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Haití: entre vivir en desgobierno y escapar de la violencia

Crisis. El dilema empeoró desde que el presidente Jovenel Moïse decidiera ampliar su gobierno. Migrantes esperan en Perú.

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En Haití, miles de personas enfrentan la dicotomía entre quedarse a enfrentar el autoritarismo del gobierno de Jovenel Moïse y escapar de la pobreza y el hambre que infectó los barrios populares del país antes de la llegada del coronavirus.

La pandemia ha incrementado los males más endémicos de la nación: la corrupción y la falta de recursos alimenticios, servicios sanitarios y el pésimo acceso a la educación.

“En Haití no queda nada: no hay suministro de agua potable, las escuelas no funcionan o lo hacen muy mal, los hospitales no tienen equipamiento, la gente está desesperada”, afirma Jacques Léon-Emile, presidente de la asociación Memoria y Cultura de Haití, con sede en Francia. Este concepto retumba en casi toda América Latina.

Autoritario

La decisión del presidente Jovenel Moïse de ampliar su mandato hasta el 7 de febrero del 2022 ha generado una división política del país y el rechazo de un gran sector de la población, que condena esta decisión y la califica como una “dictadura”.

La oposición ha nombrado al juez Joseph Mécène Jean Louis como “mandatario interino” hace 10 días. Este propuso el último miércoles una serie de reformas antes de celebrar elecciones. Además, dijo que “uno de los principales proyectos” que pretende impulsar es la celebración de “elecciones honestas y creíbles”.

Mientras, desde los Estados Unidos aumenta la presión contra el gobierno de Moïse.

“Estoy alarmada por las recientes acciones autoritarias y antidemocráticas, desde el cese unilateral y nombramientos de jueces de la Corte de Casación hasta ataques contra periodistas”, dijo la subsecretaria adjunta de la Oficina de Asuntos para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EEUU, Julie Chung.

La funcionaria del Departamento de Estado dijo que su país “no se quedará callado cuando son atacadas las instituciones democráticas y la sociedad civil”.

Migración

Las carencias aumentan y con ello la necesidad de ir a buscar un nuevo futuro en otro país, un fenómeno que ocurre desde hace muchos años y ha tenido degradantes consecuencias humanas.

En el Puente de la Integración de Acre, unos 450 migrantes, la mayoría haitianos, pasan la peripecia de no poder ingresar a nuestro país. La Iglesia católica ha pedido una solución humanitaria para ellos.

En declaraciones a la prensa, los migrantes afirman que solo quieren el permiso de tránsito, pues su intención no es quedarse en nuestro país, sino ir para otros destinos como Ecuador o los Estados Unidos.

Sin embargo, el cerco policial que resguarda nuestros límites fronterizos ha aumentado su autoridad para evitar el ingreso de los foráneos por disposición del gobierno.

Importante

Difícil. El puente binacional inaugurado en 2006, de 240 metros de longitud sobre el río Acre, se encuentra en Madre de Dios (1.000 km al este de Lima) en la zona de la triple frontera entre Brasil, Perú y Bolivia. Esta es una zona franca para ellos.

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