La OMS enfrenta su mayor fragilidad ecónomica tras la salida de EE. UU.
SEGÚN CNN. La administración del presidente estadounidense Trump apuesta por la inteligencia para ganar influencia inmediata antes de reabrir formalmente la embajada en Caracas tras la captura de Nicolás Maduro.
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El 20 de enero de 2025, durante el primer día de su segunda administración, Donald Trump inició el plan para concretar una de sus promesas de campaña más criticadas: la salida de Estados Unidos como miembro de la Organización Mundial de la Salud. Sonriendo ante la prensa, el republicano justificó su decisión señalando lo que llamó un deficiente trabajo de la OMS durante la crisis del Covid-19, además de afirmar que las contribuciones de su país eran desproporcionadas en comparación con las de otras potencias, como China.
Casi un año después, el gobierno de Trump dio por concretada la salida del mayor contribuyente financiero de la OMS, lo que pone a la organización en uno de sus momentos más delicados en décadas, lo cual, además, abre un frente político que impacta en la cooperación sanitaria internacional, la vigilancia de brotes y la preparación ante futuras pandemias.
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La OMS habla de información falsa
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, advirtió que el desfinanciamiento de Washington vuelve al mundo “menos seguro”, pues este era responsable de contribuir con ingresos mayores a los 958 millones de dólares. En este sentido, sostuvo que los argumentos esgrimidos “son falsos” y defendió el rol de la organización durante la pandemia, en un contexto en el que muchos gobiernos, incluidos países con sistemas de salud avanzados, adoptaron respuestas tardías.
Las críticas desde Estados Unidos incluyeron señalamientos directos sobre el uso de mascarillas, las campañas de vacunación y las restricciones sanitarias. El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., llegó a sugerir que la OMS era responsable de muertes en residencias de ancianos y del cierre de pequeños negocios. La agencia respondió que nunca impuso políticas a los países y que sus recomendaciones se basaron en la evidencia científica disponible en cada etapa.
Deuda millonaria
La salida de Estados Unidos implica un golpe financiero inmediato. Según cifras de la OMS, EE. UU. adeuda alrededor de 260 millones de dólares correspondientes a las cuotas de 2024 y 2025. Cuando el país se incorporó a la organización en 1948, se reservó el derecho de retirarse con un año de preaviso, siempre que cumpliera con sus obligaciones financieras.
El gobierno estadounidense sostiene que la legislación interna no exige saldar la deuda antes de completar la retirada. Un alto funcionario del Departamento de Salud afirmó en una llamada con la prensa que no existía obligación legal de pagar los atrasos. Para la organización, en cambio, el incumplimiento agrava una situación ya crítica y limita su capacidad operativa.
Entre 2022 y 2023, Estados Unidos aportó cerca de 1.300 millones de dólares a la OMS, lo que lo convirtió en su principal donante. El presupuesto anual de la organización ronda los 6.800 millones de dólares. La pérdida de ese flujo de recursos ya provocó recortes internos y la eliminación de puestos de trabajo, según confirmaron fuentes del organismo.
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Lawrence Gostin, director del centro colaborador de la OMS sobre derecho sanitario en la Universidad de Georgetown, describió el proceso como “un divorcio muy complicado”. En su opinión, la organización carece de mecanismos coercitivos para exigir el pago, aunque podría mantener a Estados Unidos como miembro inactivo con una factura pendiente. La cuestión legal figura en la agenda de la próxima asamblea de la OMS, prevista para mayo.
¿Qué pierde la salud mundial?
El impacto de la retirada estadounidense se extiende más allá de las finanzas. Expertos en salud pública alertan sobre riesgos concretos para programas clave y para la coordinación global ante emergencias sanitarias. La OMS destacó que su labor abarca la lucha contra la polio, el VIH/SIDA, la malaria, la tuberculosis y el control del tabaco, además de la respuesta a brotes como el ébola o el mpox.
Ronald Nahass, presidente de la Sociedad Americana de Enfermedades Infecciosas, calificó la decisión como “una imprudencia científica”. En declaraciones recogidas por medios estadounidenses, advirtió que, sin la vigilancia internacional de la influenza y el intercambio de datos coordinado por la OMS, Estados Unidos quedaría menos preparado para adaptar las vacunas anuales a las cepas circulantes.
Ashish Jha, excoordinador de la respuesta al covid-19 durante la presidencia de Joe Biden, sostuvo que la salida “dañará no solo la salud de las personas en todo el mundo, sino también el liderazgo y la destreza científica de Estados Unidos”. Para Jha, la cooperación multilateral resulta clave en un escenario donde los patógenos cruzan fronteras con rapidez.
Tras la pandemia, los Estados miembros de la OMS acordaron un tratado internacional sobre pandemias, diseñado para mejorar la prevención, la preparación y la respuesta ante futuras crisis, con énfasis en el acceso equitativo a vacunas y medicamentos. El acuerdo se cerró en abril del año pasado con el respaldo de todos los países, excepto Estados Unidos.
El origen del quiebre entre Trump y la OMS
El distanciamiento entre Donald Trump y la OMS se remonta a su primer mandato. Durante la pandemia de covid-19, el entonces presidente acusó a la organización de ser “chinacéntrica” y de manejar de forma deficiente la crisis originada en Wuhan. En 2020, Trump ya había iniciado un proceso de retirada que luego fue revertido por Joe Biden.
Las críticas a la respuesta estadounidense durante la pandemia, sin embargo, apuntaron en otra dirección. Drew Altman, exfuncionario de salud pública, escribió en 2020 que la elevada tasa de mortalidad en Estados Unidos se vinculó a una respuesta desigual a las recomendaciones de la OMS sobre mascarillas y distanciamiento social. “La decepcionante respuesta de Estados Unidos al covid-19 se debe a un fracaso de las políticas y del liderazgo”, afirmó.
Un estudio publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos también señaló una “respuesta federal lenta y mal gestionada” durante la administración Trump.
Estados y aliados buscan alternativas
Ante la retirada federal, algunos estados de Estados Unidos comenzaron a explorar vías para mantener vínculos con la arquitectura sanitaria internacional. California se convirtió en el primer estado en unirse a la Red Mundial de Alerta y Respuesta ante Brotes Epidémicos de la OMS (GOARN), una plataforma creada en 2000 para coordinar la detección y respuesta a emergencias de salud pública.
La doctora Erica Pan, directora del Departamento de Salud Pública de California, explicó que la participación en GOARN permite acceder a información temprana sobre brotes y a la plataforma de Inteligencia Epidémica de la OMS, que analiza fuentes abiertas en busca de señales de alerta. “Nos ayuda a anticipar las amenazas con mayor antelación”, afirmó, en un contexto de menor orientación federal.
El gobernador Gavin Newsom calificó la retirada de la OMS como “una decisión imprudente” y sostuvo que el estado no aceptará “el caos” derivado de esa política. Illinois anunció que evalúa seguir el mismo camino. No obstante, la OMS aclaró que la membresía plena se limita a los gobiernos nacionales, aunque algunas redes técnicas admiten a otros actores.
Desde Washington, el Departamento de Estado indicó que Estados Unidos establecerá acuerdos bilaterales con unos 60 países para garantizar la vigilancia de enfermedades y el intercambio de patógenos. Funcionarios admitieron que aún no existen detalles sobre esos vínculos y que no hay planes actuales para reincorporarse a la OMS. “Estados Unidos está trazando su propio rumbo”, señaló el Departamento de Salud.
Incluso voces conservadoras plantearon matices. Brett Schaefer, del American Enterprise Institute, consideró que Estados Unidos debería seguir participando en plataformas de información de la OMS para asegurar acceso a datos clave. Replicar esos sistemas fuera del organismo, dijo, resultaría ineficiente.
En paralelo, la Unión Europea instó a Washington a reconsiderar su postura y pidió a los Estados miembros reforzar su apoyo financiero. Argentina también anunció su intención de abandonar la organización, lo que añade presión a un sistema multilateral ya tensionado.






















