Perú reduce mortalidad materna, pero brechas regionales y embarazos adolescentes preocupan
Con 209 muertes en 2025 y 52 en lo que va de 2026, el país muestra una recuperación tras el impacto de la pandemia, pero persisten desigualdades regionales, dificultades de acceso y casos en adolescentes sin reducción significativa.
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Perú ha reducido de forma importante la mortalidad materna en las últimas dos décadas. En 2025 alcanzó su nivel más bajo histórico, con 209 fallecimientos; sin embargo, en los últimos años la disminución se ha desacelerado.
A inicios de los años 2000, el país superaba las 600 muertes maternas al año. La decana del Colegio Regional de Obstetras III Lima Callao y docente de la Escuela de Postgrado de la Universidad Tecnológica del Perú (EPGUTP), Jenny Zavaleta Luján, señaló que factores como el acceso geográfico, la distribución desigual de recursos y las limitaciones del sistema de salud siguen condicionando los resultados.
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Impacto de la pandemia
Uno de los principales quiebres en la tendencia ocurrió durante la pandemia de COVID-19. En 2019, el país alcanzó uno de sus niveles más bajos, con 312 muertes maternas. Pero en 2020 la cifra subió a 444 casos y en 2021 llegó a cerca de 493.
Zavaleta sostuvo que la crisis sanitaria generó un retroceso significativo: “Con la pandemia hemos tenido un retroceso aproximadamente de 12 años en lo que habíamos avanzado”. La emergencia sanitaria estuvo marcada por la saturación de los servicios de salud, la reducción de controles prenatales y las dificultades para acceder a atención especializada.
Aunque los indicadores volvieron a descender desde entonces, la recuperación ha sido progresiva y todavía incompleta.
Muertes prevenibles
Las principales causas de muerte materna en el país siguen siendo prevenibles. Zavaleta precisó que la primera causa son las hemorragias obstétricas, que pueden presentarse de forma inesperada incluso en gestantes sin factores de riesgo. En segundo lugar se ubican los trastornos hipertensivos, como la preeclampsia. Ambos concentran cerca del 40% de los casos. Les siguen las infecciones y las complicaciones asociadas a enfermedades preexistentes.
La especialista advirtió que estas complicaciones pueden aparecer en cualquier etapa del embarazo, el parto o el posparto, por lo que el personal de salud debe estar capacitado para detectarlas y actuar de manera oportuna. Estas situaciones pueden agravarse por factores como la anemia, la obesidad o enfermedades crónicas no diagnosticadas.
Brechas territoriales
Las desigualdades regionales continúan entre los principales desafíos. En 2025, Loreto encabezó la lista con 34 muertes maternas, seguido de Lima (30), Cajamarca (16), Piura (15) y Puno (13).
Según la obstetra, las zonas más afectadas son la sierra y la selva en áreas alejadas, donde el acceso a servicios de salud implica largos desplazamientos y limitaciones logísticas. “En las zonas de difícil acceso, el profesional no quiere ir”, señaló al referirse a la falta de personal en estos territorios.
En muchos casos, las gestantes deben recorrer varias horas —incluso días— para llegar a un establecimiento de salud, lo que retrasa la atención de emergencias obstétricas. A ello se suman barreras culturales y condiciones de pobreza que dificultan el acceso oportuno.
El primer nivel de atención, clave para la prevención, presenta debilidades importantes. Zavaleta indicó que se requiere reforzar la capacitación y la disponibilidad de recursos humanos. También advirtió que en algunos establecimientos no hay personal permanente, lo que limita la continuidad de la atención.
“El sistema de salud requiere estar organizado de forma que de prioridad a las necesidades de la población. La cobertura de los recursos humanos y la capacitación para mejorar la calidad de atención”, afirmó.
Pese a estas limitaciones, destacó el rol de las obstetras en las zonas más alejadas, donde muchas veces son el único personal de salud disponible y cumplen funciones esenciales de seguimiento y detección de riesgos.
Embarazo adolescente
Otro foco de preocupación es el embarazo en adolescentes. En 2025 se reportaron cinco muertes maternas en niñas de entre 10 y 14 años y 27 en adolescentes y jóvenes de 15 a 19 años, cifras que se han mantenido sin una reducción significativa en los últimos años.
Zavaleta advirtió que el problema está vinculado a la falta de educación sexual integral y a los estigmas. Planteó incorporar obstetras en los colegios para brindar orientación adecuada desde edades tempranas y prevenir embarazos no planificados, así como sus consecuencias en la salud y el desarrollo de las adolescentes.
Si bien la mayoría de muertes maternas se concentra en mujeres de entre 20 y 35 años, los mayores riesgos se presentan en los extremos de la vida reproductiva. “Definitivamente en las edades más jóvenes de las mujeres estos cuadros se van a presentar con mayor frecuencia, cuando son muy jóvenes o cuando son mayores”, explicó.
Desafíos al 2030
A nivel regional, América Latina registra entre 60 y 68 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos, cerca del objetivo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que plantea reducir esta tasa a menos de 70 hacia 2030.
Sin embargo, la especialista advirtió que alcanzar metas más ambiciosas requerirá decisiones concretas, como fortalecer el primer nivel de atención, mejorar la gestión del sistema de salud y garantizar la capacitación en alto riesgo del personal.
“Cuando detectas un problema de forma precoz vas a poder manejarlo de forma adecuada y continuar con el tratamiento en un lugas especializado y eso nos ayudaría a prevenir y a evitar muertes maternas”, sostuvo.
La reducción de la mortalidad materna en el país dependerá de cerrar las brechas de acceso, reforzar el primer nivel de atención y asegurar respuesta oportuna en las zonas rurales y de difícil acceso. El Ministerio de Salud (Minsa) reporta 52 casos en lo que va del 2026.































