
El Foro Económico Mundial de Davos 2026 comenzó en un contexto de tensiones acumuladas y expectativas cautelosas. Líderes mundiales, ministros y empresarios llegaron a los Alpes suizos con una agenda marcada por la desaceleración económica global, la fragmentación del comercio internacional, el avance de la inteligencia artificial y los conflictos armados que siguen modelando la política global.
Desde el inicio, el encuentro evidenció las dificultades para construir consensos en un entorno cada vez más polarizado, donde las prioridades económicas coexisten con una creciente competencia geopolítica.
El equilibrio inicial del foro se alteró desde el primer día por la intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Su discurso sobre la necesidad de poseer Groenlandia dominó las primeras jornadas, desplazando otros temas clave en la agenda. Según la agencia Reuters, esto obligó a líderes europeos y aliados de Washington a reaccionar rápidamente en paneles y reuniones privadas. El mandatario insistió en que Groenlandia es un territorio estratégico para la seguridad internacional y el control del Ártico, vinculado al avance de otras potencias en la región debido a sus recursos naturales, rutas marítimas y creciente relevancia militar.
Aunque negó que su postura constituyera una amenaza directa, subrayó la necesidad de iniciar negociaciones “lo antes posible”. Esto generó inquietud entre varios líderes europeos, quienes lo interpretaron como una presión sobre Dinamarca y una señal de endurecimiento de la política exterior estadounidense.
En contrapeso, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, reiteró que Groenlandia no está en venta y que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a su población. “Groenlandia pertenece a los groenlandeses”, declaró, descartando cualquier negociación sobre su soberanía. Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, respaldó esa postura, afirmando que “la integridad territorial y la soberanía deben ser respetadas”.
Además, anunció que la Unión Europea trabaja en un paquete de inversión, desarrollo y seguridad para el Ártico, con el objetivo de reforzar la presencia europea sin agravar el conflicto diplomático. Varios líderes de la región endurecieron su discurso. El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió que Europa “no puede mostrarse ingenua ante presiones externas”, mientras que varios mandatarios coincidieron en que el episodio aceleró el debate sobre autonomía estratégica y defensa común dentro del bloque comunitario.
Con la controversia geopolítica dominando titulares, los organizadores intentaron reconducir el foro hacia su agenda económica tradicional. Representantes del Fondo Monetario Internacional y de bancos centrales advirtieron sobre un crecimiento global débil y los riesgos que supone una mayor fragmentación del comercio internacional, en un contexto de presiones políticas persistentes. En distintos paneles se alertó que la incertidumbre geopolítica afecta la inversión, el crédito y las cadenas de suministro.
“El mundo se está volviendo menos predecible y más fragmentado”, señaló un alto funcionario financiero citado por Reuters, una advertencia que se repitió en reuniones privadas entre empresarios. A pesar de ello, hubo señales de acercamiento. Delegaciones de Estados Unidos y de la Unión Europea confirmaron avances técnicos para reducir tensiones comerciales en sectores estratégicos como tecnología, energía y materias primas, aunque admitieron que los desacuerdos estructurales y políticos siguen sin resolverse.
La inteligencia artificial fue uno de los ejes transversales del foro. Líderes europeos defendieron la necesidad de establecer reglas comunes para su desarrollo, mientras que EE. UU. alertó contra una regulación excesiva que podría frenar el cambio. “Necesitamos normas, pero también velocidad para innovar”, afirmó un funcionario a los asistentes.
En materia energética, las diferencias fueron más profundas. Países europeos insistieron en acelerar la transición hacia energías limpias, mientras que economías emergentes reclamaron mayor flexibilidad para no comprometer su desarrollo. Varios gobiernos anunciaron compromisos de inversión en energías renovables, redes eléctricas y sistemas de almacenamiento energético.
Como en ediciones anteriores, Davos volvió a funcionar como un espacio de diplomacia informal. Representantes de Estados Unidos, Europa y la OTAN mantuvieron reuniones privadas para evitar que el debate sobre Groenlandia derive en una crisis diplomática mayor y preservar los canales de diálogo entre aliados. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó que existe un “marco de cooperación” para intensificar la coordinación en el Ártico. “Los aliados deben asumir más responsabilidades en la región”, señaló.
Otro de los discursos más comentados fue el del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien criticó la lentitud de la respuesta internacional frente a la guerra con Rusia. “Europa no puede seguir repitiendo los mismos debates mientras la amenaza continúa”, advirtió, reclamando mayor claridad política y apoyo sostenido a Kiev.
Atrapados entre hegemonías en competencia, líderes de distintas regiones coincidieron en que la pasividad se ha vuelto un riesgo en sí mismo. En América Latina, la académica Ngaire Woods advirtió que la disputa entre Estados Unidos y China obliga a los países del continente a definir una estrategia propia y colectiva, capaz de evitar quedar subordinados a intereses externos en un escenario cada vez más polarizado.
En Europa, el primer ministro belga, Bart De Wever, alertó que la fragmentación interna podría dejar al bloque sin peso político, mientras que su par croata, Andrej Plenković, defendió una relación más equilibrada con Washington sin romper alianzas históricas.
A medida que el foro se acercó a su cierre, se impuso una sensación de desgaste. Analistas coinciden en un cierto hartazgo frente a un Davos que acumula diagnósticos sin resolver las tensiones del sistema internacional año tras año.
Donald Trump anunció la creación del “Board of Peace”, un organismo que busca abordar conflictos internacionales y fomentar la cooperación entre naciones, con énfasis en Oriente Medio y el este de Europa. En esta junta, liderada por EE. UU., hay países de Medio Oriente y Asia central, además de Argentina y Paraguay. Ninguna otra potencial mundial.
El líder republicano afirmó que la nueva “Junta de la Paz” trabajará para impulsar diálogos directos entre países en conflicto y promover altos al fuego. El objetivo es crear un espacio de negociación sin presiones externas para buscar soluciones concretas y no reemplazar la labor de organizaciones existentes.

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