Golpes de calor y riesgos de salud en colas preferenciales del Metropolitano: la otra cara del caos en el transporte público
Usuarios de la fila preferencial del Metropolitano denuncian desorden, esperas de más de media hora y ausencia de control, mientras experto alerta sobre riesgos de salud para los grupos más vulnerables en temporada de verano.
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Las largas colas en el Metropolitano se han convertido en una constante fuente de preocupación para los usuarios más vulnerables. Adultos mayores, madres con niños en brazos, personas con discapacidad y gestantes denuncian que los sistemas de prioridad no funcionan, que los vehículos son insuficientes y que, en momentos de gran aglomeración, la difícil ubicación de los puntos señalización genera riesgos. En estaciones como Naranjal, la espera promedio supera los 30 minutos en horas punta, mientras que esta cifra se incrementa si alguna emergencia ocasiona el bloqueo de la vía, como accidentes o buses averiados.
Ante ello, un experto en salud advierte sobre los serios riesgos que podrían enfrentar los ciudadanos de la fila preferencial. Califica como “muy grave” el impacto del tiempo prolongado de espera en personas con discapacidades visibles o no y señala que quienes padecen artritis, artrosis, enfermedades cardíacas o diabetes “no deberían estar parados más de 10 a 15 minutos como máximo”. De lo contrario, el estrés físico puede elevar la frecuencia cardíaca y la presión arterial, desencadenando “infartos, síncopes, mareos o accidentes cerebrovasculares”, riesgos que se agravan ante la falta de regulación y personal capacitado en el sistema de transporte.
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Estación Central del Metropolitano es una de las estaciones con mayor aglomeración de personas en horas punta. Foto: Lia Peralta
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Estación Naranjal: caos y descontrol
"Llevo esperando hace media hora o cuarenta minutos. Yo soy usuario regular, me traslado hasta mi domicilio en Santa Elvira (Los Olivos). Al bus solo nos dejan entrar de 10 en 10, así que nos quedamos esperando dos o tres carros antes de poder subir", indica a La República uno de los muchos adultos mayores que se ven obligados a tomar el servicio. Tiene 69 años.
El doctor Jhon Cruzado, especialista en salud advierte que permanecer de pie entre 30 y 40 minutos representa un riesgo importante para este tipo de población, especialmente aquellos con enfermedades previas. Según explica, “las personas que tienen mayor riesgo de generar alteraciones del sistema musculoesquelético siempre van a ser las personas mayores, así como aquellos que tienen enfermedades preexistentes, como artritis reumatoide, artrosis o las enfermedades propias del envejecimiento”. Según comenta, estas condiciones se agravan cuando se mantienen largas esperas en colas, generando dolor articular, rigidez y dificultad para movilizarse.
El ciudadano también critica la falta de información por parte de las autoridades ante los imprevistos: "La ATU no se preocupa de poder mantenernos al tanto cuando algo sucede, recién cuando estamos esperando más de media hora nos indican que hay demoras por tráfico, parece que no hubiera comunicación con los conductores". Según él, esta situación se repite cotidianamente y genera frustración y riesgos para quienes dependen de este transporte público.

Adultos mayores deben enfrentar largas colas de más de media hora en estación Naranjal. Foto: Luis Centurión / La República
Otros usuarios en la estación Naranjal coinciden en que la situación es particularmente crítica durante la mañana y denuncian que, además de la lentitud, no hay un control efectivo sobre quiénes ingresan a la cola lo que ocasionaría más demora. Denuncian que personas jóvenes que no forman parte de los grupos prioritarios suelen adelantar. "En las mañanas hay mucha aglomeración y las personas que no tienen que estar en la cola preferencial se meten a fuerza", asegura un hombre de 56 años que viaja hacia Puente Piedra.
"La cola general avanza más rápido" que la preferencial
Otros usuarios coinciden en la falta de prioridad real para los grupos vulnerables. Una madre con su hijo en brazos denunció: “La cola se demora bastante, no hay un trato diferencial… incluso podría decir que la cola general en ocasiones avanza más rápido. Ahora, a veces cuando estoy con mi pequeño en brazos y está dormido, realmente necesito irme y les pido que por favor me dejen pasar, pero no me dejan. Debo esperar al fondo de la cola”.
En el caso de los niños, el riesgo es aún más delicado. El especialista alerta que “los golpes de calor en niños son muy frecuentes en nuestro país”, sobre todo considerando que los buses del Metropolitano no cuentan con aire acondicionado y ciertas estaciones, como la central, son cerradas. Indica que el hacinamiento puede elevar la temperatura interna de las edificaciones: “si afuera estamos a 30 grados, dentro puede aumentar hasta 5 grados más”, lo que puede causar hipertermia e incluso consecuencias mortales en menores de dos años.

Señalizaciones en Estación Central no son claras para colas preferenciales en ruta B del embarque norte. Foto: Lia Peralta
"Hay dos madres de familia, con niños en brazos y el personal no le permite subir, quieren que sigan esperando, encima vienen a decirme que ceda mi cola, pero yo estoy con las piernas hinchadas, estoy mal, si estuviera sana, yo cedería", denuncia otra usuaria. "Les pediría que sean más humanos", concluye.
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Experiencia contrastante en Matellini
En la estación Matellini, los usuarios coinciden en que el servicio resulta funcional, aunque presenta serias dificultades en horas punta. Orlando Argumedo, de 52 años y usuario habitual que se desplaza de Comas a Chorrillos por trabajo, señala que el sistema es cómodo, pero reconoce limitaciones: “Sí, es cómodo, cómodo”, aunque aclara que “en la mañana nomás hay un poco de dificultad… por hora punta”. Esta percepción se refuerza con el tiempo de espera que puede incrementarse cuando hay mayor afluencia de pasajeros.
Respecto a la organización del terminal, se observa que existe señalización clara para las colas preferenciales, lo que permite a los usuarios identificar fácilmente las filas destinadas a adultos mayores, personas con discapacidad, mujeres embarazadas y niños. Sin embargo, Irene Sánchez, ama de casa de 28 años, cuestiona la presencia del personal de apoyo: “Cuando nos orientan, sí, pero mayormente no hay personal. Brilla por su ausencia”. Además, denuncia problemas recurrentes como “buses llenos, pocos buses, servicio repleto” y peleas por el ingreso. Aunque el espacio del terminal es amplio y no presenta barreras físicas significativas, la acumulación de personas en hora punta genera congestión.
"Golpes de calor serán un problema en adultos mayores y niños", señala experto
El Dr. Cruzado afirma que, con la llegada del verano, los riesgos aumentarían considerablemente. El experto señala que “los golpes de calor van a ser principalmente un problema en adultos mayores y niños”. Enfatiza que "no estar adecuadamente hidratados o someterse a una alta térmica puede traer consecuencias gravísimas”, como desmayos y pérdida de conciencia, especialmente en personas vulnerables.
Otro factor determinante es el incremento del sobrepeso y la obesidad en el país. El especialista recuerda que “de cada 10 peruanos, cinco a seis personas tienen sobrepeso”, lo que implica una mayor carga sobre rodillas y pies durante las largas esperas. Esto provoca “dolores musculares y articulares, fascitis plantar, problemas de artrosis en las rodillas y lumbalgias”, ante una sobrecarga física prolongada.
Finalmente, señala que las mujeres gestantes, especialmente en el último trimestre, también enfrentan riesgos significativos en largas esperas. El experto explica que “una mujer embarazada está cargando su peso más el peso del bebé”, lo que favorece la aparición de edemas en las piernas, fatiga y deshidratación. Además, en contextos de aglomeración, un golpe accidental en el abdomen “puede provocar una emergencia médica o incluso una expulsión temprana del bebé”, situación crítica dentro del transporte público.

Hacinamiento de pasajeros se agrava en verano. Foto: Jorge Cerdán / La República
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