Científicos chinos convierten cáscaras de pitahaya en un elemento clave para las baterías de autos eléctricos y aeronaves
Este innovador método propone un uso sostenible y económico de residuos agrícolas, con potencial en tecnologías modernas.
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Científicos de la Universidad Lingnan y la Universidad Normal de Zhejiang, en China, han desarrollado un método innovador para convertir residuos de cáscara de pitahaya en una película de carbono funcional para optimizar acumuladores energéticos. El trabajo, publicado en la revista Journal of Energy Chemistry, propone un uso sustentable y de bajo costo para un residuo agrícola abundante, con potencial aplicación en tecnologías de alta demanda como vehículos eléctricos y aeronaves.
Este avance científico aborda uno de los mayores desafíos en baterías de litio‑azufre —un tipo de acumulador prometedor por su elevada densidad energética—, al utilizar una biomasa que normalmente se descarta para producir materiales activos que favorecen la conducción y la estabilidad del material. La investigación es un ejemplo del creciente interés por desarrollar soluciones ecológicas y competitivas para el almacenamiento de energía que puedan escalarse en industrias que exigen gran autonomía y bajo peso.
El proceso y el resultado
Los científicos realizaron el proceso de carbonización con las cáscaras de pitahaya en un solo paso. El método térmico, realizado en atmósfera inerte, permitió transformar el residuo en una película autoportante con estructura porosa y rica en grupos funcionales de oxígeno.
La película de carbono resultante se posicionó como una capa funcional en las baterías, actuando como barrera para la difusión de polisulfuros de litio —especies solubles que degradan el rendimiento de este tipo— y mejorando la dinámica de transporte electrónico.

Así es el proceso de transformación de las pitahayas hasta las baterías. Foto: IA/ChatGPT
Cuando los investigadores compararon electrodos de azufre con y sin esta capa intermedia, observaron que los cátodos con lámina de carbón derivada de la fruta del dragón mostraron capacidades de descarga superiores y mayor estabilidad en ciclos de carga y descarga, confirmando la efectividad del material en condiciones de operación prolongada.
Otros alimentos clave para las baterías
Frutas como la naranja destacan en este ámbito, pues sus cáscaras permiten la extracción de metales críticos —litio, cobalto, níquel y manganeso— de celdas usadas. De acuerdo a un estudio en la revista Environmental Science & Technology, este método facilita la recuperación de insumos con una eficiencia similar a los procesos industriales tradicionales, pero bajo un esquema de menor impacto ambiental. Los plátanos, las granadas y los maníes también son cruciales.
El procesamiento de desechos vegetales produce carbono activado de alto rendimiento, un elemento clave para electrodos y supercapacitores. Esta tendencia emergente posiciona a los subproductos alimentarios como una alternativa ecológica frente a las materias primas convencionales. La investigación confirma que la conversión de biomasa en compuestos funcionales impulsa el desarrollo de baterías más económicas. La utilización de restos orgánicos constituye un pilar estratégico hacia una tecnología de almacenamiento de energía con mayor compromiso ambiental.
Objetos que funcionan con baterías de litio‑azufre
Estos materiales (Li‑S) todavía se encuentran en etapa de investigación y prototipos, pero su alta densidad energética y bajo peso las posiciona como candidatas atractivas para aplicaciones donde estos atributos son críticos.
- Drones de largo alcance para aplicaciones comerciales y militares.
- Satélites y vehículos aeroespaciales no tripulados que requieren sistemas ligeros.
- Aeronaves o autos eléctricos con autonomía extendida.
- Equipos portátiles y dispositivos electrónicos de próxima generación.
























