Carlos Infante: “La matanza de Uchuraccay es un golpe terrible a la memoria de los periodistas”
El periodista Carlos Infante, entre la memoria personal y la memoria histórica, nos ofrece en "Dame tu cámara carajo" una nueva versión sobre lo que pudo haber sucedido en la matanza de Uchuraccay, en la que murieron 10 personas, entre ellas su padre, el periodista Octavio Infante.
- Ángel Manero, exministro de Dina Boluarte, es el nuevo jefe de la SBN
- Gobierno alista salida de Óscar Arriola de la Comandancia General de la PNP

Dame tu cámara carajo. Estrategia militar, paramilitarismo y masacre en Uchuraccay (ESM Book y Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga) de Carlos Infante es un libro incómodo y a la vez necesario leer. Aborda uno de los hechos que más conmocionó a la opinión pública peruana en los años ochenta. El 26 de enero de 1983, diez personas (ocho periodistas, un guía y un comunero) fueron asesinadas cuando llegaron a la comunidad campesina Uchuraccay (Ayacucho). Los periodistas se dirigían a otra comunidad a investigar la muerte de un grupo de senderistas. Ese mismo año se formó la Comisión Investigadora del Caso Uchuraccay, que fue popularmente conocida como la Comisión Vargas Llosa, ya que fue presidida por quien sería futuro Premio Nobel de Literatura y miembro de la Academia Francesa. El informe en cuestión determinó que los hombres de prensa y las dos personas que los acompañaban murieron a razón de una confusión. Esta es la narrativa oficial de los hechos, pero el periodista Carlos Infante nos da otra versión de los hechos. La República conversó con él.
TE RECOMENDAMOS
MML DEFIENDE TRENES DE PORKY Y CANDIDATOS A SURCO | SIN GUION CON ROSA MARÍA PALACIOS
-Tu padre fue Octavio Infante, uno de los periodistas que murieron en la masacre. Este no es un libro fácil de escribir.
-Al principio fue un impedimento por la carga emocional. La proximidad con el caso a partir del vínculo con mi padre no me permitía ver bien las cosas. Pero con el tiempo esa cercanía terminó siendo un plus. Resulta una desventaja en algunos momentos, pero en otros es una ayuda enorme; el hecho mismo de sentir lo que siente un periodista, lo que puede significar peregrinar por esas alturas, con las dificultades que implica caminar para alguien que no tiene esa costumbre, en un contexto de mucha tensión como fue el año 83, pues es algo que solo un periodista de alguna forma puede entender.
-Blanca Rosales, quien escribe el prólogo, dice que es comprensible una parcialidad, pero que esta se anula por el rigor periodístico.
-Así es. Lo que busco con el libro es abrir el debate.
-Se formó una comisión de lujo. ¿Lo que te llevó a escribir sobre lo que pudo haber pasado obedecía también a lo inverosímil que resultaba el relato de la comisión?
-La comisión presidida por Mario Vargas Llosa básicamente obedeció a una decisión política. Siendo una decisión política, la mirada también iba a ser política, las intenciones. Por eso el resultado del informe tuvo un sesgo político. Mario Vargas Llosa, por la misma designación que tuvo, tenía posibilidad de conversar con cualquier persona. Es más, obtuvo mucha información privilegiada. Conversaba con el general Clemente Noel; podía conversar con cualquier persona. El relato de la comisión se viene abajo por una suerte de error de cálculo. Toda esa visión idealista se deshace con las fotos. Las fotos aparecen tres o cuatro meses después, en mayo del 83, y estas prácticamente desvirtúan todo el informe.

"Dame tu cámara carajo". Precio: 49.99 soles. Imagen: Difusión.
-Cuando se lee el libro, la primera impresión es la de estar armando una historia con elementos sueltos. Está el informe de la Comisión Vargas Llosa, el mismo relato de la CVR, por ejemplo.
-Ha sido como armar un rompecabezas. Se pusieron en debate todas las versiones que existen, las pusimos en discusión para crear una nueva hipótesis de lo que pudo haber pasado. Obviamente, hay una intencionalidad, no la niego, que está asociada a mi interés por sostener una versión que hoy es más robusta: la hipótesis que sostiene la presencia paramilitar en la zona. Algunos me decían que ese era un concepto muy desfasado, pero encontramos muchos elementos dentro de toda esa información que está dispersa que nos conducen a aceptar con consistencia la presencia de un organismo paramilitar embrionario, o sea, un ensayo que empezó a darse en el año 82, es decir, un año antes.
-¿Qué eran en realidad los comités de autodefensa?
-A mi modesto entender, representan un eufemismo. Su nombre técnico es de organismos paramilitares. En algunos casos los movilizaban Los Sinchis, que era una unidad de élite de la policía. En ese momento, se implementó un manual, al que he identificado como el M41-1, que se aprobó en el año 66 tras la experiencia del 65 con los movimientos guerrilleros. Se pone nuevamente en la mesa de Fuerzas Armadas para interpretarlo como estrategia hacia la mitad del año 82. O sea, si hay un conflicto armado, el manual nos dice cómo debemos intervenir frente a ese sujeto senderista o terrorista.

Antes de fallecer, Willy Retto registró los instantes previos a la matanza de Uchuraccay. Foto: CI.
-¿Qué se buscaba con esa estrategia?
-Querían reducir los costos del conflicto armado, de la guerra interna y hacerlo reposar en la población civil. Ellos, en lo posible, no querían tener pérdidas. Ese manual se preguntaba ¿qué hacemos para evitar que haya soldados muertos, oficiales muertos, que perdamos infraestructura, armamento? La única forma era poner a la misma población civil a que enfrente a los subversivos. Esa fue la lógica.
-Imagino que has hecho la ruta que hicieron.
-Varias veces. Se trata de una ruta muy complicada. Estás a miles de metros de altura y no sabes qué puede pasar con el clima, por ejemplo. Cuando llegas caminando a Uchuraccay, llegas muy cansado. Imagino cómo pudo ser la situación de los periodistas. En el caso de mi padre Octavio Infante, Félix Gavilán y Amador García, estaban habituados a la zona. Los otros periodistas no.

Jorge Sedano, Amador García, Luis Mendívil, Félix Gavilán, Pedro Sánchez, Willy Retto y Edmundo de la PinIella, antes de perecer en Uchuraccay. El autor de la fotografía es Octavio Infante. Foto: CI.
-En Dame tu cámara carajo, sostienes que al menos la dirigencia de la comunidad de Uchuraccay sí sabía que los periodistas eran, precisamente, periodistas.
-Eso es algo que está descontado.
-Ahora, es un milagro que hayan aparecido las cámaras.
-Es un milagro. De las 11 cámaras aparecieron tres. Solo una tenía la película cargada y se registraron nueve imágenes. La Marina encuentra esas cámaras cinco meses después de los sucesos, en mayo. Las Fuerzas Armadas en todo momento buscaron evitar que la información fuera corroborada. Esas cámaras llegaron al servicio de inteligencia y de ahí pasaron a los medios de comunicación. Esas cámaras se salvaron porque pensaron que ninguna iba a tener imágenes. La cámara con las fotos era de Willy Reto.
-Los potenciales implicados, de acuerdo con el libro, terminaron siendo reconocidos.
-Así es. El caso del general Noel es claro; lo designaron agregado militar en Estados Unidos. La matanza de Uchuraccay es un golpe terrible a la memoria de los periodistas.

Octavio Infante, Félix Gavilán y Jorge Sedano. FOTO: CI.
-¿Es el gran luto del periodismo peruano?
-Sí. Sin duda. Es el primer acontecimiento, no solo en el Perú, sino en el mundo, sobre la muerte colectiva en grupo de periodistas en esas circunstancias, con golpes de hacha, cortes en el rostro; fue una cosa espeluznante. Lamentablemente, representa el caso más emblemático en Perú y en el mundo.
-Este libro es necesario. Aparte de su verdad histórica, deja una lección. Estos periodistas asumieron riesgos. ¿El periodismo asume riesgos hoy?
-Comparto lo que dices. Estos tiempos son de un facilismo en el periodismo. No salen a los lugares en donde ocurren los hechos y solo se enfocan en lo que pasa en la ciudad. La mística por hacer periodismo está un poco ausente. No hay compromiso. El pragmatismo con el que se maneja hoy la sociedad ha llegado al periodismo. Se quiere todo rápido y fácil. Este libro rescata y pone en valor la mística que no debe perder el periodismo.






















