
Los viernes por la tarde, cuando el bullicio de Miraflores comienza a mezclarse con el canto de las aves y el murmullo de los transeúntes, el anfiteatro del parque Kennedy se transforma. Allí, frente a curiosos, vecinos habituales y visitantes ocasionales, la palabra toma cuerpo. No hay escenario elevado ni luces artificiales: solo un micrófono, un reloj que marca tres minutos por intervención y una regla básica —escuchar—. Así funciona 'Poesía en el Parque', el proyecto cultural que este 20 de marzo cumplirá 30 años de existencia.
La iniciativa nació en 1996, aunque sus raíces se hunden algunos años antes. Su fundador, el poeta, docente y gestor cultural Eduardo Rada, recuerda que la idea de llevar la poesía a un espacio público responde a una convicción profunda: la cultura no debe recluirse en auditorios ni circuitos especializados. “En el mundo griego, el ágora era el punto de encuentro para el teatro, la filosofía y la multiplicidad de opiniones. La plaza pública era la casa de la comunidad”, explica.
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Rada regresó al Perú a inicios de los noventa tras una estancia en Estados Unidos, época en la que dirigía el taller de poesía de la Universidad de Lima y promovía proyectos de difusión cultural. En 1992 impulsó 'Poetas por la Paz', una lectura multitudinaria realizada en el parque Kennedy, en un contexto marcado por la violencia terrorista. Cien poetas alzaron la voz en rechazo a Sendero Luminoso, en un gesto público que, además de literario, fue político en el sentido más ciudadano del término.
Cuatro años después, aquella experiencia se convirtió en un encuentro semanal. Desde entonces, 'Poesía en el Parque' se realiza sin interrupciones, atravesando cambios de gestión municipal, crisis políticas, migraciones y hasta una pandemia. “Ha pasado por seis o siete gobiernos municipales y se ha mantenido porque han entendido su valor”, señala Rada.
La dinámica es sencilla y, a la vez, radicalmente democrática. Cualquier persona puede participar: niños, jóvenes, adultos y adultos mayores; poetas consagrados o aficionados; limeños, migrantes o turistas. No se exige carnet ni residencia. Cada quien lee un poema propio o ajeno, sin censura previa, salvo una única restricción: no se permiten discursos político-partidarios. “Cada uno se hace responsable de lo que dice, pero aquí no venimos a hacer proselitismo”, aclara.
Antes de la pandemia, el anfiteatro albergaba una programación más amplia. Desde las seis de la tarde, grupos de adultos mayores bailaban al ritmo de música popular; luego venía la hora de poesía y, más tarde, el coro de la Municipalidad de Miraflores. “Era un evento lleno de gente, de cultura y entretenimiento. Se sentían en familia”, recuerda Rada. Hoy, aunque la actividad se ha reducido, el espíritu persiste.
El viernes pasado, el encuentro alcanzó un récord reciente: 33 poetas inscritos en poco más de una hora. Entre ellos, tres niñas. “Hay una chiquita de unos 11 o 12 años que al inicio llegaba tímida. Ahora sale con seguridad y dice lo que piensa. Eso es maravilloso”, cuenta el fundador. Para él, el impacto va más allá de la poesía: se trata de autoestima, ciudadanía y aprendizaje colectivo.
El público ha cambiado con el tiempo. Hubo épocas de masividad —hasta 300 personas por semana— y otras de menor afluencia. Tras la pandemia, se sumaron migrantes venezolanos, visitantes extranjeros y nuevas generaciones. Hace poco, incluso, un canadiense recitó un poema en castellano aprendido años atrás en el sur del Perú. “La variedad es la base de todo”, resume Rada, quien se define como el “director de una orquesta sinfónica ciudadana”.
En 2006, al cumplir diez años, 'Poesía en el Parque' recibió la Medalla UNESCO por su contribución a la cultura y la permanencia en el tiempo. Hoy, a puertas de las tres décadas, Rada considera que ese reconocimiento debería renovarse. “Hemos creado un oasis en medio del desierto urbano”, afirma.
Sin embargo, el aniversario llega en un contexto complejo. Recientemente, la Municipalidad de Miraflores restringió el uso del anfiteatro y cercado parte del parque, debido a supuestas alteraciones del orden público por parte de ciudadanos. Afortunadamente, el cierre fue temporal, ya que el proyecto de poesía no es el único intercambio que se da en la zona: adultos mayores bailan y se divierten en el espacio.
Rada no se opone al cuidado del espacio público, pero plantea un equilibrio. “Hay que protegerlo, claro, pero con serenazgo y programación cultural, no cerrándolo. El espacio público es de todos y debe estar al servicio de la comunidad”. Al cierre de esta nota, los cercos metálicos permanecen presentes en la rotonda, pero eso no detiene a los poetas.
Para el gestor cultural, el mayor desafío es que este modelo no se replique en otros distritos de Lima. “Ya se ha demostrado que funciona: convoca, educa y entretiene. La pregunta es por qué no se copia”, reflexiona. Mientras tanto, cada viernes, la palabra sigue resistiendo. En medio del ruido de la ciudad, el anfiteatro del Kennedy continúa siendo, al menos por una hora, un lugar donde escuchar al otro es la única consigna.
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