"Lima, te quiero": Alejandro Sanz se rinde ante el talento de la peruana Gisella Giurfa entre bandera y cajón
Alejandro Sanz se rindió ante el talento de la multipercursionista Gisella Giurfa y la calidez de un público que lo arropó con símbolos patrios.
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La noche en el Estadio Nacional comenzó bajo una lluvia persistente que recordaba que Lima no olvida su humedad, a pesar de estar en temporada de verano. El amor se vivió entre el público, una pantalla gigante que proyectó la ya famosa "Kiss Cam". Enmarcados en un corazón blanco, parejas de fans fueron los protagonistas improvisados de la noche, regalando besos y abrazos que arrancaron ovaciones desde las tribunas. Fue el último momento de calma y risas antes de unirse al espectáculo.
El concierto fue, ante todo, un tributo al talento peruano. El estadio estalló en orgullo cuando llegó el turno de presentar a la baterista y multipercursionista nacional, Gisella Giurfa. El cantante pidió un aplauso especial para ella y su familia, mencionando con emoción que la integrante de su banda cumplió años hace dos días.
Tras una cuenta regresiva que aceleró los corazones, a las 9:06 p. m., el silencio se rompió sin necesidad de teloneros. Alejandro Sanz apareció en escena para dar inicio a su gira "¿Y ahora qué? World Tour", para romper el hielo con los acordes de su guitarra con la canción "Desde cuándo", iniciando una travesía emocional lanzó una palabra que retumbó en cada rincón del estadio: "¡Perú!". En ese preciso instante, como si la naturaleza hubiera estado esperando su señal, la lluvia calmó por completo sobre Lima, continuando con "Capitán Tapón".

Decenas de ciudadanos formaron largas colas para disfrutar de la música del artis
El "Banderazo" de la identidad peruana
Sosteniendo una bandera del Perú con mástil, el madrileño la hizo flamear con fuerza mientras su voz se fundía hasta el último rincón de un Estadio Nacional que se caía en aplausos y gritos. Sanz no solo cantó, lideró una ceremonia de hermandad entre los peruanos y como si quisiera dejar una parte de sí mismo lanzó la bandera hacia el público, desatando una locura colectiva entre los fans de las primeras filas.
Tras el fervor de la bandera, los acordes de "Bésame" transformaron el escenario en un tablao moderno. Alejandro, liberado ya de su guitarra por unos momentos, el madrileño se unió a las cantantes de su banda para marcar unos pasos llenos de elegancia. Dando vueltas y compartiendo el centro del escenario, Sanz demostró que ni el peso de los años le han quitado esa agilidad de seductor. Pasar del baile y la coquetería de "Bésame" a la canción "A la primera persona".
El poema a la capital del Perú
El momento cumbre de la noche no llegó con un acorde, sino con un poema a la capital del Perú, que quedará grabado en la memoria de los fans. Antes de sentarse al piano para uno de sus himnos más esperados, Alejandro se detuvo a mirar la inmensidad del Nacional y regaló un verso:
"Lima de los atardeceres, Lima de la bruma, Lima de la luz, Lima del sabor, Lima de la electricidad, Lima de los ricos, Lima es Lima. Lima, Perú: gracias por tenernos aquí", pronunció conmovido.
Y no fue todo lo que le dedicó a Lima, Sanz también definió la noche no como un espectáculo, sino como un refugio: "Este es un espacio a salvo para que seamos felices y no pensemos en nada. Gracias por este rinconcito, Dios me los bendiga", refiriéndose al público y con esa bendición, iniciaron los acordes de "Mi soledad y yo". Cientos de personas encendieron las linternas de sus celulares y los brazos se movían de un lado a otro en un compás perfecto.
Acto seguido, los primeros acordes de "El vino de tu boca" con un "¡Y se llama Perú!". Alejandro Sanz se retiró de escena por unos minutos, cediendo el protagonismo absoluto a su impecable banda. Fue el momento de "Try to save your song", luego reapareció en escena para interpretar "Quisiera ser" y tomó la bandera del Perú y la acomodó alrededor de su cuello, dejándola caer sobre su pecho.

Miles de personas corearon la canción "Desde cuándo", entre otras. Foto: Carlos Felix, La República
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La peruana Gisella Giurfa, el latido del cajón
Con el eco del grito desgarrador de una fan aún en el aire, el madrileño detuvo el ritmo para dedicar unas palabras: “Gran parte la tienen ustedes que hacen posible esto, pero esta banda, estos hombres y mujeres, hacen un esfuerzo grande y ponen su ilusión”. Sin embargo, el anuncio más esperado llegó cuando el artista hizo un inciso personal: Gisella Giurfa, la percusionista peruana que lo acompaña por el mundo, estaba en casa.
Mientras las pantallas gigantes la enfocaban en su puesto, en la batería, Alejandro recordó que ella había cumplido años hace apenas dos días y pidió al estadio que rugiera por ella: “Siéntanse orgullosos de Gisella, una peruana que lleva al Perú en el corazón y siempre nos deja aquí arriba”.
A pedido de Sanz, Gisella dejó su batería, bajó al centro del escenario y se fundió en un abrazo de agradecimiento con su "jefe", quien la presentó al público. Alejandro le preguntó por su familia y ella señaló hacia una de las tribunas y él, con la vista clavada en ellos, dijo: “Aquí los veo, sigan orgullosos”. Tras un beso en la mejilla, la peruana volvió a su lugar y el cantante continuó con la canción "Hoy no me siento bien".
Nostalgia en el Nacional con "Amiga mía"
La energía no bajó ni un solo momento tras el baile con el chullo. Al contrario, cuando los primeros acordes de "Amiga mía" empezaron a sonar, el estadio entero pareció exhalar un suspiro colectivo. Fue el momento en que las linternas de miles de celulares volvieron a encenderse y pasó a la energía contagiosa y rumbera de "Deja que te bese", "Cuando nadie me ve" para llegar a "El alma al aire".
Talento peruano de la batería al cajón
Antes de que la voz de Alejandro rasgara el aire con los primeros versos de "Mi marciana", el escenario se inundó de un sonido de talento peruano. Gisella Giurfa dejó las baquetas de la batería para sentarse frente al cajón peruano. Sanz, contemplando a su percusionista con admiración, continuó con la canción "No es lo mismo".

Alejandro Sanz se rindió ante el talento de la multipercursionista Gisella Giurfa. Foto: Carlos Felix, La República
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"Lima, te quiero"
Alejandro se detuvo, miró a la multitud y confesó: “Estoy muy triste, Lima, te quiero”. Fue un momento que dejó al estadio en un silencio respetuoso y continuó con “Aquello que me diste”. Posteriormente tomó la bandera peruana y se la entregó en las manos a su baterista, Gisella Giurfa.
La blanquirroja en su banda
El silencio fue solo un espejismo. Las luces del escenario volvieron a estallar con una intensidad. Al frente de la banda y bajo el foco principal, apareció Gisella Giurfa, pero esta vez vestía la camiseta de la selección peruana. Sentada sobre el cajón, la baterista empezó a repicar la madera.
Alejandro detuvo la música para cumplir con un acto de justicia artística. “Les voy a presentar al resto de la banda”, anunció con voz firme, iniciando una ceremonia de reconocimiento a su equipo. Después de la euforia de la banda completa, el regreso de Sanz al piano para interpretar "Lo ves", a la frescura rumbera de "Las guapas".
La bendición y el adiós de Alejandro Sanz
El momento del adiós definitivo llegó envuelto en una gratitud profunda. Alejandro Sanz se detuvo, miró a todos los asistentes de la noche y soltó un mensaje: “Te quiero, nos vemos la próxima. Gracias por ese cariño, gracias por este país, por esta cosa, este sabor, esta alegría. Dios me los bendiga siempre, cuídense”.
Pero antes de marcharse, con una chispa de picardía lanzó dijo: “Es que se me ha olvidado una canción, se las voy a cantar ahora a ver si se la saben”. No era cualquier canción, era “Corazón partío”, el himno que cambió la historia del pop en español. Acompañado de su guitarra, Alejandro entregó los últimos versos de la noche, mientras el Estadio Nacional se convertía en un solo coro.
El cierre fue una explosión de luz y color, mientras los acordes finales se desvanecían, el escenario se iluminó por completo y una lluvia de confeti inundó las primas filas, brillando bajo los reflectores como si el cielo de Lima se hubiera llenado de estrellas de papel. Alejandro Sanz, recorrió el escenario de extremo a extremo, mandando besos y agradeciendo con la mano en el pecho. Sus últimas palabras, un rotundo “¡Los quiero!”, quedaron flotando en el ambiente mientras él, con los brazos abiertos en señal de entrega total, se retiraba lentamente mientras su figura desapareció, pero dejó una baterista nacional consagrada y la presencia del Perú en su equipo.

























