Uno de cada cuatro peruanos padece obesidad: ultraprocesados y sedentarismo entre las causas
El problema ya no es estético ni individual: expertos alertan que el país enfrenta una bomba cardiometabólica que eleva casos de diabetes e hipertensión a edades cada vez más tempranas.
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En el marco del Día Mundial de la Obesidad, especialistas advirtieron que esta enfermedad continúa en aumento en el Perú y ya afecta aproximadamente al 30% de la población adulta, lo que equivale a uno de cada cuatro ciudadanos. Si se suma el sobrepeso, la situación alcanza al 73% de peruanos, según estimaciones del Atlas Mundial de Obesidad 2025.
Para la exdecana del Colegio de Nutricionistas de Lima, Jessica Huamán, el análisis no debe centrarse únicamente en la balanza. “Se ha tenido el estigma de que solo el peso es un indicador para determinar alguna falla, pero no es así”, afirmó. Explicó que es clave evaluar la salud metabólica —glucosa, presión arterial, perfil lipídico y grasa visceral— porque cualquiera puede presentar alteraciones.
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Requiere tratamiento
En la misma línea, la Dra. Mayra Guerrero, vocera de Adium y especialista en Medicina Interna y Diabetología, subrayó que el exceso de peso ya no puede verse solo como un factor de riesgo. “Ya ha sido aceptado como una enfermedad crónica”, señaló. Precisó que la acumulación excesiva de grasa corporal impacta directamente en el individuo y confiere múltiples males asociados.
“Amerita tratamiento a largo plazo, tanto farmacológico como no farmacológico”, añadió, al indicar que al abandonarlo, muchos pacientes recuperan la masa perdida. A pesar de ello, reconoció que no todos los pacientes que requieren medicina la reciben. Señaló que algunas referencias indican que solo alrededor del 10% accede a estas terapias.
Afecciones vinculadas
Huamán indicó que el 40,1% de mayores de 15 años en el país presenta obesidad, diabetes o hipertensión, condiciones que pueden coexistir y potenciar complicaciones. “La penúltima puede traer insuficiencia renal o ceguera, y la última puede causar derrames cerebrales y acortar la esperanza de vida”, sostuvo.
Guerrero agregó que es fundamental identificar signos de alerta como glucosa elevada, triglicéridos altos, colesterol HDL bajo, presión arterial elevada y aumento de la circunferencia abdominal. También mencionó ronquidos o pausas respiratorias durante el sueño, fatiga al caminar, dolor en rodillas y alteraciones menstruales. “Son señales de que ya está ocasionando problemas”, remarcó.
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Ultraprocesados, sedentarismo y niñez en riesgo
Huamán advirtió que el aumento sostenido está vinculado al consumo creciente de ultraprocesados y al estilo de vida. “La alimentación se está basando en productos llenos de edulcorantes y sodio, lo cual altera el metabolismo. Incluso hace poco se detectó grandes niveles de azúcar en las fórmulas para bebés”, indicó.
Añadió que en el país “hay mucho sedentarismo y eso también es predominante”. La situación también preocupa en la infancia: alrededor del 38% de niños presenta sobrepeso u obesidad, proporción que en Lima Metropolitana supera el 44%. Además, recordó que puede existir una triple carga nutricional. “Un niño puede tener desnutrición crónica, anemia y además peso elevado; no son excluyentes”, explicó.
Asimismo, alertó que solo el 8,9% de peruanos consume la cantidad suficiente de frutas y verduras al día, lo que reduce el aporte de fibra necesaria para regular glucosa y grasas en sangre. La experta cuestionó las dietas difundidas en redes sociales sin respaldo científico. “No existen dietas mágicas; estas pueden afectar la salud si no hay orientación profesional”, enfatizó.
Sin embargo, el estigma también es un factor que retrasa la curación. “Todavía existen creencias de que hay una falta de voluntad del individuo, como si fuera culpa de la persona”, afirmó Guerrero. Según explicó, esto genera que muchos pacientes eviten acudir a consulta.
Prevención y llamado a hablar
Por su parte, Guerrero hizo un llamado a romper el silencio y consultar a tiempo. “Tenemos que entender que esto es una enfermedad, que no es falta de voluntad y que debemos buscar ayuda”, señaló. En esa línea, destacó la campaña que promueven: “Hablar te quita un peso de encima”, con el objetivo de que las personas pierdan el miedo a conversar con su médico.
Las especialistas coincidieron en que frenar la problemática requiere políticas públicas sostenidas, campañas de tamizaje, educación alimentaria, acceso a tratamientos basados en evidencia y un enfoque multidisciplinario que incluya actividad física y salud mental.
Ellas recomendaron reforzar la educación nutricional desde la escuela y garantizar quioscos saludables en instituciones educativas. Asimismo, sostener y evaluar el impacto del etiquetado frontal de advertencias en alimentos procesados, así como regular la publicidad dirigida a niños y adolescentes.
Por último, alertaron que en el primer nivel de atención se requiere mayor disponibilidad de endocrinólogos y equipos multidisciplinarios en centros públicos, además de programas de tamizaje periódico. Sin ello, advierten, el país continuará asumiendo altos costos sanitarios y económicos derivados de afecciones prevenibles asociadas al diagnóstico.
Mayor riesgo en la adolescencia
Un estudio longitudinal internacional reveló que, en el caso peruano, crecer en un hogar con mayores recursos económicos durante la primera infancia duplica el riesgo de desarrollar sobrepeso u obesidad en la adolescencia. La investigación —basada en datos del proyecto Young Lives y que siguió a niños desde los primeros meses de vida hasta los 15 años en Perú, India, Vietnam y Etiopía— encontró que el país registró la mayor frecuencia anual de nuevos casos entre los cuatro evaluados.
Tras ajustar por otras variables, los investigadores estimaron que los adolescentes peruanos provenientes de hogares más acomodados tuvieron el doble de riesgo frente a aquellos de menores ingresos. “El Perú y la India han tenido un crecimiento económico más acelerado. Eso hace que los hogares con más ingresos tengan mayor acceso a alimentos, pero no necesariamente a alimentos saludables”, explicó José Augusto Chaquila, uno de los autores del estudio y egresado de la Maestría de Epidemiología Clínica y Bioestadística de la Universidad Científica del Sur.
En el marco de la llamada transición nutricional, añadió, “la oferta alimentaria en países de ingresos medios sigue estando dominada por productos ultraprocesados, densos en calorías y pobres en nutrientes. Entonces, tener más dinero no significa comer mejor, sino muchas veces comer más de lo que hace daño”.
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