
Cuando se habla de Egipto, la imagen que suele venir a la mente es la de las gigantescas píramides de Giza, en las afueras de El Cairo. Sin embargo, a más de mil kilómetros de allí se encuentra la antigua ciudad de Napata, cerca del monte Jebel Barkal, en Sudán, donde existe otro conjunto de estructuras mucho menos conocidas.
Aunque hoy gran parte del lugar está en ruinas, este territorio fue uno de los centros políticos, religiosos y culturales más importantes del antiguo Reino de Kush, una poderosa civilización africana que llegó a gobernar parte del continente hace más de 2.700 años.
Según los arqueólogos, el Nilo desempeñó un papel fundamental en el establecimiento de lo que hoy es Kebel Barkal. Foto: AFP
Napata se ubicaba en Nubia, una región rica en recursos naturales situada a lo largo del río Nilo. Durante siglos, esta zona estuvo bajo influencia y control del antiguo Egipto, pero con el tiempo el Reino de Kush se fortaleció hasta convertirse en una potencia regional.
La mayoría de los templos de este lugar se encuentran en ruinas, al pie de la montaña sagrada llamada Barkal. Foto: AFP
Hacia el año 700 a. C., los gobernantes kushitas expandieron su dominio y dieron origen a la llamada Dinastía XXV. Fue en este periodo cuando adoptaron varias tradiciones egipcias, entre ellas la construcción de templos, tumbas monumentales y pirámides.
Sin embargo, las estructuras de Kush no son una copia exacta de las egipcias. Según UNESCO, estas tienen características propias: son más pequeñas, más empinadas y fueron construidas con técnicas diferentes. Bajo ellas eran enterrados reyes y reinas, al igual que en Giza.
Una investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences reveló que la prosperidad de Napata se produjo gracias al cambio del comportamiento del río Nilo hace unos 4.000 años.
Ruinas del Templo de Amón en Jebel Barkal. Foto: Wikimedia
Los arqueólogos descubrieron que, durante miles de años, el Nilo excavó su propio valle. Pero luego el terreno comenzó a estabilizarse, permitiendo que el río depositara sedimentos y formara una extensa llanura fértil. Además, la llamada Cuarta Catarata del Nilo ayudó a ralentizar el flujo del agua y favoreció la acumulación de limo y arcilla.
Este proceso creó un suelo estable y productivo, ideal para la agricultura y el asentamiento humano. También redujo el riesgo de inundaciones extremas, mientras mantenía acceso constante al agua, algo crucial para el desarrollo de una gran ciudad antigua.
Muy cerca de las pirámides se levanta Jebel Barkal, una montaña de arenisca considerada sagrada por los kushitas. A sus pies se construyeron templos, palacios y complejos funerarios que convirtieron a Napata en un centro ceremonial de enorme importancia.
“En Sudán, la geología de la región crea rápidos, cascadas e islas a lo largo del Nilo que dificultan los viajes y fragmentan los asentamientos”, dijo el arqueólogo Geoff Emberling, de la Universidad de Michigan.
Aunque estas estructuras son mucho más jóvenes que la Gran Pirámide de Keops, de más de 4.600 años, representan una prueba del poder y la sofisticación del Reino de Kush, una civilización africana que durante siglos rivalizó con Egipto y dejó uno de los paisajes arqueológicos más fascinantes del continente.





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