La historia de Charla Nash, la mujer que sobrevivió al ataque del chimpancé Travis en EE. UU.: enfrentó años de reconstrucción facial
Más de quince años después, Nash enfrenta secuelas físicas y emocionales, vive en un centro especializado y su historia sigue siendo un referente sobre los riesgos de tener animales salvajes como mascotas.
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El 16 de febrero de 2009, la vida de Charla Nash cambió para siempre tras un violento ataque ocurrido en Stamford, Connecticut. Lo que comenzó como una visita habitual a la casa de su amiga terminó en una tragedia que la dejó con heridas devastadoras y marcó uno de los casos más impactantes relacionados con animales exóticos en Estados Unidos.
Diecisiete años después, su historia sigue generando conmoción y debate. El episodio no solo evidenció los riesgos de mantener animales salvajes como mascotas, sino que también expuso la crudeza del ataque a través de una desesperada llamada al 911 que aún hoy resulta estremecedora.
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¿Cómo ocurrió el brutal ataque que cambió su vida?
Ese día, Nash acudió a la casa de Sandra Herold para ayudarla con su chimpancé Travis, un animal que había sido criado como miembro de la familia desde que tenía apenas tres días de nacido. Sin embargo, el comportamiento del primate se había vuelto errático en los días previos.
En un intento por controlarlo, Herold le administró el fármaco Xanax, sin éxito. Minutos después, el chimpancé salió al patio y, cuando Nash intentó atraerlo con su juguete favorito, un muñeco Tickle-Me-Elmo, el animal reaccionó de forma violenta.
Sin previo aviso, Travis se lanzó sobre ella, la arrojó contra su auto y la arrastró por el suelo. El ataque fue brutal: le arrancó los párpados, la nariz, la mandíbula, los labios y gran parte del cuero cabelludo. A pesar de los intentos desesperados de Herold por detenerlo —golpeándolo y apuñalándolo—, el chimpancé no cesó hasta que la policía intervino y le disparó.

Charla Nash antes y después de su trasplante facial. Foto: NBC
¿Qué reveló la llamada al 911 y la escena del ataque?
La desesperación quedó registrada en la llamada que Herold realizó a emergencias. “¡Está matando a mi amiga! ¡Se la está comiendo!”, gritó entre el pánico, en un audio que posteriormente se difundió y conmocionó a la opinión pública.
Cuando los agentes llegaron, encontraron al chimpancé cubierto de sangre. Tras recibir varios disparos, el animal logró regresar a la casa, donde murió poco después. En el exterior, la escena era estremecedora: restos humanos y sangre cubrían el patio.
Gravemente herida, Nash fue hallada aún con vida. En estado crítico, fue trasladada a la Clínica Cleveland, donde permaneció durante 15 meses en terapia intensiva. Su supervivencia fue considerada un hecho extraordinario dadas las lesiones sufridas.
¿Cómo ha sido su recuperación y su vida quince años después?
Desde entonces, Nash ha enfrentado un largo y complejo proceso médico. Ha sido sometida a múltiples cirugías reconstructivas, incluyendo un trasplante de rostro y manos, aunque estas últimas tuvieron que ser removidas debido a infecciones.
En 2016, sufrió una nueva complicación cuando su cuerpo rechazó el trasplante facial, lo que obligó a su hospitalización de emergencia. A pesar de ello, logró superar la crisis, aunque su estado de salud continúa siendo delicado.
Actualmente vive en un centro especializado, donde recibe cuidados constantes. A pesar de haber perdido gran parte de su independencia, mantiene una actitud resiliente. “No te rindas nunca”, ha dicho, reflejando la fortaleza con la que enfrenta una vida marcada por profundas secuelas físicas y emocionales.
¿Qué impacto tuvo el caso en el debate sobre animales exóticos?
El ataque generó un amplio debate sobre la tenencia de animales salvajes como mascotas. La historia de Nash evidenció los riesgos de convivir con especies que, pese a años de domesticación aparente, conservan comportamientos impredecibles.
Tras el caso, Nash demandó a Herold y recibió una compensación de 4 millones de dólares de la herencia familiar. Sandra Herold falleció en 2010 a los 72 años debido a un aneurisma aórtico.
Más allá del aspecto legal, el caso dejó una huella profunda en la opinión pública y se convirtió en un referente sobre los peligros asociados a la convivencia con animales salvajes, así como en una historia de supervivencia y resiliencia frente a una tragedia extrema.


























