
Irán y Estados Unidos abrieron este sábado en Islamabad un proceso de diálogo orientado a desescalar la crisis en Medio Oriente, tras seis semanas de enfrentamientos que han dejado cientos de objetivos bombardeados y miles de víctimas. El acercamiento se produce en un escenario de recelo mutuo y con posturas aún alejadas respecto a los mecanismos para alcanzar un acuerdo duradero.
La capital pakistaní acoge a las delegaciones encabezadas por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, en un intento por consolidar la frágil tregua anunciada días atrás. Pakistán, en calidad de mediador, busca facilitar consensos que permitan reducir la tensión regional, en medio de exigencias cruzadas y prioridades divergentes.
En estos momentos, las conversaciones han entrado en una nueva etapa denominada “fase de nivel de expertos”, en la que participan comités especializados en áreas clave como economía, asuntos militares, cuestiones jurídicas y el programa nuclear. Según informó el gobierno iraní a través de la plataforma X, esta fase busca profundizar en los aspectos técnicos de las negociaciones.
El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, recibió a ambas comitivas y expresó su voluntad de contribuir a una salida negociada al conflicto. “Se anunció un alto el fuego temporal, pero ahora viene una etapa aún más difícil: la etapa de lograr un alto el fuego duradero, de resolver temas complicados mediante las negociaciones”, afirmó.
En paralelo, el jefe del Ejército pakistaní, Asim Munir, tuvo un rol visible en la recepción de la delegación estadounidense. Considerado un aliado clave de Washington y descrito como el “mariscal de campo favorito” del presidente Donald Trump, Munir fue uno de los primeros en dar la bienvenida a Vance tras su llegada a Islamabad.
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Su protagonismo refleja el fortalecimiento de los vínculos entre ambos países durante el actual mandato republicano, consolidado incluso con encuentros de alto nivel, como el almuerzo privado que sostuvo con Trump en la Casa Blanca el pasado junio.
No obstante, la desconfianza domina el ambiente. “Tenemos buenas intenciones, pero no confiamos”, declaró Qalibaf a su llegada, al tiempo que recordó que “nuestra experiencia en negociar con los estadounidenses siempre ha enfrentado fracasos y promesas incumplidas”.
En la misma línea, el canciller iraní, Abás Araqchi, sostuvo que “Irán entra en las negociaciones con total desconfianza debido a las repetidas violaciones de compromisos y traiciones por parte de Estados Unidos”.
Desde Washington, Vance también adoptó una posición cautelosa antes de viajar a Pakistán. “Si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, nosotros, desde luego, estamos dispuestos a extender la mano abierta”, señaló. Sin embargo, advirtió: “Si van a intentar jugárnosla, entonces verán que el equipo negociador no es tan receptivo”.
Entre los principales puntos de fricción figura el programa nuclear iraní. El líder republicano, subrayó que el objetivo central es impedir que Teherán desarrolle armamento atómico. "Nada de arma nuclear. Eso es el 99%" de la negociación, afirmó. El gobierno persa, por su parte, insiste en que sus actividades tienen fines exclusivamente civiles.
Teherán también demanda la ampliación del alto el fuego al Líbano —donde su aliado Hezbolá mantiene hostilidades con Israel— y la liberación de activos congelados. En paralelo, Washington presiona por la reapertura del estrecho de Ormuz, ruta estratégica por la que transita una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos y cuya actividad ha sido restringida por Irán.
Mientras tanto, el conflicto en territorio libanés continúa escalando. Israel ha proseguido con sus ataques contra posiciones de Hezbolá, pese a la tregua entre Teherán y Washington. La organización chií rechazó cualquier acercamiento con el Estado israelí y calificó como "una violación flagrante" de la Constitución libanesa las eventuales negociaciones directas.
Según su diputado Hasan Fadlallah, estos contactos "agravan las divisiones internas en un momento en que Líbano necesita más que nunca solidaridad y unidad interna para hacer frente a la agresión israelí".
En Islamabad, el despliegue de seguridad en torno al Hotel Serena refleja la magnitud del encuentro, mientras en Teherán persiste el escepticismo ciudadano.
Un residente consultado resumió ese sentir al afirmar que gran parte de las declaraciones de Trump son "puro ruido y sinsentido", reflejando la incertidumbre que rodea a un proceso diplomático clave para la estabilidad regional.





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