Científicos descubren que la inflamación en el sistema digestivo puede acelerar la pérdida de la memoria
El estudio revela que la interacción entre intestino y cerebro determina la capacidad de aprendizaje, y que manipular el microbioma podría revertir déficits cognitivos.
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Un equipo internacional de investigadores de Estados Unidos y Europa identificó un vínculo entre procesos inflamatorios en el sistema digestivo y el deterioro de la memoria asociado al envejecimiento.
El hallazgo forma parte del estudio Intestinal interoceptive dysfunction drives age-associated cognitive decline, publicado en la revista científica Nature, donde se describe cómo alteraciones en dicho órgano pueden influir en la actividad cerebral y favorecer el deterioro cognitivo.
Una ruta biológica
La investigación describe una vía que conecta el envejecimiento intestinal con cambios en la memoria. Con el paso del tiempo, el ecosistema microbiano del aparato digestivo experimenta transformaciones metabólicas que activan células inmunitarias.
Esta respuesta inflamatoria afecta la señalización hacia el cerebro a través del nervio vago, una estructura que transmite información en ambos sistemas.
Los científicos también observaron que esta alteración podría revertirse. Al restaurar la actividad del nervio vago en animales de mayor edad, los niveles de memoria se recuperaron hasta valores comparables a los de ejemplares jóvenes, lo que abre la posibilidad de desarrollar estrategias terapéuticas orientadas a fortalecer esa comunicación fisiológica.
Experimentos con ratones y microbiota
Para comprobar el papel de la microbiota —el conjunto de microorganismos que habitan el intestino—, los investigadores realizaron experimentos con ratones de distintas edades.
En una de las pruebas, animales jóvenes fueron alojados junto a otros más viejos durante varias semanas, lo que permitió que compartieran bacterias intestinales y alteraran su composición microbiana.
Tras ese período, los ejemplares jóvenes expuestos a microbiotas envejecidas mostraron peores resultados en tareas de reconocimiento de objetos y resolución de laberintos.
Sin embargo, cuando se restableció su microbioma original mediante antibióticos, los animales recuperaron su rendimiento cognitivo, lo que sugiere que los cambios en la comunidad microbiana pueden influir en el funcionamiento cerebral.
Una bacteria asociada a la inflamación
El análisis también identificó a la bacteria Parabacteroides goldsteinii como un posible factor implicado en el proceso. Su presencia aumenta con la edad y provoca inflamación que afecta la actividad del nervio vago, debilitando la comunicación del sistema digestivo y el cerebro.
Este mecanismo podría ayudar a explicar por qué algunas personas experimentan un deterioro mental más acelerado a lo largo del envejecimiento.
























