Este país está llevando agua del Atlántico hasta el desierto para transformar 5.200 hectáreas de terreno árido en grandes campos de cultivo
El 70% de las tierras se destinará a cultivos hortícolas como tomates y cebollas, con una producción estimada de más de 400.000 toneladas al año, impulsada por energía eólica.

Cultivar en una de las zonas más áridas del norte de África parece una tarea casi imposible por la escasez de agua. Sin embargo, Marruecos está desarrollando un proyecto que busca transformar más de 5.200 hectáreas de terreno árido en grandes campos de cultivo.
La estrategia consiste en utilizar agua del océano Atlántico, desalarla y llevarla hasta las explotaciones agrícolas de Dajla. El proyecto también incorpora energía eólica para alimentar parte del proceso y reducir la dependencia de las reservas subterráneas de agua.
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Marruecos llevará agua del Atlántico hasta el desierto
El proyecto se desarrolla en Bir Anzarane, en la región de Dajla-Ued Ed Dahab, y contempla una superficie de 5.196,56 hectáreas. Para abastecer los futuros campos agrícolas se construye una infraestructura de desalación capaz de producir alrededor de 100.000 metros cúbicos de agua al día.
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Las previsiones contemplan generar unos 37 millones de metros cúbicos de agua al año, de los cuales aproximadamente 30 millones estarán destinados al riego. El resto se utilizará para abastecer de agua potable a Dajla y al futuro puerto atlántico de la región.
Tomates y cebollas crecerán en una zona marcada por la aridez
Alrededor del 70% de la superficie estará destinada a cultivos hortícolas, especialmente tomates y cebollas, además de otros productos agrícolas y cultivos ecológicos. Cuando el proyecto alcance su máximo rendimiento, se espera superar las 400.000 toneladas de producción agrícola al año.
La iniciativa busca ampliar la agricultura sin depender exclusivamente de los acuíferos de Dajla, cuya capacidad limita el crecimiento de las explotaciones. Para alimentar la planta desalinizadora, el proyecto incorpora además un parque eólico de 40 MW, combinando agua del Atlántico y energía renovable para hacer posible la agricultura a gran escala en el desierto.
















































