
El 90 % de los casos de suicidio se encuentran relacionados con la depresión, ansiedad, y otros trastornos psiquiátricos. Sin embargo, menos de una cuarta parte de quienes buscan atención psicológica son varones. Por años, la salud mental masculina permaneció en segundo plano. Mientras la sociedad peruana ha comenzado a hablar con mayor apertura sobre ansiedad, depresión y bienestar emocional, miles de hombres continúan enfrentando estas dificultades en silencio.
Las cifras reflejan una tendencia preocupante. Según datos del Ministerio de Salud (Minsa), los casos de depresión diagnosticados en hombres pasaron de 799 en 2021 a 3.370 en 2025. Para los especialistas consultados por La República, el fenómeno responde a una combinación de factores sociales, económicos y culturales que ha colocado a muchos varones en una situación de vulnerabilidad emocional sin precedentes, tras décadas de estereotipos y barreras para acceder a ayuda profesional.
La Dra. Ruth Kristal Mitastein, psicóloga de SANNA El Golf, sostiene que los cambios en los roles de género han transformado profundamente la identidad masculina en las últimas décadas. Explica que los papeles tradicionales que la sociedad ha establecido sobre lo que debe ser un hombre y una mujer se están transformando a una velocidad vertiginosa.
"Mientras las mujeres han desarrollado una reflexión activa sobre estos cambios, para muchos hombres ha sido una especie de terremoto ideológico, profesional y emocional", sostuvo.
La especialista señala que durante generaciones se enseñó a los hombres que debían ser los principales proveedores del hogar y ejercer posiciones de autoridad. Sin embargo, la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, la exigencia de relaciones más igualitarias y los cambios culturales han obligado a redefinir esos roles.
"Muchos hombres ya no tienen tan claro cuál es su papel. Antes el mandato era proveer. Ahora deben compartir responsabilidades, competir en igualdad de condiciones y construir nuevas formas de relacionarse. No siempre han tenido espacios para procesar esos cambios", añadió.
Por su parte, el médico psiquiatra Carlos Bromley coincide en que existe una presión adicional sobre los varones. Según explica, además de los cambios culturales, los hombres enfrentan un contexto marcado por la inseguridad económica, la violencia, la incertidumbre política y las secuelas de la pandemia, en el que la Organización Mundial de la Salud ya había advertido que, luego del COVID-19, la población enfrentaría una epidemia silenciosa de salud mental.
"Eso ya está ocurriendo. En Perú se suma la inseguridad ciudadana, las dificultades económicas, el desempleo y las extorsiones. Todo ello genera ansiedad, depresión y desesperanza", señaló el especialista.
Uno de los principales obstáculos para que los hombres busquen ayuda continúa siendo la idea de que expresar emociones es una señal de debilidad. De acuerdo con la psicóloga Ruth Kristal, los varones han sido criados desde pequeños para ser fuertes, aguantar y resolverlo todo, lo cual les hace mucho daño a largo plazo, porque no sienten que puedan mostrar debilidad frente a los demás.
La especialista considera que el machismo sigue teniendo un papel determinante en la salud mental masculina. "Es importante validar desde la infancia el derecho de los niños a sufrir, llorar, sentirse vulnerables y expresar emociones. Son experiencias humanas, no exclusivas de las mujeres", sostiene.
Asimismo, Bromley define este fenómeno como "analfabetismo emocional": una dificultad para reconocer, expresar y gestionar los propios sentimientos. "El hombre fuerte no llora. El hombre fuerte resuelve los problemas. Ese mandato social hace que muchos repriman sus emociones durante años. El sufrimiento se acumula hasta que aparece la ansiedad, la depresión o, en los casos más graves, las conductas suicidas", explica.
Para el psiquiatra, esta realidad también ayuda a comprender la llamada paradoja del suicidio. Aunque las mujeres registran más intentos suicidas, los hombres son quienes mueren con mayor frecuencia. Él asegura que la población femenina suele pedir ayuda antes, conversa con amigas, busca apoyo psicológico o psiquiátrico, mientras que el hombre muchas veces guarda todo lo que siente y llega al sistema de salud cuando el problema ya es muy grave.
Según las cifras registradas por la Sala Situacional de Problemas de Salud Mental del Minsa, los intentos suicidas en hombres han ido en aumento cada año, con 243 intentos de autoeliminación en 2020; 306 en 2021; 435 en 2022; 646 en 2023; 890 en 2024; 1.349 en 2025 y 360 en lo que va de 2026.
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Según la misma Sala Situacional, los mayores incrementos de casos se registran entre hombres de 18 a 29 años y adultos de 30 a 59 años, que mantienen porcentajes de alrededor de 35% y 34%, respectivamente, durante los últimos cinco años. Sin embargo, en lo que va del presente año, el grupo de adultos alcanzó 39,88%, mientras que en los jóvenes se redujo a 32,51%, en lo que se refiere a casos de depresión moderada y grave.
Para Kristal, los jóvenes enfrentan una etapa marcada por la incertidumbre. "Se preguntan quiénes son, qué quieren hacer con su vida, cómo van a lograr sus objetivos. Además, vivimos en una cultura de la inmediatez, donde se espera éxito rápido, cuando la realidad es que el desarrollo profesional, personal y afectivo toma tiempo", explica.
La especialista advierte que muchos jóvenes enfrentan la vida adulta sin sentirse preparados para asumir responsabilidades o afrontar frustraciones.
En tanto, Bromley agrega que la situación económica agrava el problema. "Muchos estudian una carrera universitaria durante años y luego no encuentran empleo o consiguen trabajos que no cumplen sus expectativas. Eso afecta sus proyectos de vida, la posibilidad de formar una familia y su estabilidad emocional", señala.
En el caso de los hombres de 40 y 50 años, la crisis suele estar relacionada con la presión de mantener económicamente a sus familias, la sensación de pérdida de productividad o la percepción de que no han alcanzado las metas que esperaban.
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A diferencia de lo que ocurre habitualmente en las mujeres, la depresión masculina suele manifestarse mediante síntomas menos evidentes. "Puede comenzar con desgano, irritabilidad, fatiga, pérdida del interés sexual, aburrimiento o disminución del rendimiento laboral. También pueden aparecer trastornos del sueño, problemas de concentración o aislamiento social", explica Kristal.
Bromley señala que la ira y la hostilidad son señales frecuentes que suelen pasar desapercibidas. "Muchas veces, detrás de un hombre irritable o permanentemente malhumorado existe un cuadro depresivo. También pueden aparecer conductas de riesgo, consumo excesivo de alcohol, conducción temeraria o aislamiento social extremo", indica.
Los especialistas recomiendan prestar atención a cambios bruscos de comportamiento, pérdida de interés por actividades habituales, incremento en el consumo de alcohol y expresiones de desesperanza.
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Cuando una persona expresa ideas suicidas, el principal error del entorno es minimizar la situación. Según explica la Dra. Kristal, la acción más peligrosa es pensar que la persona con depresión solo busca llamar la atención y no hará nada al respecto. "Toda expresión de sufrimiento debe tomarse en serio", advierte Kristal.
Bromley coincide y recomienda evitar frases como "ya se te va a pasar" o "no pienses así", puesto que lo más adecuado es escuchar, validar lo que sienten y acompañarlos para que reciban atención profesional. "La empatía salva vidas", afirma.
Entre las señales de mayor riesgo menciona el aislamiento extremo, regalar pertenencias valiosas, despedirse de familiares o amigos, redactar testamentos o resolver asuntos pendientes de manera inusual.
Las consecuencias de ignorar la salud mental masculina van mucho más allá del sufrimiento individual. Para los especialistas, ignorar el problema de la depresión afectaría la productividad, las relaciones familiares y la calidad de vida. Por ello, la psicóloga Kristal asegura que un hombre "deprimido trabaja menos, se relaciona menos y disfruta menos de la vida".
Bromley agrega que cada suicidio deja secuelas profundas en familias enteras y comunidades completas. "Detrás de una muerte por suicidio hay padres, hijos, hermanos y amigos que quedan marcados de por vida. También existe un impacto económico importante debido a la disminución del rendimiento laboral y los costos de atención sanitaria", indica.
Pese a la gravedad del problema, ambos especialistas coinciden en que existen razones para el optimismo. "Hay más conciencia sobre la importancia de la salud mental y menos vergüenza para pedir ayuda que hace algunos años", destaca Kristal.
Bromley recuerda que la Organización Mundial de la Salud considera que el suicidio es prevenible y que la intervención temprana puede cambiar completamente el desenlace.
"Los hombres también tienen derecho a sufrir, a sentirse vulnerables y a pedir ayuda. La fortaleza no consiste en aguantar en silencio, sino en reconocer cuándo se necesita apoyo", concluye la especialista.
Si una persona presenta síntomas persistentes de depresión o expresa ideas suicidas, puede comunicarse gratuitamente con la Línea 113, opción cinco, del Ministerio de Salud, disponible las 24 horas del día.
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