Más allá de una “broma”: el 'body shaming' afecta la salud mental de 6 de cada 10 mujeres en Perú
La crítica constante sobre el cuerpo, normalizada en distintos espacios sociales, sigue afectando la autoestima y la salud mental de miles de peruanas.
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Kiara tiene 19 años y evita ir de compras. No es que no le guste la ropa, sino todo lo que viene con la experiencia: no encontrar su talla, pedir ayuda y recibir miradas incómodas, sentir que ese espacio no está pensado para ella. Pero lo que más le pesa no ocurre en las tiendas.
Desde niña, escuchó comentarios sobre su cuerpo en casa, en el colegio y entre amistades. “Si bajas unos kilos te verías mejor”, le repetían. Con el tiempo, esas frases dejaron de ser comentarios aislados y se convirtieron en una forma de verse a sí misma. Hoy, reconoce que le cuesta sentirse cómoda con su cuerpo.
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Como Kiara, miles de mujeres en el país atraviesan situaciones similares. En el Perú, 6 de cada 10 afirman haberse sentido mal por comentarios sobre su apariencia física, según la encuestadora Ipsos. El body shaming —opinar, criticar o burlarse del cuerpo ajeno— sigue presente en lo cotidiano, muchas veces disfrazado de broma o preocupación.
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Cuerpos que se marginan
Para la antropóloga feminista Natali Córdova, esto no es casual. “Se han instalado estándares de belleza muy específicos, asociados a la delgadez y a ciertos rasgos, que además se vinculan con ideas como disciplina o éxito personal”, explica. Esos mensajes, añade, no solo vienen de los medios, sino que se aprenden desde la infancia.
En ese sentido, añade que el cuerpo femenino se convierte en un espacio de control social. “La cultura de las dietas, el ejercicio y la moda forman parte de dinámicas del capitalismo y el patriarcado que buscan regular cómo deben verse las mujeres. Esto se reproduce en la familia, en la escuela y en los grupos de pares, donde el bullying es frecuente”, advierte.
Jessica Huertas, psicóloga, pone el foco en cómo impacta esto en la vida emocional. “Todos tenemos una necesidad de pertenecer, de ser aceptados. Cuando el entorno te dice que tu cuerpo no encaja, eso afecta directamente la autoestima”, señala. En ese intento por adaptarse, muchas mujeres terminan forzando cambios físicos. “En momentos donde la delgadez extrema se ha visto como ideal, han aparecido problemas como anorexia o bulimia”, advierte.
Las consecuencias, agrega, van más allá: ansiedad, depresión, miedo, aislamiento social y trastorno dismórfico corporal. “No es algo superficial, es una forma de violencia de género que ocurre todos los días”, sostiene.
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Una cultura que debe cambiar
En la misma línea, la psicóloga feminista Omayra Chauca advierte que esta práctica está profundamente normalizada. “Vivimos en una sociedad gordofóbica, donde se cree que solo ciertos cuerpos —delgados, esbeltos— son aceptables”, explica. Esto, dice, termina funcionando como una regla no escrita que también se reproduce dentro de las familias.
“Cuando no encajas en ese estándar, sientes que no puedes usar cierta ropa, ocupar ciertos espacios o incluso mostrarte tal como eres”, añade. Esa sensación, explica, puede generar inseguridad, rechazo hacia el propio cuerpo e incluso llevar a conductas de riesgo como trastornos alimentarios.
Kiara lo ha sentido así. No solo en los comentarios directos, sino en pequeñas situaciones cotidianas que le recuerdan que no cumple con ese “ideal”. Como ella, muchas mujeres enfrentan no solo palabras, sino también silencios, miradas y experiencias que pesan.
Las redes sociales, coinciden las especialistas, han intensificado esta presión. Plataformas como Instagram o TikTok difunden modelos corporales difíciles de alcanzar, especialmente entre adolescentes. “Hay jóvenes que aún no terminan de desarrollarse y ya sienten la necesidad de modificar su cuerpo para encajar”, alerta Huertas.
Frente a este panorama, expertas coinciden en la necesidad de una respuesta integral que involucre a familias, escuelas, medios y autoridades. Cuestionar los estándares de belleza y dejar de normalizar los comentarios sobre el físico ajeno son pasos clave para reducir el impacto de esta problemática.
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