El papa León XIV alerta avance de la extrema derecha en España: “Buscan ganar el voto católico”
Durante el encuentro con obispos españoles, el sumo pontífice escuchó primero un informe de Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal de ese país, sobre temas como la pederastia. Sin embargo, cuando el papa tomó la palabra, resaltó el peligro de la expansión de este movimiento político dentro de la Iglesia con la finalidad de captar votos.

En su primera reunión con obispos españoles, celebrada el pasado 17 de noviembre, el papa León XIV sorprendió a la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española (CEE) con un diagnóstico claro y directo sobre la situación de la nación. Según confirmaron a El País dos fuentes conocedoras del encuentro, la mayor preocupación manifestada por el pontífice en este momento es "la ideología de ultraderecha". En este sentido, alertó a los prelados del ascenso de estos grupos políticos y de su estrategia para "buscar ganar el voto católico" e "instrumentalizar a la Iglesia".
El santo padre, que asumió su cargo en mayo de 2025, observa con atención el auge de movimientos que, a su juicio, demonizan a los inmigrantes y fomentan la polarización. Para él, combatir esta división dentro y fuera de la Iglesia constituye una prioridad. En el encuentro, los obispos, encabezados por su presidente Luis Argüello, pusieron al día a su sanidad sobre la secularización y los casos de pederastia, pero fue León XIV quien dirigió el foco hacia el riesgo político. "Hemos comprobado que Robert Prevost (nombre del papa) conoce bien España", declaró Argüello a la salida. Además de esta advertencia, los instó a resolver el conflicto con el Gobierno por las indemnizaciones a las víctimas de abusos, un asunto atascado durante año y medio.
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Vox y la disputa por el voto católico
La alarma no cayó en saco roto y sus efectos se materializaron semanas después. El 8 de enero, la CEE dio un giro radical a su postura y cerró un acuerdo con el Ejecutivo para compensar a todas las víctimas de pederastia. Días más tarde, el 27 del mismo mes, los obispos apoyaron la iniciativa gubernamental para la regularización de medio millón de inmigrantes sin papeles, una medida que Vox había atacado con dureza. La Conferencia Episcopal avaló así una política migratoria que considera "justa" y en línea con la doctrina social de la Iglesia, lo que intensificó la fricción con la formación de Santiago Abascal.
La respuesta de la ultraderecha no se hizo esperar. Dirigentes de Vox acusaron a los prelados de ceder a los intereses del Gobierno a cambio de ayudas económicas o como contrapartida por los escándalos de pederastia. La confrontación escaló cuando el secretario general de la CEE, César García Magán, calificó a Vox como "herederos ideológicos del franquismo". En paralelo, grupos como Falange Española de las JONS difundieron un montaje con inteligencia artificial donde el presidente de los obispos mutaba en un demonio entre llamas, acusando a la jerarquía de estar "más con el demonio que con los pobres".
Rechazan advertencia
La reacción de Vox transitó entre la incredulidad y el ataque. El secretario general del partido, Ignacio Garriga, puso en duda la veracidad de las palabras atribuidas al pontífice. "Dice EL PAÍS que dice el papa León", matizó en una conferencia de prensa, evitando un choque directo con el Vaticano. Sin embargo, Garriga admitió implícitamente la distancia que separa a su formación de la línea marcada por Roma al asegurar que, si Prevost escuchara sus propuestas, descubriría que defienden la justicia social y la vida.
Más beligerante se mostró Santiago Abascal. En un mitin en Salamanca, el líder de Vox calificó la noticia como "una invención". "Abrid las portadas de los periódicos de hoy y a ver lo que os encontráis", arengó a sus seguidores, desviando la atención hacia lo que considera los problemas reales del país. A pesar de estas negativas, fuentes vaticanas consultadas por el medio español insisten en que la preocupación de León XIV es genuina y responde a una estrategia orquestada que ya vivió en primera persona cuando, siendo cardenal, fue objeto de ataques por parte de portales ultraconservadores peruanos y españoles vinculados al disuelto Sodalicio de Vida Cristiana.
Polarización, inmigración y línea pastoral
El aviso refuerza la postura que varios obispos españoles ya venían defendiendo en sus diócesis. El arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, calificó de "inmoralidad" criminalizar a las personas por su origen. En la misma línea, el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, replicó a Abascal que "un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano". Estas declaraciones contrastan con la postura del arzobispo de Oviedo, quien publicó en redes sociales un mensaje contrario a la acogida masiva: "No caben todos".
La polarización también alcanza a símbolos nacionales. El cardenal de Madrid, José Cobo, ha sido objetivo de ataques de grupos ultracatólicos como la Comunión Tradicionalista Carlista por su papel en la resignificación del Valle de Cuelgamuros. Estos sectores, que han convocado manifestaciones frente a la sede de la CEE, ven en la jerarquía actual una deriva alejada de la pureza doctrinal. Sin embargo, para León XIV, combatir ese discurso excluyente es fundamental. Así lo demuestra su negativa a sumarse a la Junta de Paz impulsada por Donald Trump, un organismo que, según el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin, debe quedar en manos de Naciones Unidas. El Pontífice, que ha hecho de la defensa del derecho internacional una bandera, prioriza el multilateralismo frente a las iniciativas unilaterales.
Un papa bajo presión
León XIV sabe que su mandato es observado con lupa. No era el candidato del sector más conservador del cónclave, que lo aceptó como un mal menor. Grupos de ultraderecha conectados entre Estados Unidos, México, Perú y España, que ya hostigaron a Francisco, le vigilan ahora de cerca. Durante el cónclave, estos sectores repartieron panfletos en Roma acusándole de encubrimiento en un caso de pederastia en Perú, una maniobra orquestada desde el entorno del disuelto Sodalicio. Fuentes vaticanas señalan que el papa sufre "zancadillas silenciosas" y que le cuelan frases en los discursos, pero cuando actúa, lo hace con determinación. La tregua con los ultraconservadores es frágil y cualquier paso en falso podría desencadenar una nueva ofensiva. De momento, su mensaje ha marcado la línea a seguir: ni pactos con la extrema derecha ni silencio ante la xenofobia.

























