Ciervos y jabalíes amenazan con acabar con un árbol protegido mientras los científicos alertan de su falta de regeneración
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana revela que estas especies herbívoras consumen frutos y destruyen plántulas, dificultando la supervivencia del piruétano en el Parque Nacional.

El piruétano, un árbol autóctono protegido de Doñana en el suroeste de España, atraviesa una situación preocupante debido a la dificultad que tienen sus nuevas generaciones para sobrevivir.
Un estudio científico publicado en la revista Biological Conservation advierte que la elevada presencia de ciervos y jabalíes está agravando el problema al alimentarse de sus frutos y destruir sus plantas jóvenes.
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La investigación, liderada por científicos de la Estación Biológica de Doñana, analizó durante dos décadas distintas poblaciones de esta especie. Los resultados muestran una inesperada paradoja de conservación: mientras unas especies prosperan dentro del espacio protegido, el piruétano pierde capacidad para regenerarse de forma natural.
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Además de la fauna silvestre, factores como el cambio climático y la sobreexplotación del acuífero agravan la situación del piruétano.
Ciervos y jabalíes dificultan el crecimiento del piruétano
Los investigadores localizaron más de 350 plántulas y unos 2.540 brinzales durante el seguimiento de las poblaciones. Sin embargo, la supervivencia de los ejemplares jóvenes fue especialmente baja dentro del Parque Nacional, donde la herbivoría apareció como una de las principales causas de mortalidad.
Los ciervos y jabalíes no solo consumen los nuevos brotes, sino que también pueden destruirlos mediante el pisoteo y alimentarse de los frutos. Esto reduce la cantidad de semillas disponibles para producir nuevos árboles y dificulta que el piruétano pueda reemplazar a los ejemplares adultos que mueren.
Una amenaza que va más allá de los grandes herbívoros
La situación del piruétano tampoco depende únicamente de la presencia de ciervos y jabalíes. La sobreexplotación del acuífero, el aumento de las temperaturas y unas sequías estivales cada vez más intensas también ejercen presión sobre una especie que lleva décadas perdiendo ejemplares.
Los científicos señalan que es necesario gestionar las elevadas densidades de ungulados y recuperar el equilibrio entre depredadores y presas. En Matasgordas, además, la mortalidad de los árboles reproductores superó el 60% durante las últimas dos décadas, una señal de la gravedad del declive.




































