Perú cambia el etiquetado de alimentos: nutricionista advierte qué falta para combatir la anemia, obesidad y desnutrición
Expertos subrayan que, aunque la norma es un avance, se necesita una estrategia integral que incluya educación alimentaria y políticas públicas para abordar problemas de malnutrición en Perú.
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La información que aparece en los envases de los alimentos tendrá nuevos criterios de presentación. El Instituto Nacional de Calidad (Inacal) aprobó la cuarta edición de la Norma Técnica Peruana NTP 209.652:2025 “Alimentos Envasados. Etiquetado Nutricional”, que busca estandarizar y hacer más comprensible la información nutricional que reciben los consumidores al momento de comprar un producto.
La actualización establece criterios para la declaración del valor energético, proteínas, carbohidratos, azúcares totales, grasas totales, grasas saturadas y sodio, además de otros nutrientes cuando corresponda. También contempla la información sobre vitaminas y minerales cuando existan recomendaciones oficiales o cuando estos nutrientes sean considerados relevantes por la autoridad competente.
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Para Jessica Huamán, nutricionista y exdecana del Colegio de Nutricionistas, la actualización representa un avance porque refuerza el derecho del consumidor a conocer qué contiene realmente un producto. Sin embargo, considera que la nueva norma debe entenderse como parte de una estrategia más amplia para enfrentar los problemas de nutrición que persisten en el país. "Es un paso porque garantiza que la población pueda identificar cuáles son los nutrientes que podrían tener los productos", señaló Huamán.
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¿Qué información deberá aparecer en las etiquetas?
La nueva norma establece que la información nutricional deberá presentarse en tablas de fácil lectura. Cuando las dimensiones del envase no permitan este formato, los datos podrán colocarse de manera lineal.
Los valores podrán expresarse por 100 gramos, 100 mililitros, por porción o por envase, lo que busca facilitar la comparación entre productos similares. La norma también incorpora mecanismos para verificar que la información declarada por los fabricantes guarde correspondencia con el contenido real del alimento. Para ello, se establecen márgenes de tolerancia entre los valores consignados en la etiqueta y los resultados de los análisis técnicos.
Huamán considera especialmente importante que la información nutricional aparezca en todos los productos que correspondan, incluidos aquellos importados o elaborados por pequeños fabricantes. "Es un derecho del consumidor poder saber qué es lo que está consumiendo", sostuvo.
La especialista explicó que existen productos que resaltan en su presentación determinadas características, como ser altos en fibra o estar elaborados con determinados alimentos, pero cuya información posterior puede resultar insuficiente para que el comprador conozca su verdadera composición.
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Diferencias entre octógonos y tabla nutricional
La tabla nutricional permite conocer la composición del producto, mientras que los octógonos de advertencia ubicados en la parte frontal alertan sobre determinados nutrientes críticos cuando estos superan los parámetros establecidos por la normativa.
Por ello, Huamán considera que la actualización de la tabla nutricional debería complementarse con un fortalecimiento del etiquetado frontal. La nutricionista plantea, por ejemplo, evaluar advertencias adicionales relacionadas con la presencia de edulcorantes y determinados aditivos alimentarios, tomando como referencia las medidas adoptadas en otros países.
"Para que se pueda reforzar la prevención del sobrepeso y la obesidad, podría reforzarse el etiquetado frontal", explicó. La especialista también considera necesario ampliar la discusión sobre algunos aditivos alimentarios y la forma en que estos son identificados por los consumidores.
¿La nueva norma ayudará a reducir la obesidad?
La respuesta, según Huamán, es que por sí sola no será suficiente. Una etiqueta más clara puede facilitar decisiones de compra informadas, pero la prevención del sobrepeso y la obesidad requiere además educación alimentaria, acceso a alimentos saludables y políticas públicas sostenidas.
El desafío es particularmente importante en un país que enfrenta simultáneamente problemas de anemia, desnutrición, sobrepeso, obesidad e inseguridad alimentaria.
Durante 2025, según las cifras citadas por Huamán, la anemia afectó al 34,9% de los niños de 6 a 35 meses, mientras que la desnutrición crónica alcanzó al 12,1% de los menores de cinco años. A ello se suma que el 30,5% de la población peruana experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave. "Hay que entender que la nutrición no puede continuar siendo abordada únicamente mediante campañas temporales", sostuvo la especialista.
Anemia: el problema no se resuelve solo con productos fortificados
Huamán advierte que el problema de la anemia requiere una mirada distinta a la discusión sobre los alimentos ultraprocesados. La anemia más frecuente en el país es la anemia ferropénica, relacionada con una deficiencia de hierro.
Por ello, la especialista considera necesario fortalecer la promoción del consumo de alimentos naturales con alto contenido de este mineral, especialmente aquellos de origen animal, como vísceras y sangrecita.
Pero la alimentación no explica por sí sola la persistencia de la anemia. También intervienen factores como el acceso a agua segura, la suplementación con hierro, la educación de las madres y las condiciones socioeconómicas de las familias.
Por ello, las políticas contra la anemia requieren intervenciones simultáneas desde salud, educación, alimentación, saneamiento y protección social.
Alimentación escolar: nutricionistas piden una política de Estado
Otro de los principales desafíos está en la alimentación de los escolares. Huamán considera que el país necesita una política nacional de alimentación escolar que trascienda a los gobiernos de turno.
La especialista cuestionó que los programas alimentarios puedan ser modificados o reestructurados con cada nueva gestión y planteó que la alimentación escolar debe contar con objetivos nutricionales claros, además de garantizar el acceso a alimentos.
"Perú es uno de los pocos países en Latinoamérica que no tiene una ley de alimentación escolar", señaló. Para Huamán, el programa debe establecer un vínculo más directo con los agricultores y productores locales, de modo que los escolares puedan acceder a una mayor cantidad de alimentos frescos y naturales.
Como referencia mencionó el modelo brasileño, donde los programas de alimentación escolar mantienen una relación más estrecha con los productores agrícolas.
Falta de nutricionistas en los colegios
La exdecana considera que los nutricionistas deberían formar parte de la comunidad educativa de manera permanente, junto con otros profesionales que ya tienen presencia en los colegios.
Entre sus funciones estaría realizar el seguimiento del estado nutricional de los estudiantes mediante evaluaciones antropométricas, desarrollar educación alimentaria, contribuir a mejorar la oferta de alimentos en quioscos y comedores y capacitar a padres de familia y docentes.
"Es necesario que los nutricionistas sean considerados parte de la comunidad educativa", sostuvo.
La especialista también plantea ampliar su presencia en programas como comedores populares, ollas comunes, Vaso de Leche y otros programas de complementación alimentaria, especialmente desde los gobiernos locales.
Su participación, explicó, permitiría mejorar la utilización de los alimentos entregados por el Estado, fortalecer la educación nutricional y contribuir al control de la calidad de los productos destinados a las poblaciones beneficiarias.
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¿Cómo leer una etiqueta antes de comprar?
La nueva norma busca precisamente que la información nutricional sea más fácil de interpretar. Sin embargo, Huamán recomienda que los consumidores no se limiten a revisar la parte frontal del envase.
Uno de los primeros elementos que deben observarse es la lista de ingredientes. Estos aparecen en orden decreciente según su cantidad en el producto, por lo que si el azúcar figura entre los primeros ingredientes, significa que está presente en una proporción importante.
La especialista también recomienda revisar los octógonos de advertencia, la tabla nutricional y la lista completa de ingredientes antes de elegir un producto.
En el caso de los niños, plantea priorizar alimentos naturales y evitar el consumo frecuente de productos con gran cantidad de aditivos, colorantes y otros componentes propios de productos altamente procesados.
La recomendación cobra especial importancia durante los primeros años de vida, etapa en la que se forman hábitos alimentarios y se produce una parte fundamental del desarrollo infantil.
Más información no significa automáticamente mejores decisiones
La actualización de la norma de etiquetado representa un avance en materia de información al consumidor, pero su impacto dependerá también de que las personas puedan comprender y utilizar esos datos.
El reto, por tanto, no termina cuando una tabla nutricional aparece correctamente impresa en un envase. También implica educación alimentaria, fiscalización, acceso a alimentos saludables y políticas públicas que atiendan las causas estructurales de la anemia, la desnutrición, el sobrepeso y la inseguridad alimentaria.
Para Huamán, fortalecer el trabajo de los nutricionistas no constituye únicamente una reivindicación profesional. Su participación, sostiene, permitiría mejorar la capacidad del Estado para intervenir en colegios, programas sociales, establecimientos de salud y gobiernos locales.
En un país que mantiene cifras importantes de malnutrición, la nueva etiqueta puede convertirse en una herramienta útil para el consumidor, pero la lucha contra los problemas nutricionales requiere mucho más que saber leer un envase.
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