¿Quiénes son más chismosos, hombres o mujeres? La ciencia revela quién cotillea más y por qué lo hacemos
Un artículo de BBC revela que este grupo pasa 52 minutos diarios en conversaciones sobre personas ausentes.
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El cotilleo acompaña a la humanidad desde tiempos ancestrales como un elemento clave de la vida social en diversas culturas. Un artículo de BBC News Mundo detalla que este comportamiento impacta de forma positiva o negativa en la reputación y los vínculos afectivos, y abarca desde charlas ligeras hasta rumores dañinos. Lejos de constituir un simple pasatiempo o un acto moralmente cuestionable, antropólogos y psicólogos lo consideran un fenómeno que trasciende edades, ubicaciones geográficas y posiciones socioeconómicas.
Esta cobertura expone que la práctica no se limita a hablar mal de alguien ausente, sino que funciona como un intercambio de información valiosa sobre decisiones o lazos comunitarios. El texto destaca cómo el chisme opera como una herramienta antropológica crucial. De este modo, la interacción colectiva redefine su propósito al transformar las conversaciones cotidianas en un mecanismo fundamental para la cohesión y el entendimiento dentro de cualquier grupo humano.
¿Quiénes son más chismosos, hombres o mujeres?
Un mito popular asegura que un sexo habla más de terceras personas que el otro. Sin embargo, investigaciones científicas en sociología y psicología derriban esta creencia al demostrar que ambos grupos dedican un tiempo similar a las conversaciones sobre individuos ausentes y que solo varía el contexto de la charla.
De hecho, los datos revelan que la población pasa aproximadamente 52 minutos diarios en este tipo de interacción social. La mayoría de estos diálogos tiene un carácter neutral y solo una mínima parte es negativa, lo cual convierte este hábito en una herramienta de intercambio informativo y no en un defecto moral.
Finalmente, la frecuencia de este comportamiento no cambia de forma significativa entre comunidades. Al respecto, la antropóloga Nicole Hagen Hess resalta la universalidad de la práctica al declarar que “el chisme está presente en todos nosotros y en cada cultura cuando se dan las circunstancias adecuadas”.
¿Cuál es la razón por la que los seres humanos cotilleamos, de acuerdo con la ciencia?
La explicación científica vincula el origen de esa conducta con teorías evolutivas enfocadas en la cohesión grupal y la supervivencia colectiva. Dicho comportamiento surgió como una herramienta eficaz para transmitir datos de valor sobre reputaciones ajenas, alianzas estratégicas y riesgos latentes en el entorno comunitario. De esta manera, el intercambio de información facilitó la adaptación y el desarrollo de las primeras sociedades.
Varios antropólogos señalan que, en las comunidades primitivas, compartir detalles sobre terceros ayudaba a reforzar las normas sociales, fortalecer relaciones de confianza y advertir sobre posibles amenazas. Por lo tanto, hablar de otros individuos cumplió un rol crucial que supera la simple búsqueda de entretenimiento.
Asimismo, este hábito sirve para regular el patrón colectivo y preservar la armonía social en las interacciones cotidianas actuales. El proceso resulta clave al momento de gestionar la propia imagen pública, evaluar la fiabilidad de los allegados y tomar decisiones acertadas en ámbitos personales o económicos.



































