El secreto de la araña tejedora: estudio revela cómo la telaraña cambia de estructura para capturar presas sin romperse
Estos descubrimientos abren posibilidades para el desarrollo de nuevos materiales inspirados en la naturaleza, ideales para industrias que requieren resistencia y flexibilidad, como la ingeniería y la biomedicina.
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Un equipo internacional de científicos ha descubierto que ciertas arañas tejedoras son capaces de modificar activamente la estructura de su telaraña para hacerla más resistente sin perder elasticidad, resolviendo así uno de los mayores desafíos de los biomateriales. El estudio, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela un mecanismo único que combina flexibilidad y resistencia en un mismo material.
La investigación se centró en las arañas de la familia Deinopidae, conocidas por su técnica de caza: lanzan su red sobre sus presas. Durante este proceso, la red sufre deformaciones extremas, pero logra recuperar su forma sin romperse, un fenómeno que hasta ahora no había sido completamente explicado por la ciencia.
Según los investigadores, liderados por Jonas O. Wolff, el secreto está en la capacidad de este arácnido para “programar” la estructura de la seda mientras la producen, ajustando su rigidez en distintas partes de la malla según la función que deben cumplir durante la captura.
Telaraña adaptable
El estudio revela que los hilos están compuestos por una estructura compleja: un núcleo elástico rodeado por fibras dispuestas en forma de bucles. Esta arquitectura permite que los hilos sean inicialmente flexibles y se estiren con facilidad, pero que se vuelvan más rígidos a medida que se tensan.
Durante el ataque, la telaraña puede expandirse hasta 24 veces su tamaño original en cuestión de milisegundos. En ese proceso, algunas de sus partes llegan a deformarse hasta en un 200%. Esta capacidad le permite absorber la energía del impacto de la presa sin que la estructura se rompa, a diferencia de otros tipos de seda de araña.
Además, las arañas controlan este proceso mediante una técnica de hilado en espiral, regulando la cantidad de bucles y la mezcla de fibras para crear un “gradiente de elasticidad”: zonas más rígidas con el fin de soportar carga y otras más flexibles para estirarse al máximo.
Implicaciones para la ciencia
Los hallazgos no solo explican el funcionamiento de estas telarañas, sino que también abren la puerta al desarrollo de nuevos materiales inspirados en la naturaleza. El principio identificado —un elastómero reforzado con fibras en bucle— podría aplicarse en ingeniería para crear materiales que sean simultáneamente resistentes y altamente elásticos.
Este tipo de diseño sería especialmente útil en industrias que requieren materiales capaces de soportar grandes deformaciones sin romperse, como la fabricación de tejidos avanzados, estructuras flexibles o dispositivos biomédicos.
El estudio demuestra, además, cómo el comportamiento animal puede influir directamente en las propiedades físicas de los materiales que producen, ofreciendo un ejemplo único de adaptación evolutiva que supera las limitaciones tradicionales de los polímeros.

























