
En el Amazonas de Brasil, en el lecho de un río seco, unos paleontólogos encontraron fósiles que no encajaban con ningún registro conocido. Se trataba de mandíbulas antiguas, de unos 15 centímetros de largo, que pertenecieron a un animal desconocido hasta ahora. Con el paso de las excavaciones, los investigadores reunieron nueve ejemplares similares, suficientes para identificar una nueva especie que vivió hace aproximadamente 275 millones de años.
El estudio describe a Tanyka amnicola, un tetrápodo con una característica que desconcertó a los científicos: sus maxilares presentaban una torsión inusual. “La mandíbula tiene una especie de giro extraño que nos volvió locos durante años; incluso pensamos que podía ser una deformación”, explicó Jason Pardo, investigador de la Universidad de Vilna en Lituania y autor principal del trabajo publicado en Proceedings of the Royal Society B.
Mandíbula de Tanyka, con martillo de geólogo como referencia de tamaño. Foto: Ken Angielczyk / Field Museum.
El animal pertenece al grupo de los tetrápodos, vertebrados de cuatro extremidades que incluyen reptiles, aves, mamíferos y anfibios. En etapas tempranas de su evolución, se dividieron en dos grandes linajes: uno que desarrolló huevos capaces de resistir ambientes terrestres y otro que continuó dependiendo del agua para reproducirse.
Este nuevo ejemplar persistió mucho después de la aparición de formas más modernas. “Fue un miembro superviviente del linaje de los tetráodos basales, incluso después de que evolucionaran tetrápodos más nuevos y modernos, Tanyka se parece un poco a un ornitorrinco. “Fue un fósil viviente en su época”, dice Pardo.
Fósil que muestra los dentículos en la mandíbula, formando una superficie similar a un rallador de queso que pudo haber sido utilizada para moler materia vegetal. Foto: Ken Angielczyk / Field Museum
El caso de Tanyka amnicola ilustra cómo ciertos linajes pueden coexistir con especies más evolucionadas. Este fenómeno se observa también en la actualidad. Algunos mamíferos, por ejemplo, evolucionaron hacia el nacimiento de crías vivas, mientras que otros conservaron rasgos más antiguos.
Tanyka amnicola en su hábitat natural, alimentándose de plantas acuáticas. Foto: Vitor Silva
Aunque los restos encontrados se limitan a mandíbulas, los expertos estiman que este animal pudo alcanzar cerca de 90 centímetros de longitud y presentar un aspecto similar al de una salamandra, con un hocico más alargado. Los indicios fósiles sugieren que habitaba entornos lacustres o cercanos a cuerpos de agua.
La característica más llamativa de Tanyka amnicola se encuentra en su aparato bucal. A diferencia de otros vertebrados, sus dientes inferiores no apuntaban hacia arriba, sino hacia los lados. Además, la parte interna de la mandíbula mostraba una superficie cubierta de pequeños dentículos que funcionaban como una especie de rallador.
Los científicos plantean que esta estructura permitía triturar alimentos mediante el contacto entre las superficies dentadas de ambas mandíbulas. “Esperamos que los dentículos inferiores rozaran con otros similares en la parte superior, lo que generaba una forma de alimentación bastante singular”, señaló Pardo. Esta adaptación sugiere una dieta basada, al menos en parte, en plantas.
Este rasgo resulta especialmente relevante, ya que la mayoría de los tetrápodos primitivos se asociaba con hábitos carnívoros. Según Juan Carlos Cisneros, coautor del estudio, “por la forma de sus dientes, creemos que Tanyka era herbívoro al menos en cierta medida”, lo que abre nuevas preguntas sobre la evolución temprana de la alimentación en vertebrados.





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