La palabra final de Alfonso López Chau: “Temo por el Perú. Pueden llevarnos a la barbarie”
Tras su mitin de cierre de campaña, Alfonso López Chau, candidato presidencial de Ahora Nación, habla de sus temores por el Perú, de su recorrido, de sus promesas y de su discurso. La entrevista se realizó minutos después de su última actividad proselitista, afectada por un apagón de luces en la Plaza Dos de Mayo de la Municipalidad de Lima.
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El hombre de 75 años que quiere celebrar su próximo cumpleaños poniéndose la banda presidencial acaba de culminar una maratónica jornada política. Se le nota cansado. En sus últimas palabras públicas ha confesado que ha pasado días sin dormir, pero intenta sobreponerse y mostrar plena vitalidad. A medias, lo logra.
Ya en un escenario sin micrófonos y a pura insistencia, Alfonso López Chau le cede a La República diez minutos para una entrevista exclusiva. El tono expresado en una de las salas del local de la CGTP, en la que ahora está junto a sus candidatos a vicepresidentes Ruth Buendía y Luis Villanueva, es distinto al del acto público. Ya no hay gritos ni arengas. Ahora usa una voz calma y, tras pensar en una de las preguntas que le hacemos, confiesa: “Sí, temo por el Perú”.
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— ¿Cómo se siente tras este mitin de cierre? Ha habido intentos de la Municipalidad de Lima de evitar que pueda recibir el apoyo de sus seguidores.
— Yo me he enterado recién de esas maniobras para impedir el éxito de este mitin, pero siempre ocurre en el mundo que cuando una autoridad trata de intervenir para impedir, ocurre lo contrario. Hay un despliegue que hemos visto en Arequipa, en Cusco, Puno, Apurímac, Ica. Es impresionante. Uno termina en estos eventos aprendiendo y emocionándose, porque hay un contacto entre el pueblo que participa y el orador. Debo decir que positivo es mi saldo.
— ¿Lee las encuestas? ¿Por eso ha vuelto a recorrer el sur?
— Sí las leo, pero esto es como una final deportiva. El campeonato es hasta el final y hay que pelearlo.
— ¿Confía usted?
— Yo confío mucho por lo que he visto. A mí la calle me alienta.
— En una segunda vuelta se forjan alianzas. ¿Con quiénes podría entenderse? Parece que habrá un candidato del pacto en frente.
— Me enteré que el señor ex alcalde habría dicho que yo estoy buscando que la segunda vuelta sea con la señora Keiko Fujimori porque eso resultaría más cómodo. Me extraña. Cuando uno va a competir, está dispuesto a enfrentarse a cualquiera. Y en el caso del señor Aliaga, si ocurriera eso, sería interesante para el pueblo peruano. Él es católico y yo también. Él es economista y yo también. Habría que preguntarse cuáles son las diferencias.
— ¿Cree que López Aliaga, con sus declaraciones, representa esos valores que menciona de un ser cristiano que ama al prójimo?
— Aprendí joven una expresión de la Biblia: 'me dan ganas de vomitarte, porque no eres ni frío ni caliente'. El que quiere escuchar, que escuche. Yo lo que puedo decir es que es lamentable. Un líder político puede señalar a un sindicato, a un partido, a una persona, pero no a un pueblo indefenso. Eso fue calificado como una cobardía. ¿Por qué? Porque el pueblo es indefenso, y lo único que ha hecho es expresar su malestar por lo que se está viviendo. Si se lo dijera a una persona, esa persona le contestaría. Por ejemplo, si se lo dijera a un chalaco como yo, le contestaría.
— En esta etapa final, ¿usted ha radicalizado su discurso?
— Mi programa no ha cambiado. Es el mismo. Lo que pasa es que cuando uno recorre el país, recoge las opiniones del pueblo. Eso no significa no debatir. Yo siempre he dicho abiertamente que soy de centro izquierda, de izquierda democrática. Eso no es nuevo. Y lo mismo pasa con el Estado: debe recoger el clamor social para convertirse en un auténtico Estado de Derecho. Cuando el Estado se aleja del clamor social, se convierte en autoritario. Siempre hay una relación entre el pueblo y uno. ¿Quién crea los liderazgos? El pueblo. En última instancia es el pueblo. No es el líder el que manipula al pueblo.
— ¿Se ratifica en su propuesta sobre liberar a Pedro Castillo?
— Yo he planteado el indulto a todos los presos políticos sociales, sobre todo a la juventud, la de Puno, por ejemplo. Eso incluye al presidente Castillo. Es un marco general.
— Faltan pocos días para las elecciones. Le pido que me responda con una mano en el pecho: ¿Teme por el Perú?
— Sí, claro. Los líderes corruptos pueden llevar a un pueblo a la barbarie. El liderazgo puede llevar positivamente, con una élite bienhechora, al desarrollo. Pero las malas élites pueden llevar a un país a la barbarie. A un paso estamos.
— Para cerrar, un mensaje al país.
— Lo mismo que he dicho en la plaza. El pueblo tiene en sus manos hacer justicia democráticamente con su voto. Le toca decidir. Estoy seguro de que va a decidir por el bien.

























