitado. Como señala Cuadros, existe un problema en el que “el tiempo y la inversión en educación superior no se traduce necesariamente en empleos con buenos ingresos”.
Frente a este panorama, el especialista descartó que el problema sea un exceso de profesionales. “Es una economía que no genera la cantidad suficiente de empleos de calidad”, afirmó, subrayando que el país requiere tanto más profesionales como mejores condiciones para emplearlos. Por su parte, Dinegro sostuvo que esta realidad evidencia fallas del sistema: “No es una frustración de los jóvenes, sino una población calificada que está siendo excluida del mercado laboral”.
Parte de la explicación también radica en el tipo de empleo al que acceden muchos profesionales. El aumento del subempleo por ingresos se concentra en empresas pequeñas y medianas, donde predominan salarios más bajos y menor estabilidad. Ante la falta de oportunidades en empresas grandes o en puestos mejor remunerados, muchos universitarios terminan insertándose en espacios de menor calidad laboral.
Esta tendencia también se refleja por ramas de actividad. Según detalló Cuadros, el subempleo por ingresos ha aumentado en sectores como manufactura, construcción y comercio, donde los niveles salariales suelen ser más limitados. Aunque el sector servicios que concentra buena parte del empleo profesional registró una ligera mejora, esta no ha sido suficiente para revertir la tendencia general.
En ese contexto, el economista enfatizó la necesidad de una mayor planificación estatal. Sectores como la manufactura, la agroindustria, el turismo o la metalmecánica podrían convertirse en motores de empleo formal si se implementan políticas de diversificación productiva. Sin embargo, advirtió que actualmente existe una “desarticulación entre la oferta formativa y la dinámica económica”, lo que lleva a que muchos jóvenes elijan carreras “a ciegas”.
El crecimiento económico no alcanza para generar empleo formal de calidad
En paralelo, la población ocupada con educación superior universitaria también creció. En 2026, 1 millón 888.000 personas con estudios universitarios forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA) ocupada en Lima Metropolitana, lo que representa un incremento de 8,2% frente al año anterior. Sin embargo, ese mayor acceso al mercado laboral no se ha traducido necesariamente en empleos de calidad.
Las consecuencias de esta situación ya son visibles. Por un lado, se incrementa la informalidad laboral, ya que muchos trabajadores optan por autoemplearse en condiciones precarias. Por otro, se registra una creciente migración de profesionales calificados. “Muchos terminan optando por migrar porque no encuentran puestos adecuados a sus expectativas”, indicó Cuadros, lo que representa una pérdida de capital humano para el país.
Para Dinegro, la solución pasa por una mejor articulación entre el Estado, el sector privado y el sistema educativo. De lo contrario, el Perú continuará enfrentando una paradoja: más profesionales, pero con menos oportunidades reales.
De no revertirse estas tendencias, el país podría enfrentar un mayor deterioro en la calidad del empleo. Para Cuadros, la salida requiere una combinación de crecimiento económico sostenido, mejoras en la calidad educativa y una mejor articulación entre ambos ámbitos.
Las implicancias de este fenómeno son preocupantes tanto a nivel individual como nacional. Entre ellas destacan la fuga de talentos, menores ingresos y un menor crecimiento económico. “Hay un desaprovechamiento del talento y una desmotivación en los jóvenes”, advirtió Dinegro. A nivel país, el impacto es aún mayor: “Se reduce la productividad, hay menor innovación y se reproduce la informalidad”.
En ese sentido, la especialista alertó que el subempleo profesional “no solo afecta a los jóvenes, sino que compromete el futuro del país, porque hoy, incluso con un título universitario, trabajar más no necesariamente significa vivir mejor”.





































