Colectivos feministas sobre denuncia por abuso sexual de jugadores de Alianza Lima: ''No es indisciplina, es delito''
El club separó temporalmente a Carlos Zambrano, Miguel Trauco y Sergio Peña mientras se realizan las investigaciones. Organizaciones feministas exigen sanciones y un compromiso real contra la violencia de género.
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La denuncia por presunta violación sexual contra tres jugadores de Alianza Lima —Carlos Zambrano, Miguel Trauco y Sergio Peña— ha vuelto a poner sobre la mesa una realidad que atraviesa al país: la violencia contra la mujer no es un hecho aislado, sino un fenómeno estructural que se tolera, se relativiza y, muchas veces, se encubre.
Los hechos, según la denuncia, habrían ocurrido en Uruguay durante la estadía del equipo en el extranjero por compromisos deportivos. El club anunció la separación temporal de los futbolistas mientras duren las investigaciones. Sin embargo, para especialistas y colectivos feministas, el debate va mucho más allá del ámbito deportivo.
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“Tu palabra vale menos que el prestigio del agresor”
Para la directora de Proyecta Igualdad y abogada feminista, Brenda Álvarez, el tratamiento de este tipo de denuncias transmite un mensaje claro, aunque muchas veces no explícito: “Tu palabra vale menos que el prestigio, la camiseta o el capital simbólico de un deportista con poder”.
Advierte que esto refuerza estereotipos históricos vinculados a la violencia sexual: que las víctimas exageran o mienten, que la reputación del agresor sirve para poner en duda el relato y que denunciar implica exponerse al descrédito y al aislamiento. Desde un enfoque de derechos humanos, señala que esta lógica constituye violencia institucional y simbólica, pues revictimiza y limita el acceso real a la justicia.
Álvarez añade que el impacto es directo: “Cuando las denuncias se relativizan o ridiculizan, las víctimas leen el contexto y optan por callar. El mensaje es claro: si denuncias, te van a cuestionar más a ti que a quien te violentó”. En ese escenario, subraya que los clubes tienen una responsabilidad reforzada, ya que moldean liderazgos y culturas internas: “El silencio, la defensa automática o la negación no son neutralidad: son producción de impunidad”.

Si bien el club decidió separar a los jugadores, no se refirió a la denuncia ni condenó los hechos de presunto abuso sexual. Foto: AL.
Asimismo, desde el colectivo Manuela Ramos, la abogada Shely Cabrera cuestionó que situaciones de esta gravedad sean tratadas como simples faltas disciplinarias. “Un delito no es lo mismo que una indisciplina”, señaló, y advirtió que estos hechos ocurren en contextos de desigualdad, poder y vulnerabilidad, especialmente cuando los presuntos agresores tienen fama o reconocimiento público.
Añadió que estos casos deberían tener consecuencias inmediatas y que, mientras no exista una sentencia, debe hablarse con claridad de una denuncia y no minimizar lo ocurrido. Finalmente, sostuvo que la falta de un mensaje claro sobre erradicar la violencia y el tratamiento liviano del caso solo refuerzan la impunidad, por lo que consideró fundamental seguir opinando, visibilizando y cuestionando para evitar que la violencia se siga normalizando.
La directora de Flora Tristán, Liz Méndez, advirtió que la alta tolerancia social frente a este tipos de agresiones explica por qué los casos persisten sin mayores consecuencias. Recordó que, según la encuesta ENARES, más del 57% de los hombres peruanos mantiene creencias que justifican la violencia sexual, especialmente cuando se evalúa cómo iba vestida la víctima, si estaba en determinados espacios o si había consumido alcohol. Esta mirada, señaló, ''normaliza la agresión'' y termina ''responsabilizando a las mujeres'' por lo ocurrido, en lugar de poner el foco en el agresor.
Reacciones que generaron indignación: el discurso machista
Tras conocerse la denuncia, algunas declaraciones públicas generaron fuerte rechazo en redes sociales. El periodista deportivo Pedro García señaló en un programa de podcast: “Todos somos humanos, la condición humana nos hace cometer errores, como cristiano no voy a condenar a nadie”. Para los colectivos feministas, este tipo de expresiones banaliza una denuncia por violación al equipararla con un “error”.
Más grave fue la declaración del exjugador Juan ‘Chiquito’ Flores, quien afirmó en otro podcast: “Yo también he sido futbolista. Si una mujer va contigo a un hotel, no es solo para mirarse las caras. Si una mujer va, es por algo”. Sus palabras fueron duramente criticadas por los cibernautas por normalizar la violencia sexual y revictimizar a la denunciante.
Sobre ello, la abogada Álvarez remarca que los medios y formadores de opinión cumplen un rol clave, porque la forma en que informan, lo que ponen en duda y a quién le dan credibilidad influye directamente en que otras víctimas se animen —o no— a denunciar.
Para la exministra de la Mujer, Diana Miloslavich, estos comentarios no son una novedad: ''Es lo que siempre escuchamos en estos casos... Siempre culpabilizar a las mujeres. Ellos son hombres adultos que saben que no se puede violar a nadie... Ser invitada a un hotel no es una invitación a la violación'', precisó. Ella afirmó que las declaraciones expresan el machismo y la tolerancia a la violencia: ''Vivimos en una sociedad patriarcal que, antes de que se investiguen los hechos, ya la presunta víctima está siendo condenada públicamente. Es indignante y una vergüenza''.
En la misma línea, la abogada Cabrera sostuvo que este caso refleja cómo la violencia sexual sigue siendo normalizada en el país. Señaló que aún persiste la búsqueda de una “víctima perfecta”. “No importa la ropa, no importa cómo estaba vestida: si ha habido un acto sin consentimiento, es una violación sexual”, remarcó, al advertir que este tipo de discursos solo contribuyen a la revictimización y a que los casos se minimicen.
La directora del Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, Liz Méndez, señaló que para la joven será mucho más complicado seguir adelante con su denuncia, debido a la prominencia de los jugadores. ''(Denunciar) ya es difícil para una mujer cuando el agresor pertenece a su entorno, pero lo es aún más cuando se trata de personas con poder económico o simbólico, que suelen ser defendidas o excusadas'', señaló-.
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Colectivos feministas exigen sanciones y fin de la impunidad
Diversas organizaciones feministas se pronunciaron con firmeza frente al caso. Desde Flora Tristán señalaron que: “La violencia sexual es una grave problemática en el país. Ninguna institución puede ser indiferente frente a estos delitos. Exigimos que los clubes deportivos rechacen estas prácticas, evalúen los antecedentes de sus jugadores y que las investigaciones continúen con diligencia para que no haya impunidad. ¡No más violencia!”.

Flora Tristán afirmó que la violencia sexual no puede quedar impune. Foto: Instagram.
En la misma línea, el movimiento Manuela Ramos expresó: “Ante la denuncia por violencia sexual en contra de tres futbolistas peruanos, desde Manuela Ramos alzamos la voz para exigir a las instituciones deportivas un compromiso real con la denuncia y sanción de la violencia de género. Las mujeres tenemos derecho a vivir en espacios seguros y libres de violencia. ¡Basta ya de impunidad para nuestros agresores!”.

Manuela Ramos indicó que se trata de un delito, no de un caso de indisciplina. Foto: Instagram.
El pronunciamiento del MIMP ante un escenario de violencia
Ante la polémica, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) emitió un comunicado en el que condenó de manera firme toda forma de violencia sexual, señalando que estos hechos no deben ser ''tolerados ni normalizados bajo ninguna circunstancia''.
El ministerio expresó su expectativa de que las acciones judiciales se desarrollen con celeridad y que se garantice el acceso pleno a la justicia. Asimismo, exhortó a las instituciones deportivas a fortalecer sus acciones de prevención y a promover entornos seguros, considerando la influencia que el deporte tiene en niñas, niños y adolescentes.

El Ministerio de la Mujer se pronunció sobre los hechos. Foto: Captura X.
No obstante, especialistas advierten que los pronunciamientos oficiales resultan insuficientes si no se traducen en medidas concretas y sostenidas. La exfuncionaria Miloslavich indicó: ''Tiene que haber una investigación exhaustiva y rápida. Este es un delito''.
Para ella, la situación completa es un mensaje a todas las mujeres que están siendo violentadas en el país: ''Creo que eso hace mucho daño en un país donde hay una violación sexual cada 39 minutos. En lugar de exigir sanciones a los responsables, hay voces que quieren pasar por alto el hecho de que es un hecho gravísimo''.
Las cifras oficiales reflejan la magnitud del problema. De acuerdo con la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2024:
- El 48,4 % de mujeres ha sufrido violencia psicológica o verbal.
- El 25,5 % ha sido víctima de agresiones físicas.
- El 5,6 % ha sufrido violencia sexual.
En el caso de niñas, niños y adolescentes, el panorama es aún más alarmante: entre 2017 y 2022 se registraron más de 74.000 denuncias por violencia sexual, un promedio de 34 casos diarios. Estas cifras evidencian que no se trata de hechos aislados, sino de un patrón sostenido por la tolerancia social, la impunidad y la falta de prevención efectiva.
Liz Méndez sostuvo que esta tolerancia también se reproduce dentro de las instituciones públicas y privadas, donde muchas veces se justifica o minimiza la denuncia, lo que evidencia una grave falla en el ámbito de la prevención. Indicó que el Estado tiene la responsabilidad de implementar políticas claras para erradicar estas prácticas y garantizar que las denuncias sean atendidas con seriedad.
Un problema que excede al fútbol
Para especialistas, el caso de Alianza Lima no puede reducirse a un episodio aislado ni a una ''falta disciplinaria''. Se trata de un problema estructural que involucra al Estado, a las instituciones, a los clubes deportivos y a la sociedad en su conjunto. La violencia sexual, advierten, se sostiene cuando se minimiza, se relativiza o se guarda silencio. Y mientras eso ocurra, la impunidad seguirá siendo la regla.
La pregunta, entonces, no es solo qué ocurrió, sino qué tipo de país se sigue construyendo cuando la violencia sexual se normaliza y la voz de las víctimas sigue siendo puesta en duda.
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