Cada hora un peruano pierde un pie por diabetes: las amputaciones que podrían evitarse con atención temprana
Un estudio revela que el 88% de los pacientes diabéticos tienen la enfermedad mal controlada y solo el 36% recibe tratamiento quirúrgico a tiempo, lo que aumenta el riesgo de amputaciones.
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En el Perú, perder un pie por una complicación de la diabetes sigue siendo una realidad cotidiana. Mientras el país concentra esfuerzos para combatir enfermedades cardiovasculares y otros problemas crónicos, miles de pacientes terminan enfrentando una amputación que, en muchos casos, pudo evitarse.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Según el Ministerio de Salud (Minsa), alrededor de 8.000 peruanos son amputados cada año debido a complicaciones asociadas con la diabetes. En otras palabras, una persona pierde una extremidad cada hora y 10 minutos.
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Detrás de este panorama existe una cadena de fallas que comienza mucho antes de la cirugía. La falta de prevención, la escasa capacitación médica y el desconocimiento de las señales de alarma por parte de los pacientes terminan convirtiendo una lesión tratable en una amputación irreversible.
Un problema que llena hospitales
La evidencia más reciente proviene de un estudio multicéntrico realizado por especialistas peruanos y publicado en la revista científica PLOS One. La investigación analizó a 8.346 pacientes con diabetes hospitalizados en 39 hospitales públicos y encontró que uno de cada cinco ingresos hospitalarios estaba relacionado con complicaciones del pie diabético.
El estudio también identificó otro dato preocupante: el 88% de los pacientes tenía la diabetes mal controlada, una condición que incrementa considerablemente el riesgo de desarrollar lesiones graves en los pies.
Además, las regiones de la costa y la selva registraron una incidencia de pie diabético hasta tres veces mayor que la de los hospitales ubicados en la sierra.
Para la doctora Yudith Quispe Landeo, directora del Instituto de Investigación y Salvataje del Pie Diabético del Perú (SALVAPIED), estas cifras evidencian una falla estructural del sistema sanitario.
"Refleja un déficit de atención en el primer nivel de salud. Hay una falta de prevención y de personal capacitado para atender oportunamente a los pacientes con diabetes", explica la especialista a La República.
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La ventana para salvar un pie dura apenas dos días
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es que solo el 36% de los pacientes con infecciones graves recibió tratamiento quirúrgico dentro de las primeras 48 horas, considerado el tiempo crítico para intentar salvar la extremidad.
La demora tiene consecuencias severas. "Lo ideal es intervenir dentro de las primeras 24 a 48 horas. Después de ese periodo, el riesgo de amputación aumenta entre un 70% y un 80%", advierte Quispe.
La especialista enfatiza que recibir una atención rápida no garantiza que siempre pueda evitarse la amputación, pero sí incrementa significativamente las posibilidades de preservar la extremidad.
El primer síntoma no siempre es una herida
Contrario a lo que muchas personas creen, el pie diabético no comienza necesariamente con una úlcera visible.
Los primeros signos suelen ser mucho más sutiles:
- Enrojecimiento de la piel.
- Sensación de calor en alguna zona del pie.
- Inflamación.
- Cambios en el color de la piel.
- Aparición de callos o deformaciones.
"Cuando ya existe una úlcera, la lesión ha avanzado. Muchas veces el problema empezó antes con un callo o una deformación que nadie atendió", señala la especialista.
Por ello, insiste en que las personas con diabetes deben revisar diariamente sus pies y acudir inmediatamente al médico ante cualquier cambio.
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"No siempre la solución es amputar"
En los hospitales públicos es frecuente escuchar testimonios de pacientes que aseguran haber recibido como primera opción la amputación.
Aunque Quispe reconoce que existen casos en los que la cirugía resulta inevitable para salvar la vida del paciente, considera que muchas decisiones podrían evitarse si existiera mayor capacitación especializada.
"La amputación no puede convertirse en la salida más sencilla. Muchas veces refleja una falta de entrenamiento del personal de salud en el manejo del pie diabético", afirma.
Añade que en el Perú no existe una subespecialidad formal en pie diabético, lo que limita la formación específica de muchos profesionales que atienden estos casos.
El estudio revela también que casi siete de cada 10 pacientes con pie diabético son hombres. La especialista explica que esto no responde a una predisposición biológica, sino principalmente a diferencias en los hábitos de vida.
"En general, los hombres suelen tener menor control de su diabetes, menos seguimiento médico y hábitos menos saludables, factores que incrementan el riesgo de complicaciones", precisa.
¿Cada cuánto debe revisarse una persona con diabetes?
La frecuencia de los controles depende del historial clínico del paciente. Quienes tienen diabetes, pero nunca han sufrido lesiones o amputaciones, deberían realizarse una evaluación especializada al menos una vez al año.
Sin embargo, aquellos que ya perdieron un dedo, presentan enfermedad renal, problemas cardiovasculares o antecedentes de úlceras necesitan controles mucho más frecuentes, incluso mensuales.
Como parte de la prevención, Quispe recomienda medidas sencillas que pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollar lesiones:
- Nunca caminar descalzo.
- Revisar diariamente ambos pies.
- Utilizar medias blancas sin elásticos ajustados.
- Escoger zapatos de punta redonda que no compriman los dedos.
- Mantener un adecuado control de la diabetes.
- Acudir inmediatamente al médico ante cualquier cambio en la piel.
"La amputación es solo la punta del iceberg. Debajo hay callos, deformaciones y lesiones que pudieron tratarse a tiempo", sostiene.
El reto pendiente para el próximo gobierno
Con 2,8 millones de peruanos viviendo con diabetes y miles de amputaciones cada año, la especialista considera que el país necesita convertir la prevención del pie diabético en una política pública.
Entre las principales medidas propone fortalecer el primer nivel de atención con personal entrenado, implementar campañas periódicas de despistaje, educar a los pacientes sobre el autocuidado y mejorar el equipamiento de los establecimientos de salud, especialmente en la costa y la selva.
"Las amputaciones no solo significan perder una extremidad. También generan discapacidad, dependencia, problemas emocionales, afectan a toda la familia y elevan los costos para el sistema de salud. El Perú puede cambiar esta realidad si decide prevenir antes que amputar", concluye.
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