Ciencia

Una expedición de aguas profundas en el Atlántico encuentra más de 200.000 barriles de residuos radiactivos con fugas

Los científicos ahora se dedican a estudiar el impacto de estos residuos en la vida marina.

Los expertos investigan que ocurrió con los barriles vertidos en el mar entre 1970 y 1980. Foto: Campagne NODSSUM, CNRS, Flotte océanographique française
Los expertos investigan que ocurrió con los barriles vertidos en el mar entre 1970 y 1980. Foto: Campagne NODSSUM, CNRS, Flotte océanographique française

Una expedición científica al Atlántico nororiental permitió observar de cerca cientos de antiguos barriles con residuos radiactivos, algunos de ellos en avanzado estado de corrosión. Parte del material ya salió de determinados contenedores y alcanzó el sedimento del fondo oceánico, a casi 4.700 metros bajo la superficie.

Los investigadores detectaron radionúclidos asociados con estos desechos en concentraciones superiores a las habituales en la zona. Sin embargo, las mediciones todavía no permiten establecer un daño ecológico. Más de 200.000 barriles fueron depositados en esta región durante la segunda mitad del siglo XX, y ahora los científicos buscan determinar qué ocurrió con su contenido y si los organismos de las profundidades incorporaron sustancias radiactivas.

Uno de los bidones de residuos radiactivos muestra una degradación significativa y un derrame de material en el lecho marino circundante. Foto: ENS

Uno de los bidones de residuos radiactivos muestra una degradación significativa y un derrame de material en el lecho marino circundante. Foto: ENS

Una inspección de barriles a casi 4.700 metros de profundidad

La investigación tuvo lugar entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026, a bordo del buque oceanográfico Pourquoi Pas?, que transportó a unos 30 científicos. El sumergible tripulado Nautile realizó 20 inmersiones por debajo de los 4.700 metros y permitió examinar directamente los recipientes y los ecosistemas próximos.

Uno de los bidones de residuos radiactivos muestra una degradación significativa y un derrame de material en el lecho marino circundante. Foto: ENS

Uno de los bidones de residuos radiactivos muestra una degradación significativa y un derrame de material en el lecho marino circundante. Foto: ENS

La campaña reunió a equipos franceses y colaboradores nacionales e internacionales. En estas llanuras abisales, lejos de la luz solar, existen comunidades de microorganismos, peces e invertebrados. Para conocer mejor la distribución de los residuos, una expedición anterior utilizó el robot autónomo Ulyx, que localizó 3.355 contenedores y obtuvo 345 muestras de sedimento, 5.000 litros de agua y 34 ejemplares de peces y crustáceos.

Los residuos radiactivos en fuga

Las imágenes captadas durante las inmersiones mostraron recipientes muy deteriorados y evidencias de material que salió de algunos barriles. Cobalto-60 y niobio-94 resultaron especialmente útiles como indicadores de los residuos, mientras que también aparecieron cesio-137 y americio-241.

Mapa de barriles identificados y áreas cartografiadas por el vehículo submarino autónomo (AUV) UlyX. Foto: Flotte océanographique française

Mapa de barriles identificados y áreas cartografiadas por el vehículo submarino autónomo (AUV) UlyX. Foto: Flotte océanographique française

El problema consiste en determinar el origen exacto de cada radionúclido. El cesio-137 y el americio-241 también pueden proceder de pruebas de armas nucleares y accidentes nucleares. Muestras obtenidas lejos de los barriles en 2025 ya habían revelado trazas radiactivas, en particular de americio-241.

El proyecto cuenta con Patrick Chardon, de la Universidad Clermont Auvergne, y Javier Escartín, de la Escuela Normal Superior de París, entre sus responsables científicos. Antes de las inmersiones, Escartín planteó la cuestión central: «¿Los radionúclidos han escapado de los barriles y, si es así, en qué forma?». La expedición confirmó que parte del material salió de los recipientes.

Los investigadores desconocen el impacto sobre la vida marina

Anémonas, esponjas, cangrejos y otras especies ocupan algunos barriles y sus alrededores. Los investigadores recogieron sedimentos, agua, organismos y comunidades microbianas próximas a los contenedores. También estudiaron hábitats rocosos cercanos para comparar las comunidades naturales con aquellas que viven junto a los residuos.

Los análisis de laboratorio deberán establecer la concentración y procedencia de los radionúclidos, además de determinar su desplazamiento por el agua y el sedimento. Otro objetivo consiste en saber si los organismos marinos absorben estas sustancias en cantidades relevantes.

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