Desertor de Corea del Norte revela financiamiento del programa nuclear mediante hackers, según The Wall Street Journal
Cabe indicar que el testimonio fue verificado por funcionarios surcoreanos y refleja hallazgos más amplios descritos en informes de las Naciones Unidas e investigadores independientes en ciberseguridad.
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"Soy ingeniero de software y tengo una gran oportunidad"; este era uno de los mensajes utilizados por Anton Koh, quien pertenecía a un grupo de ciberoperativos de élite de Norcorea, pero que desertó a Corea del Sur en los últimos años. The Wall Street Journal indica que su misión era generar divisas para Pyongyang mediante el robo de identidades extranjeras y lograr así conseguir empleos remotos.
Según estimaciones de la división Mandiant de Google, estos 'guerreros digitales' se infiltraron en cientos de empresas Fortune 500, Las más grandes de Estados Unidos. Además, un consorcio de 11 naciones documentó la presencia de más de 40 países como blancos de los ataques.
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El informe también revela que los agentes cibernéticos se encuentran principalmente en China y Rusia, debido a su conectividad y la dificultad de rastreo a Corea del Norte. El claro ejemplo es el caso de Koh, quien para una empresa en California era otra cara en la red de trabajadores remotos, con una dirección IP que se remontaba al Medio Oeste, pero que en realidad vivía en un dormitorio estatal chino.
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Intención y funcionamiento
El medio asegura que los principales objetivos se encuentran en las operaciones yankees debido a sus altos salarios y el valor que genera la recopilación de información. En busca de parecer más creíbles, realizaban pagos a ciudadanos americanos que alojan llamadas, conocidas como “granjas portátiles”. Solo en noviembre, el Departamento de Justicia declaró culpable a cuatro nacionales por ayudar a coreanos a mantener sus puestos en más de 136 empresas dentro del país.
“En el extranjero son la fuente de ingresos de la mano de obra ilegal, lo que ayuda a canalizar recursos hacia el programa nuclear de Pyongyang”, se precisa. Además, Nam Bada, jefe del grupo de derechos humanos norcoreano, Personas para la Reunificación Coreana Exitosa, cuenta que los participantes de esto "pueden financiar un misil”.
Una historia norcoreana
Considerado un prodigio en su país natal. Desde joven, las autoridades norcoreanas dirigieron a Koh hacia el desarrollo de software, tras aprobar los exigentes exámenes que le abrieron las puertas de una escuela secundaria de élite. Esta formación lo llevó a una universidad prestigiosa y, poco después de graduarse, decidió marcharse. Sin embargo, su llegada estuvo lejos de ser fácil.
En su nuevo entorno, las largas jornadas laborales eran la norma. Trabajaba hasta 16 horas diarias, compartiendo dormitorio con otros diez compatriotas. Esto en medio de paredes decoradas con los retratos de los líderes Kim.
Cada mes, su desempeño se evaluaba de manera rigurosa, y el gerente repartía sobres con las comisiones correspondientes. Si el sobre era más pequeño que el de sus compañeros, la humillación era inevitable. La constante vergüenza que sentía por no cumplir con las expectativas lo hacía experimentar una presión psicológica extrema, a tal punto que llegó a describirla como "paralizante".
Superioridad a cambio de trabajo
A pesar de las dificultades, Koh tenía acceso a una vida que la mayoría de sus similares no podría imaginar. Cuando cumplía con la cuota mensual de ingresos, disfrutaba de un día libre los domingos. En esos días compraba productos Nike o The North Face, según describe The Wall Street Journal.
Sin embargo, el cumplimiento de las cuotas se volvió cada vez más complicado. A medida que las operaciones de Corea del Norte ganaban notoriedad, algunos clientes comenzaban a exigir entrevistas en vivo y así verificar la labor, lo que ponía en peligro la fachada de anonimato.
Fue entonces que reclutó a desarrolladores occidentales dispuestos a solicitar trabajos en su nombre, incluso participando en videoconferencias. Estos, sin necesidad de hacer ninguna tarea real, recibían pagos o comisiones del 30%. Mientras tanto, se encargaba de la codificación y depuración de toda la operación.
Pandemia, un periodo de expansión
La COVID-19, junto con el avance de herramientas de inteligencia artificial, facilitó el desarrollo de los trabajadores de TI norcoreanos. La virtualidad se volvió más común, y el uso de tecnologías que ocultan la identidad permitió que las conexiones fueran más discretas. Durante este período, el régimen de Kim incrementó la cuota mensual a 8.000 dólares.
El aumento de beneficios permitió que Koh, al igual que muchos, aceptara más trabajos, ya no solo desarrollando software, sino también traduciendo textos al inglés y gestionando equipos.
El relato de Koh coincide con el de Mun Chong-hyun, experto surcoreano en ciberseguridad, quien estudió a fondo las actividades en línea de los extrabajadores de TI. Este observó durante más de dos décadas cómo la mayoría de estos provienen de instituciones de élite, hablan idiomas extranjeros y tienen como objetivo conseguir empleos en Estados Unidos. Según Mun, estos trabajadores generaban una cantidad significativa de dinero, contribuyendo así a la economía norcoreana y, en última instancia, a la estabilidad del régimen de Kim.
























