
El infarto agudo de miocardio ya no golpea solo a los adultos mayores. En el Perú, especialistas del Instituto Nacional Cardiovascular (Incor) de EsSalud advierten un aumento de casos en personas menores de 50 años, asociado a mala alimentación, sedentarismo, estrés e hipertensión o diabetes a edades más tempranas.
La entidad reporta más de 350 casos al año, lo que equivale, en promedio, a un paciente al día. Aunque la mediana de edad de los pacientes es de 66 años y el 80% de los casos corresponde a hombres, los médicos han identificado un incremento progresivo en personas más jóvenes, sobre todo después de la pandemia.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que las enfermedades cardiovasculares provocan cerca de 20 millones de muertes al año, por lo que constituyen la principal causa de fallecimiento.
Los médicos advierten sobre los riesgos de no identificar síntomas a tiempo, vitales para reducir el daño al corazón
“El infarto agudo de miocardio es una de las principales causas de muerte en el Perú y en el mundo”, explicó a La República el doctor Juan Manuel Menéndez, cardiólogo del Incor, quien advirtió que el perfil del paciente ha cambiado en los últimos años.
“Antes se pensaba que el infarto era una enfermedad de personas adultas, por encima de los 60 o 70 años, pero ahora ya podemos ver pacientes incluso menores de 40 años”, señaló.
Este cambio está estrechamente vinculado al estilo de vida. El especialista explicó que la expansión del consumo de alimentos procesados, el sedentarismo y el estrés ha extendido los factores de riesgo en la población.
“Este tipo de alimentación incrementa los niveles de colesterol, triglicéridos y aumenta el sobrepeso. Todo esto está relacionado con el infarto”, indicó.
Datos de EsSalud revelan que la hipertensión arterial está presente en el 47,5% de los pacientes con infarto, seguida de la diabetes mellitus, con 33,9%. A ello se suman el tabaquismo, el colesterol elevado y la falta de actividad física.
Menéndez explicó que estos factores aparecen cada vez con más frecuencia en la población joven, especialmente en personas en edad laboral.
Riesgo de infarto está vinculado con estrés y estilo de la vida de las personas
“La población que está por debajo de los 50 o 40 años es la más propensa hoy en día, por los estilos de vida: comida rápida, sedentarismo y estrés”, sostuvo.
Además, advirtió que el incremento de enfermedades como la hipertensión y la diabetes en edades tempranas está directamente relacionado con esta tendencia.
Uno de los principales riesgos es no identificar los síntomas a tiempo. El Incor advierte que hasta el 50% de los pacientes puede presentar señales previas hasta 48 horas antes del infarto, como fatiga extrema o molestias poco claras en el pecho.
Durante el evento, el síntoma más característico es un dolor opresivo en el pecho que puede extenderse a la mandíbula, los hombros o el abdomen, y que suele estar acompañado de dificultad para respirar, sudoración fría o mareos.
“El síntoma más frecuente es el dolor de pecho que se localiza en la región central del tórax”, explicó el cardiólogo Menéndez. Sin embargo, aclaró que no todos los casos son evidentes. En algunos pacientes, especialmente diabéticos, el infarto puede manifestarse como falta de aire o fatiga inexplicable.
Los especialistas también insisten en diferenciar el infarto del paro cardíaco, dos conceptos que suelen confundirse. El director del Incor, doctor Luis Alberto Mejía, explicó que el infarto ocurre por la obstrucción del flujo sanguíneo hacia el corazón, lo que genera daño progresivo en el músculo cardíaco, mientras que el paro cardíaco implica la detención súbita de los latidos.
“El paro puede ser una consecuencia de un infarto. No todo infarto deriva en paro cardíaco, ni todos los paros cardíacos se deben a un infarto. Existen otras causas, que pueden estar relacionadas con enfermedades cardíacas o incluso con afecciones en otros órganos”, aclaró Menéndez.
Más de 350 casos al año se registran en el país, con un perfil de pacientes que se rejuvenece, influenciado por dieta poco saludable, sedentarismo y estrés.
La rapidez en la atención es clave para reducir el daño al corazón. “En cardiología decimos: el tiempo es músculo. A mayor tiempo, mayor daño”, advirtió el doctor Mejía, al enfatizar la necesidad de acudir de inmediato a un servicio de emergencia ante los primeros síntomas.
En el Incor, el tratamiento combina medicamentos para disolver coágulos con procedimientos como la angioplastia, seguido de programas de rehabilitación cardíaca.
En prevención, los especialistas coinciden en que el control de los factores de riesgo es fundamental. Esto incluye chequeos médicos anuales desde los 30 años, mantener una dieta equilibrada, evitar el consumo de tabaco, dormir adecuadamente y realizar al menos 150 minutos de actividad física por semana.
“Si no queremos tener un infarto, tenemos que evitar la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto y la obesidad”, subrayó Menéndez.
En un contexto en el que el crecimiento económico y el acceso a nuevos estilos de vida han modificado los hábitos de la población, los especialistas advierten que el verdadero reto está en la prevención. “Comer mejor no significa comer más y de baja calidad. Esto requiere un poco más de educación en la población”, concluyó el cardiólogo.





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