La ciudad más pequeña del mundo se puede recorrer a pie en minutos: cabe en menos de 3 campos de fútbol
Con apenas 500 habitantes en su centro histórico, Durbuy presume de ser la ciudad más pequeña del planeta gracias a un privilegio otorgado hace casi 700 años por el conde Juan I de Bohemia.
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En el corazón de las Ardenas belgas se encuentra Durbuy, una localidad medieval que presume de un título tan curioso como llamativo: ser considerada la ciudad más pequeña del mundo. Su casco histórico apenas ocupa dos hectáreas, una superficie menor a tres campos de fútbol, lo que permite recorrerla a pie en pocos minutos entre callejuelas adoquinadas, casas de piedra y antiguas construcciones medievales.
Aunque actualmente pertenece a la provincia de Luxemburgo, en Bélgica, Durbuy obtuvo oficialmente el rango de ciudad en 1331 gracias a Juan I de Bohemia. La decisión tuvo un carácter estratégico y militar, ya que la localidad se ubicaba en una zona fronteriza vulnerable a ataques. Hoy, casi 700 años después, el destino se ha convertido en uno de los rincones turísticos más pintorescos de Europa por su mezcla de naturaleza, patrimonio histórico y gastronomía regional.
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¿Por qué Durbuy es conocida como la ciudad más pequeña del mundo?
El reconocimiento se debe a un antiguo privilegio medieval y no a su cantidad de habitantes. Aunque el municipio supera los 11.000 residentes, el centro histórico apenas alberga 500 personas y conserva dimensiones extremadamente reducidas. Su tamaño compacto permite explorar a pie prácticamente todos sus atractivos en un corto recorrido, lo que lo convierte en un lugar ideal para escapadas rurales y turismo tranquilo.
Las estrechas calles peatonales mantienen intacta la esencia medieval del lugar. Entre ellas destaca la rue Daufresne de la Chevalerie, considerada la vía más antigua de la ciudad y pavimentada con piedras extraídas del río Ourthe. Gracias a la conservación de su trazado histórico y su apuesta por el turismo sostenible, Durbuy recibió en 2007 la distinción EDEN de la Comisión Europea como uno de los mejores destinos rurales de Europa.
¿Qué se puede hacer y visitar en esta diminuta ciudad medieval?
Durbuy ofrece mucho más que su reducido tamaño. Uno de sus principales atractivos es el castillo de los Condes de Ursel, construido sobre un promontorio que domina el valle del río Ourthe. Aunque el recinto es privado, su silueta medieval continúa siendo el símbolo más representativo de la localidad. Muy cerca se encuentran la iglesia de San Nicolás y la histórica Halle aux Blés, actual sede del Museo de Historia y Arte.
El entorno natural también atrae a excursionistas y amantes de la aventura. Los senderos atraviesan bosques, rutas fluviales y formaciones geológicas como el anticlinal de Omalius, una estructura rocosa de más de 300 millones de años. A ello se suma una reconocida oferta gastronómica basada en quesos artesanales, truchas frescas, foie gras y cervezas belgas. Durante el invierno, el tradicional mercadillo navideño transforma sus pequeñas plazas en uno de los escenarios más visitados de la región.
































