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Ciencia

Quebrada del Oso: un proyecto agrícola en medio del desierto que sirvió para alimentar al antiguo Perú

Un estudio demostró cómo el imperio Chimú organizó el trabajo, movilizó poblaciones y administró el agua en la costa desértica para sostener su expansión durante siglos.

El sitio Chimú de la Quebrada del Oso, en el valle de Chicama, indican que funcionó como un centro agrícola prehispánico. Foto: Antiquity
El sitio Chimú de la Quebrada del Oso, en el valle de Chicama, indican que funcionó como un centro agrícola prehispánico. Foto: Antiquity

Al sur del valle de Chicama, La Libertad, en una zona que hoy luce seca y aparentemente improductiva, la arqueología ha comenzado a reconstruir la vida prehispánica. Allí, en la Quebrada del Oso, funcionó entre los años 1045 - 1600 d.c., un complejo sistema hidráulico y agrícola impulsado por el imperio Chimú para producir alimentos, administrar el agua y sostener el crecimiento de su población. No solo fue un asentamiento en el desierto, sino que formó parte de un proyecto bien planificado que articuló ingeniería, poder político y trabajo agrícola en la costa norte del antiguo Perú.

Esta conclusión fue realizada gracias a equipo internacional de investigadores gracias al financiamiento de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), cuyos resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Antiquity. El estudio retoma trabajos realizados por primera vez en la década de 1970 y los reinterpreta con nuevas excavaciones, análisis y una mirada más amplia sobre el rol del sitio dentro del Imperio Chimú. La arqueóloga, Carito Tavera, autora principal del estudio, explicó a La República los detalles de la investigación.

“Quebrada del Oso es un lugar clave en la arqueología peruana, destacó Tavera. “Este nuevo estudio nos ha permitido entender cuál fue realmente su función dentro del aparato imperial chimú”, agregó.

Quebrada del Oso fue un importante centro de producción agrícola y administrativo del Imperio Chimú. Foto: Carito Tavera

Un centro de decisiones en medio del desierto

Uno de los aportes más importantes de la investigación es demostrar que Quebrada del Oso fue un espacio donde se ejercía la autoridad de los Chimú. Según la arqueóloga, allí no solo se cultivaba la tierra, sino que se planificaba la producción agrícola y se gestionaba un recurso clave: el agua.

El sitio se encuentra al pie del canal intervalle Chicama–Moche, también conocido como el Canal de La Cumbre, una de las obras de ingeniería hidráulica más complejas del mundo prehispánico. Desde este punto, el agua era derivada hacia los campos de cultivo mediante canales secundarios, lo que permitía irrigar extensas áreas agrícolas en una zona naturalmente desértica.

Vista aérea de las excavaciones en la estructura en forma de C. Foto: Antiquity

“Este estudio ha demostrado que, a través de canales secundarios, Quebrada del Oso administraba agua tomada del acueducto principal y la llevaba hacia los campos de cultivo”, señala Tavera. Para la investigadora, esto confirma que el sitio fue diseñado como parte integral del sistema hidráulico chimú y no como una ocupación casual del paisaje.

El control del agua como base del poder chimú

La ubicación de Quebrada del Oso obedece a una lógica técnica. El canal Chicama–Moche captaba el agua en la parte alta del valle y la conducía bordeando las cordilleras costeras. En ese trayecto, la velocidad del agua debía ser cuidadosamente controlada para que no rebalse del acueducto y termine desbordándose, entonces cada tramo en kilómetros, va ‘desfogando’ agua en canales secundarios que luego crean áreas de cultivo que son administradas por los Chimú.

Se ha demostrado que este complejo no fue exclusivo del periodo chimú. Quebrada del Oso siguió funcionando durante la dominación inca y, posteriormente, en los primeros años de la colonia. “Tres imperios utilizaron la misma infraestructura para seguir produciendo alimentos”, afirma Tavera. Incluso cuando el control estatal desapareció, el lugar continuó siendo aprovechado por las poblaciones locales, probablemente por la memoria social asociada a su productividad.

Arquitectura administrativa fuera de Chan Chan

Otro hallazgo clave fue la identificación de una audiencia rural Chimú, una estructura arquitectónica característica de los espacios donde se tomaban decisiones administrativas y políticas. Este tipo de construcciones se asocia tradicionalmente a Chan Chan, la capital del imperio, pero también se replicó en otros centros estratégicos del territorio.

En el complejo arqueológico se encontraron microalgas que confirman el uso planificado del agua. Foto: Carito Tavera

Las audiencias son estructuras únicas dentro de la tradición arquitectónica chimú y están asociadas a espacios donde se tomaban decisiones de carácter estatal. La presencia de una de estas edificaciones en Quebrada del Oso confirma que el complejo formaba parte de una red administrativa más amplia, encargada de gestionar recursos y actividades productivas lejos del núcleo urbano principal.

Este hallazgo refuerza la idea de que el poder chimú no se concentraba únicamente en la capital, sino que se extendía a través de centros especializados que articulaban producción, control y toma de decisiones en distintos puntos del territorio.

Trabajo agrícola sin poblados permanentes

Las excavaciones en los campos de cultivo revelaron una dinámica particular de ocupación. Se encontraron numerosos fragmentos de cerámica utilitaria —platos y recipientes asociados al consumo cotidiano de alimentos—, pero no evidencias de viviendas formales.

“No estamos hablando de un poblado establecido”, explica Tavera. “La gente llegaba a trabajar, se alimentaba en el sitio y luego se retiraba”. Esta ausencia de casas sugiere que Quebrada del Oso funcionó como un espacio de trabajo agrícola al que acudían grupos movilizados por el Estado chimú para cumplir con cuotas de producción.

En este contexto, el hallazgo de cerámica de estilo Casma resulta especialmente revelador. Procedente de un valle ubicado a varios kilómetros al norte, esta cerámica indica que poblaciones de otras regiones fueron trasladadas hasta Chicama para trabajar en los campos. Los chimú invadieron a los Casma y tuvieron la capacidad de mover poblaciones para asegurar la producción. Esta práctica más tarde también la emplearían los incas.

La vida cotidiana en un paisaje agrícola estatal

Según Tavera, la sociedad que operaba en Quebrada del Oso era claramente jerarquizada. El sitio combinaba tres componentes: la arquitectura administrativa, los campos de cultivo y el acueducto. Quienes administraban el complejo se encontraban en una posición distinta a la de los trabajadores agrícolas, que desarrollaban su vida cotidiana en los campos.

En estos espacios se producía el alimento, se fabricaban herramientas —principalmente líticas, según el registro arqueológico— y se sostenía una economía basada en cultivos esenciales como el maíz y el frejol, dos pilares de la dieta andina. El agua, en este contexto, era el recurso vital que hacía posible la subsistencia del sistema.

Más que una simple “reserva agrícola”, Tavera describe a Quebrada del Oso como “un proyecto hidráulico y agrícola del imperio chimú para producir más alimentos y sostener el crecimiento de su población”. Una iniciativa estatal que transformó el desierto en un paisaje productivo.

Un laboratorio de conocimientos en peligro

Hoy, Quebrada del Oso enfrenta serias amenazas. El crecimiento de la avicultura, la agroindustria, el tráfico de tierras y la minería ilegal ponen en riesgo la integridad de este paisaje arqueológico. Para la investigadora, la pérdida no sería solo patrimonial, sino también de conocimiento. En el sitio aún se pueden observar distintos patrones de surcos de cultivo —en forma de S, E o líneas rectas— que reflejan estrategias para manejar la evaporación del agua y las necesidades de las plantas, los cuales requieren protegerse.

"Estos paisajes agrícolas prehispánicos son realmente laboratorios a techo abierto que nos permitirían poder reconstruir ciertas tecnologías que podrían ser muy útiles en el presente, sobre todo para la pequeña industria agrícola que tiene el país y para la agricultura familiar comunal que está en constante riesgo", advierte la experta.

Quebrada del Oso, hoy silenciosa y árida, fue durante siglos una pieza clave del engranaje estatal chimú. Su estudio no solo ilumina el pasado, sino que plantea interrogantes urgentes sobre el futuro del agua, la agricultura y la memoria en el Perú.

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