
Ruth Hernández Ascencio tiene 73 años y es la Jefa hermana del Grupo de Sahumadoras del Señor de los Milagros. Ella, junto a sus 323 hermanas, son las encargadas de perfumar el camino de la sagrada imagen durante sus recorridos. Días antes, pulen sus pebeteros de plata, seleccionan con paciencia los minerales que quemarán por más 10 horas. Pues, el mes morado no solo se reconoce por el hábito, sino también por el olor a mirra, carbón, palo santo y sahumerio.
Su labor no solo ejerce devoción, sino también organización y disciplina, desde las primeras horas de la salida del Cristo Moreno, las hermanas repasan su organigrama de relevos, ya que ninguna puede faltar. Ellas, no solo se encargan de llevar consigo el aroma a santidad, sino también adornan el camino por donde se desplaza la sagrada imagen.
Una noche anterior a la procesión, la Hermandad del Señor de los Milagros toma protagonismo, personas entran y salen del recinto, el bullicio de la calle incrementa, pero al cruzar la puerta todo se torna calma. Al interior de sus pasadizos, un aroma a jardín recién podado envuelve el olfato de sus visitantes, las hermanas llevan horas despetalando cientos de flores en bolsas según el color de cada una.
Las hermanas sahumadoras diseñan y arman a mano limpia cientos de pétalos de flores en la pista. Un lienzo tieso, duro y triste por unos segundos toma color para recibir al Señor de los Milagros a su salida de las Nazarenas. Foto: Vania Ramos.
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Ruth nos recibe en el local de la Hermandad del Señor de los Milagros, pide disculpas por la demora, pues, había salido a comprar más pollo para la cena. Cuenta que siempre faltan detalles de última hora. Mientras que se desplaza, saluda, sube las escaleras sin problemas y va contando que lleva más de 12 horas en el local. Son aproximadamente las siete de la noche y decenas de personas entran y salen del lugar.
Mientras nos acercamos a su oficina, se escuchan risas por los pasadizos, son sus hermanas sahumadoras están sentadas realizando su tarea asignada con prisa, pero sin presión. Dejan los tallos pelados a un lado para saludar a Ruth, quien les toca la cabeza con un beso. A pesar de estar a pocas horas del primer recorrido, el escenario, de presión y ansiedad, se respira calma.
Cada vez que Ruth ingresa a su oficina mira con cariño el cuadro la Madre Antonia Lucía del Espiritu Santo, fundadora del Instituto Nazareno y testigo de la fidelidad religiosa de Ruth y su amada abuela Petronilia. Foto: Sebastián Blanco.
Saca su manojo de llaves e ingresa a su oficina, las paredes blancas ahora son moradas. De fondo, un cuadro de más de un metro con la imagen del Cristo de Pachamilla recibe a sus visitantes. Ruth toma asiento y respira con alivio, a pesar de estar con ánimos, los estragos de la edad y el ajetreo le pasa factura. Segundos después, en secuela, ingresan sus hermanas y le pregunta: ¿Hermana Ruth va a faltar más pollo? ¿Ya pelamos las papas? ¿Seguimos deshilachando más pollo? ¿Se compró más pan?
Cada una de sus preguntas son resultas con amabilidad, pero ella no está sola en la jefatura, tiene de apoyo a su vicepresidenta que cuando llega le brinda alivio. "Laura, he desordenado tu caja", le dice con pena. Pero Laura, la tranquiliza con un "ahorita, lo arreglamos hermana. No hay problema".
Se centra en la entrevista y cuenta que ella asiste a la procesión del Cristo Moreno desde que era niña, su abuela fue quien le inculcó la fe y la acercó al Señor. "Mi madre siempre trabajó y nosotras nos quedábamos con la abuelita. Le decíamos mamita, porque antes se decía mamita a todas las abuelitas. Siempre los días 19 íbamos a sacar al Señor de la iglesia de La Victoria, mi abuelita llevaba su tremenda bolsa con sándwiches para todos nosotros", recordó con nostalgia.
Ruth cuenta que el día que falleció su mamita, ella se quería morir. A pesar del dolor, asistió a la procesión y en medio de la marcha religiosa, por primera vez, prestó atención al humo que emanaba las sahumadoras con su paso.
"Yo, voy a ser sahumadora", decretó.
Días después, ella conoció a una persona que no pertenecía a la hermandad, pero sí tenías varios conocidos. Cuenta que le propuso ser sahumadora y ella aceptó. Un 16 de octubre se inscribió y el 18, ya estaba sahumando con el primer pebetero que su madre le obsequió. "Fue una cosa de Dios, por eso decimos que es él quien nos señala el camino", expresó.
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Ruth recuerda que cuando ella ingresó, tuvo el gusto de conocer a hermanas fundadoras que le contaron los inicios de la institución a la que pertenece. Las sahumadoras se reunían en el atrio de la iglesia y ahí ellas se contabilizaban sobre qué grupos inician, qué grupo cubre al que sale y quiénes se van a tomar desayuno. Su organización tenía como finalidad que el Cristo de Pachacamilla no se quede sin sus sahumadoras.
Tras notable organización, 33 hermanas, al igual que la edad de Cristo cuando murió, se pusieron de acuerdo de que ya era hora de su fundición y que este, perteneciera a la Hermandad del Señor de los Milagros. "Conversaron con el mayordomo de turno, que en ese tiempo fue el hermano Julio García Pancorvo y secretario del hermano Víctor h. Velasco. La madre priora era la madre Teresita del Niño Jesús. Conversaron y el 20 de agosto de 1958, siendo la primera jefa del grupo, la hermana Sol La Rosa Mer".
"Ser sahumadora es una tradición de fe. Nuestras antecesoras fueron morenas esclavas, nosotras hemos seguido esa misión y la seguiremos hasta el fin de los días", sentenció.
Pertener al Grupo de sahumadora no es exclusivo, la jefa hermana dice que Dios abraza a todos que buscan el camino de fe. Foto: Sebastián Blanco.
Ruth cuenta que pertenecer a uno de los grupos de la Hermandad es una tradición que se delega en familia, comenta que existen 'familias nazarenas'; es decir, padre, madre, hijos y nietos son integrantes de algún grupo. Sin embargo, aclara que también cualquier persona puede pertenecer, "porque la fe la trae".
"Yo tengo a mi esposo en la cuadrilla 20, tengo dos hijos que son cargadores en la cuadrilla 14; mi hermano y sobrino en la tercera cuadrilla. Ahora, mis nietos ya están integrando el grupo infantil. Así se van sumando las nuevas generaciones".
Cada año, las sahumadoras integran nuevas postulantes a sus líneas para que continúen su legado de amo y fe al Cristo de Pachacamilla. Foto: URPI
En el caso de las sahumadoras, la jefa hermana indicó que cada año van renovando, pero que tienen un tope de 340. "Este año sumamos a 14 más, porque ya nosotras somos personas mayores y ya llega un momento en que ya no podemos, de repente, cumplir todo el tiempo en la procesión".
Ruth, quien tiene más de 80 años en este mundo, reflexionó sobre la situación actual de los peruanos. "Yo pienso que estamos inmersos en una situación tan difícil y que la salida del Señor nos puede traer un poco de paz. Que toque el corazón de las personas equivocadas para poder rehacer nuestra patria". La hermana jefa vive en un mundo de religión, pero también de realidad.
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