
La gestión de Diego Uceda retiró la licencia del instituto para el Desarrollo Infantil ARIE, un centro de terapias sin fines de lucro que atendía mensualmente a más de 1.000 niños y niñas con autismo, parálisis cerebral, síndrome de Down y otros trastornos del neurodesarrollo provenientes de distintos distritos de Lima Este. La medida incluyó la paralización del local el último cinco de noviembre, lo que ha generado indignación de padres de hijos que recibían atención en el establecimiento.
Desde ARIE aseguran que el cierre se sustenta en una controversia legal aún no resuelta sobre la cesión en uso del terreno que ocupan desde hace décadas, mientras que la municipalidad de La Molina sostiene que el plazo ya venció. La ONG afirma contar con un contrato vigente hasta 2035 inscrito en Registros Públicos y denuncia que, pese a estar en pleno proceso judicial, se les negó la atención sin esperar un fallo definitivo, paralizando 7.000 terapias mensuales que beneficiaban, en su mayoría, a familias de escasos recursos.
En conversación con La República Johanna Susffalich, gerente general de ARIE, indicó tener contrato en Registros Públicos por 30 años desde 2005, por lo que el plazo vencería en 2035. Sin embargo, el municipio afirma que el convenio inició en 1995 y que ya habrían cumplido los 30 años del acuerdo. Según detalló, hace 30 años Bienes Nacionales del Estado les otorgó el terreno para la construcción de un centro de rehabilitación y en 2005 firmaron el contrato de cesión en uso con la municipalidad por 30 años, inscribiéndose en Registros Públicos.
Susffalich indicó que desde la inauguración del establecimiento no han tenido problemas con ninguna gestión municipal y que siempre recibieron apoyo para campañas de prevención y diagnóstico para los vecinos, situación que cambió con el actual gobierno de Diego Uceda. Según refirió, en agosto de 2024 tuvieron una reunión con el alcalde, quien les refirió que había una sugerencia municipal de revocar la cesión en uso, pero que él no estaba de acuerdo y que continuarían trabajando en el espacio que el centro de salud construyó en los más de 1.000 metros.
En febrero, el municipio les notificó que para mayo debían abandonar el espacio y devolver el terreno. Aunque intentaron conversar con alcalde, no recibieron respuesta. Posteriormente, tuvieron una reunión con personas no relacionadas a la mesa directiva de la municipalidad, pero allegadas a Uceda, quienes le expresaron su deseo de tener el terreno de regreso para hacer otro tipo de negocio donde la municipalidad se viera beneficiada.
El centro médico atiende a niños con trastorno del espectro autista, TDH, problemas de lenguaje, problemas conductuales, niños con síndrome de down y parálisis cerebral. Foto: Cortesía.
Un vocero de la municipalidad de La Molina sostuvo para este medio que después de haber vencido los 30 años de contrato, la gestión acordó no renovar el convenio. “Al ya no tener derecho sobre ese terreno, sobre esa cesión en uso, simplemente ya no tienen ellos el motivo principal que era para hacer atenciones médicas particulares, por lo tanto, no hay ningún desalojo, lo que se ha procedido es a caducar la licencia para funcionar como establecimiento médico”, refirió.
Desde el inicio de esta controversia, el centro médico inició un proceso judicial, que determinará cuál es la versión correcta; sin embargo, mientras dure el proceso, el local permanece cerrado por decisión municipal. Al ser consultado sobre qué harán con el terreno de ganar el juicio, el portavoz refirió que se tiene un déficit de locales para servicios sociales, como Ompaed o la Casa de la Juventud.
“Lo que nosotros hemos hecho es que se paralice para atenciones médicas (…). Por supuesto es un público muy sensible, pero no es un tema evidentemente de apoyo social, considerando que tienen otros seis locales en otras partes de Lima. El local está paralizado porque no tienen licencia de funcionamiento”, agregó.
Según Susffalich, la sede de La Molina es el único centro médico en Perú que trata a niños con discapacidad motora con robótica. Foto: Cortesía.
El centro médico sin fines de lucro tiene 7 sedes en Lima Metropolitana. El 35% de pacientes que se atienden en el local de La Molina son familias del propio distrito, un 40% son de otras zonas de Lima Este, como Ate y Santa Anita, un 15% son de áreas más alejadas de la capital y un 5% proviene de otros departamentos. El costo de las terapias va desde los S/75 hasta los S/25 y la total exoneración, según la categorización determinada por un área de trabajo social que ubica a las familias según su nivel socioeconómico, para verificar si puede asumir las terapias. Cada niño puede llevar desde 8 hasta 20 terapias al mes y 300 reciben algún tipo de descuento o apoyo económico.
Susffalich explicó que en esta sede tienen un tratamiento exclusivo de terapia robótica y toxina botulínica. El primero es un aparato pediátrico único en el Perú que ayuda a la marcha a niños con discapacidad motora y entrena intensivamente el cerebro para que vuelva a funcionar. "Tiene realidad virtual para que el niño como jugando haga los movimientos y en corto plazo puede llegar a volver a caminar, caso que con una terapia convencional puede demorar años o a veces no lograrse”, agregó.
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