Denuncian demolición de refugio para perros abandonados en la Universidad Nacional Agraria La Molina
Los voluntarios critican la falta de aviso previo y la ausencia de alternativas para reubicar a los animales, mientras que la universidad defiende su acción por las condiciones inadecuadas del espacio.
- Récord histórico en Lima: temperatura mínima alcanza los 21,7 °C, el mayor valor en 67 años, según Abraham Levy
- ¿Cuándo se considera terremoto y cuándo es temblor?

La demolición de un espacio utilizado durante años como refugio temporal para perros abandonados desató un enfrentamiento entre integrantes de Huellas Molineras y las autoridades de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM). El colectivo de voluntarios cuestiona que el lugar haya sido destruido sin previo aviso y sostiene que la universidad no ofreció una alternativa que garantizara la seguridad de los animales. La institución, en cambio, afirma que el espacio presentaba condiciones inadecuadas y que había acordado con representantes del grupo el retiro de los canes.
El conflicto se hizo público luego de que estudiantes y voluntarios difundieran imágenes de la intervención en el campus. En el material se observa parte de la estructura del corral y el retiro de objetos utilizados para el cuidado de los animales. Durante el reclamo, una representante cuestionó qué ocurriría con la comida, medicinas y otros implementos que se encontraban en el lugar.
TE RECOMENDAMOS
AHORA NACIÓN RESPONDE POR PELEA CON FUJIMORISTAS EN EL CONGRESO | ARDE TROYA CON OXENFORD
"¿Cómo lo vamos a registrar si todo en mayoría está llevándose el carro?", reclamó una de las integrantes. En otro momento, ante los cuestionamientos, una autoridad universitaria respondió: "No me haga un teatro, por favor". La expresión generó críticas entre los integrantes del colectivo y usuarios que difundieron el caso en redes sociales.

PUEDES VER: Joven asesina a hombre de 73 años tras encontrarlo con su pareja saliendo de un hotel en Carabayllo

Un espacio construido por voluntarios
Huellas Molineras asegura que el llamado corral grande no fue entregado por la universidad como un refugio acondicionado, sino que fue recuperado y habilitado progresivamente por estudiantes, egresados, voluntarios y familiares.
De acuerdo con el comunicado difundido por el colectivo, en 2012 el espacio era utilizado como basurero y botadero de desmonte. Con apoyo de voluntarios y gestiones realizadas ante autoridades universitarias de aquella época, el lugar fue limpiado y acondicionado. Los integrantes de Huellas Molineras señalan que colocaron piso, instalaron mallas y caniles y transformaron el espacio en un lugar de resguardo temporal para perros mientras se buscaban familias adoptantes.
La agrupación sostiene que su trabajo comenzó a finales de 2011 como respuesta a la presencia de animales abandonados dentro del campus. Según su versión, los perros que han permanecido en la universidad no fueron llevados por los voluntarios de Huellas Molineras, sino que ingresaron por los alrededores o fueron abandonados en las instalaciones.
En 15 años de trabajo, el colectivo afirma haber conseguido la adopción responsable de más de 100 animales. También señala que su labor no se limita a los perros, pues realiza campañas de esterilización de gatos que viven en la universidad mediante fondos obtenidos por los propios voluntarios.
"No nos oponemos a que se construya"
Los integrantes del colectivo aseguran que nunca estuvieron en contra de las obras de infraestructura de la universidad. Su pedido, según explicaron, era que se estableciera una alternativa antes de retirar a los animales.
"Nosotros no hemos estado nunca en contra de la demolición. Estamos a favor de que la universidad siga avanzando, construyendo. Solamente pedíamos que nos escuchen, que nos respondan las cartas, que nos reubiquen", señaló una representante durante el reclamo.
Huellas Molineras afirma que las fundadoras, egresadas de la universidad y vecinas de La Molina, no tuvieron conocimiento de que la administración consideraba retirar a los animales porque, según denuncian, sus solicitudes de reunión y seguimiento presentadas desde finales de julio e inicios de agosto no fueron respondidas oportunamente.
El colectivo también cuestiona que la universidad sostenga que se había acordado retirar a los perros en un plazo de dos meses. Según su comunicado, los voluntarios no estuvieron de acuerdo con ese plazo y durante ese periodo continuaron buscando hogares responsables, además de realizar actividades para financiar el cuidado de los animales.


¿Qué pasó en la reunión del 12 de agosto?
Uno de los puntos centrales de la controversia es una reunión desarrollada el 12 de agosto entre el rector, integrantes de su equipo, una fundadora y dos estudiantes de Huellas Molineras.
Según la versión del colectivo, la reunión ocurrió después de que el día anterior llegara una camioneta al corral con la intención de vacunar a los perros porque serían trasladados. Los voluntarios sostienen que no habían autorizado dicho traslado y que esa versión fue desmentida durante la reunión.
Huellas Molineras afirma que las autoridades comunicaron que el traslado ya no se realizaría ese día, sino el sábado. Las representantes plantearon otras alternativas, pero, según el colectivo, no fueron aceptadas.
El grupo sostiene que trasladar a los animales fuera de la universidad podía representar un riesgo para ellos debido a la dificultad de realizar seguimiento en lugares alejados y porque, además, no resolvería el problema de los abandonos dentro del campus.
Por ello, Huellas Molineras solicitó que se entregue el acta de aquella reunión para verificar si efectivamente existió un acuerdo para trasladar a los perros.
La UNALM, por su parte, sostiene en su comunicado del 14 de agosto que durante esa reunión se planteó trasladar a los canes a otros espacios de propiedad de la universidad donde pudieran contar con mejores condiciones de alimentación, atención, seguridad y bienestar. La institución asegura que esta alternativa fue aceptada por los representantes de Huellas Molineras en caso de que no se concretaran las adopciones.
La versión de la universidad
En su comunicado, la UNALM señala que las nuevas autoridades tomaron conocimiento desde marzo de la situación de un grupo de perros que permanecía en un espacio reducido, con condiciones que, según la institución, eran inadecuadas debido a la falta de limpieza y los fuertes olores.
La universidad afirma que inició reuniones con integrantes de Huellas Molineras para encontrar alternativas y que los propios representantes del colectivo manifestaron asumir el cuidado de los animales mientras se concretaban las adopciones.
La institución también sostiene que colaboró difundiendo campañas de adopción a través de sus canales oficiales.
Sin embargo, según la UNALM, habían transcurrido más de cinco meses desde el plazo inicialmente planteado para retirar a los canes y estos continuaban en el mismo lugar. La universidad asegura que la situación generaba preocupación por el bienestar de los animales y que las condiciones fueron constatadas incluso durante una intervención de la Policía Nacional.
La administración también refiere que integrantes de la propia agrupación habrían alertado sobre el supuesto consumo de alcohol y estupefacientes por parte de algunos estudiantes en el espacio donde permanecían los perros.

Disputa por el retiro de los cinco perros
Otro punto de conflicto está relacionado con el retiro de los cinco canes que permanecían en los espacios intervenidos.
La UNALM sostiene que el 13 de agosto, alrededor de las 10 p. m., dos integrantes de Huellas Molineras retiraron unilateralmente a dos perros sin coordinación con las autoridades. La universidad agrega que posteriormente se intentó realizar una acción similar aproximadamente a las 2.30 a. m., pero que los involucrados fueron intervenidos por personal de seguridad.
La institución señala además que otros tres perros fueron retirados posteriormente por dos integrantes del colectivo y cuestiona que actualmente no conozca su destino ni pueda verificar las condiciones en las que se encuentran.
Por ello, la UNALM responsabilizó a las personas mencionadas por cualquier eventual daño o acto de maltrato que pudiera afectar a los animales.
Huellas Molineras ofrece una explicación distinta. En su comunicado sostiene que el retiro de los canes se realizó precisamente porque los voluntarios temían que fueran sacados del corral y del campus sin aviso y trasladados hacia un destino que no conocían.
"Lo hicimos porque nos importa sus vidas", afirma el colectivo al explicar la decisión de retirar a los animales.
Siete perros fueron adoptados en dos meses
La universidad también cuestionó que, pese al tiempo otorgado para concretar las adopciones, varios perros continuaran en el campus.
Huellas Molineras respondió que los procesos de adopción responsable no necesariamente son rápidos y que entregar un animal a cualquier persona no constituye una solución. El colectivo asegura que en los últimos dos meses siete perros dejaron la universidad gracias a procesos de adopción.
"Son siete perros menos en la UNALM", remarcaron los integrantes del grupo.
La agrupación sostiene que, además de buscar hogares, sus integrantes deben conseguir recursos para alimentar y atender a los animales que permanecen en el campus. También realizan esterilizaciones de gatos para evitar que aumente la población de animales abandonados.
¿Qué ocurrió con la comida y las medicinas?
Uno de los principales cuestionamientos del colectivo está relacionado con los objetos que permanecían dentro del refugio al momento de la intervención.
Huellas Molineras asegura que, durante la demolición y limpieza del espacio, fueron retirados alimentos, medicamentos, camas y otros implementos utilizados para atender a los animales.
Entre estos productos, según la agrupación, había alimento especializado para una perrita con problemas renales, cuyo costo aproximado era de S/ 70 por kilogramo.
"Sí, podemos pedir que repongan todo, pero ese no es el objetivo", señaló el colectivo, que considera que el principal problema es la falta de reconocimiento al trabajo realizado durante años por estudiantes, egresados, familiares y voluntarios.
La UNALM, en su comunicado, afirma que procedió a limpiar y recuperar el espacio debido a las condiciones insalubres que presentaba. La institución sostiene que esta medida responde a su responsabilidad de preservar la salubridad, seguridad y adecuado uso de sus instalaciones.
Un problema que va más allá del corral
La controversia también pone nuevamente sobre la mesa el problema de los animales abandonados dentro del campus universitario.
Huellas Molineras sostiene que demoler un refugio no resolverá la situación porque los abandonos continúan produciéndose. El colectivo afirma que existen sectores del perímetro universitario con aberturas por donde pueden ingresar perros, gatos e incluso personas.
"Los animales son abandonados todos los meses", señaló una de las representantes durante el reclamo.
Los voluntarios también rechazan la versión de que ellos llevan perros desde fuera de la universidad. Según explicaron, algunos animales llegan por los alrededores del campus o son abandonados dentro de sus instalaciones. Por ello, consideran necesario establecer una política permanente para prevenir nuevos abandonos, atender a los animales encontrados y promover adopciones y esterilizaciones.
La propia historia de Huellas Molineras, según el colectivo, nació precisamente de esta problemática. Sus integrantes recuerdan que una trabajadora de la universidad, conocida como Gladis, comenzó a alimentar a varios perros que la seguían al salir de su jornada laboral. Con el tiempo, estudiantes y egresados se organizaron para ayudarla y la iniciativa se convirtió en un voluntariado permanente.
El conflicto continúa
La UNALM asegura que sus decisiones han sido institucionales y conforme a la ley, y que el bienestar de los animales constituye una prioridad junto con la seguridad, salubridad y convivencia de toda la comunidad universitaria.
Huellas Molineras, por su parte, cuestiona que ese objetivo pueda conciliarse con la destrucción del espacio y el retiro de implementos destinados al cuidado de los animales. El colectivo reclama que se reconozca el trabajo voluntario realizado durante 15 años y que se establezcan mecanismos concretos para enfrentar el abandono de perros y gatos dentro del campus.
El caso deja así dos versiones enfrentadas: la universidad sostiene que actuó ante un espacio que consideraba inadecuado y que buscó alternativas para los canes; los voluntarios afirman que no se opusieron a las obras, pero que reclamaron una reubicación segura y cuestionan la forma en que se ejecutó la intervención.
Mientras ambas partes defienden sus actuaciones, la principal preocupación de los voluntarios sigue siendo el destino y bienestar de los animales que durante años fueron atendidos dentro de la Universidad Nacional Agraria La Molina.
























