El histórico ferrocarril de 440 km que Chile construyó hace 113 años para dar acceso al mar a Bolivia: costó más de US$300 millones
La obra, inaugurada en 1913, se construyó como parte del tratado y supera los 4.250 metros de altura. Su creación simboliza la conexión entre ambas naciones.
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Firmado tras la Guerra del Pacífico, el Tratado de Paz y Amistad de 1904 redefinió las fronteras regionales y consolidó el fin de las hostilidades entre Chile y Bolivia. Mediante este pacto, el Estado boliviano cedió sus territorios costeros y perdió su acceso soberano al océano Pacífico; no obstante, obtuvo derechos de tránsito ilimitados y la creación de infraestructura estratégica. De hecho, el documento estipuló que Santiago se comprometía a “unir el puerto de Arica con el Alto de La Paz por un ferrocarril cuya construcción contratará a su costa el Gobierno chileno”.
En la actualidad, este acuerdo genera visiones contrapuestas en ambos países y mantiene el interés por su impacto geopolítico. Mientras el país austral pondera el pacto como un hito de reconciliación y cooperación bilateral, diversos sectores bolivianos lamentan la pérdida de su litoral debido a condiciones que consideran injustas. Esa discrepancia conceptual perpetúa intensos debates diplomáticos y demandas internacionales respecto al histórico reclamo de una salida marítima originaria.
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¿Qué historia, costos y desafíos oculta el Ferrocarril Arica-La Paz?
El Ferrocarril Arica-La Paz (FCALP) es una vía internacional de 440 kilómetros que enlaza el puerto chileno con la capital de Bolivia. Su trazado cruza la cordillera de los Andes a alturas que superan los 4.250 metros sobre el nivel del mar, lo que representó un gran reto de ingeniería. La edificación del trayecto fue un compromiso directo del Tratado de 1904 y su inauguración oficial ocurrió el 13 de mayo de 1913, tras ocho años de labores.
La creación comenzó bajo el Sindicato de Obras Públicas de Chile, pasó a supervisión estatal y concluyó gracias a la firma británica Sir John Jackson Ltd. Para superar la compleja geografía montañosa, la infraestructura incorporó túneles, puentes y sistemas de cremallera en áreas de pendientes pronunciadas. El proyecto demandó esfuerzos humanos extremos, en los que numerosos trabajadores perecieron en duras condiciones laborales y por accidentes durante la construcción, según crónicas históricas y reportes de la época citados por El País.
Aunque los datos financieros originales varían de acuerdo con las fuentes, se estima que la inversión superó los US$300 millones en valores de aquel periodo, debido al gasto en mano de obra, tecnología y materiales. En el plano histórico, la megaobra funcionó como un emblema de integración regional. De este modo, el país altiplánico asumió la gestión de su sector tras los primeros 15 años de servicio, mientras que la nación vecina fortaleció su conectividad transfronteriza.
¿Cómo cambió el Ferrocarril Arica-La Paz tras décadas de crisis y abandono?
Durante el siglo XX, el FCALP funcionó como un eje vital para el transporte de mercancías y pasajeros entre el altiplano boliviano y el océano Pacífico. Esta vía facilitó el traslado de cientos de miles de toneladas de carga anual, lo que consolidó una integración comercial regional estratégica. Asimismo, el tren enlazó de forma directa a las comunidades andinas con los principales centros portuarios y urbanos de ambas naciones.
A finales de la década de 1990, la operación regular de la línea férrea inició su declive. El servicio de pasajeros concluyó en 1996 debido a la baja demanda, mientras el comercio optó por carreteras pavimentadas que ofrecían mayor flexibilidad logística. Tras severas inundaciones en el río Lluta que destruyeron tramos clave en 2001, la empresa administradora en Chile quebró en 2005 y cesó la actividad habitual.
En los últimos años, el ferrocarril experimentó planes de rehabilitación e inversiones en infraestructura que permitieron reportar en 2021 operaciones de mercancías desde Arica hacia terminales cercanas a La Paz. Actualmente, la ruta mantiene un rol simbólico en la conectividad fronteriza y sirve para fines logísticos específicos, mediante recorridos ocasionales de convoyes de carga o turísticos.



































