Rondas campesinas luchan para que el COVID-19 no ingrese a sus comunidades

Elizabeth Prado

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04 May 2020 | 1:26 h
Vigilancia y disciplina. A diferencia de la ciudad de Piura, las zonas altas de esta región están protegidas del alcance del virus gracias a la labor de ronderos.
Vigilancia y disciplina. A diferencia de la ciudad de Piura, las zonas altas de esta región están protegidas del alcance del virus gracias a la labor de ronderos.

Organización. Mantienen el control territorial en sus caseríos y hacen cumplir el aislamiento social y el toque de queda. Han logrado contener al virus en donde no siempre llega la policía.

El 16 de marzo, al día siguiente de la publicación del decreto supremo 044 que declaró el estado de emergencia en el país para frenar el avance del coronavirus, las rondas campesinas tomaron el control territorial de caseríos, centros poblados y comunidades. Ahí, donde la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas no siempre llegan, colocaron tranqueras y dispusieron piquetes de vigilancia.

El presidente de la Federación Regional de Rondas y Comunidades Campesinas de Piura, Marcial Calle, refiere que se sumaron al mandato del gobierno con el trabajo voluntario de miles de ronderos durante las 24 horas del día. Cuenta que solo en Morropón existen 600 bases y a nivel de la región hay más de 100 mil personas empadronadas.

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Cada caserío piurano tiene una tranquera donde cinco de ellos vigilan en turnos de seis horas que ningún extraño pase, salvo personas autorizadas. También hacen cumplir el aislamiento social y el toque de queda que empieza a las 4:00 de la tarde.

Calle afirma que en las provincias altas de su región no se ha reportado ninguna persona afectada por el virus, pero sí han ocurrido tres fallecimientos en la parte baja de Morropón. Por eso le preocupa los pocos implementos de seguridad que tienen para seguir defendiendo a sus paisanos de la pandemia. Y más ahora cuando retornan miles de personas que perdieron sus puestos de trabajo en la costa.

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Mientras que en Lambayeque, en el distrito ferreñafano de Kañaris, las rondas siguen firmes en las tranqueras que instalaron desde la carretera marginal de Pucará hasta Kañaris. El rondero Florentino Barrios indica que tienen controles en el Puente San Lorenzo del caserío Pishcol, lo mismo que en Chilaque, Atumpampa, Tute y Alizal. También en la salida del distrito, en Cruz Loma.

En la provincia de Chota, región Cajamarca, cuna de las rondas campesinas, estas organizaciones se han convertido en el muro de contención que evita que la gente baje a la ciudad y se contagie, según sostiene el alcalde Werner Cabrera.

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Están presentes en todas las vías de ingreso a esta ciudad y a los pueblos de la jurisdicción. Solo dejan entrar víveres y medicinas, no entran pasajeros salvo retornantes que tengan autorización del alcalde, de acuerdo a la declaración de un policía del lugar.

“Si encuentran gente foránea, inmediatamente me llaman. Yo comunico a la Dirección de Salud y nosotros vamos en resguardo para que no se acerquen a la gente porque pueden contagiarse”, refiere el agente.

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Pero en la provincia de Cajamarca las rondas sienten el desborde de los retornantes. El dirigente Segundo Mendoza cuenta que a los que llegan en bus se suman los que vienen a pie. Esperaban 600 personas pero son cerca de 40 mil los que piden volver.

Este panorama se repite en Tumbes, Piura, Lambayeque, Amazonas, San Martín, Huánuco, Ucayali, Puno, Cusco, Cajamarca, La Libertad y Áncash. El presidente de la Central Única Nacional de Rondas Campesinas (Cunarc), Santos Saavedra, asegura que sin la contribución de las rondas la Policía no podría controlar a millones de personas en las zonas rurales. Y lamenta que el Ejecutivo no salude la labor de estas organizaciones surgidas a mediados de 1970.

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El sociólogo Nelson Manrique destaca la gran legitimidad que tienen las rondas en el campesinado y los mecanismos de justicia y autoridad que poseen. Estima que pueden aportar mucho en la lucha contra el Covid-19. Pero recomienda una coordinación permanente con las autoridades de Salud y las fuerzas del orden para tener claro lo que deben hacer en esta batalla sanitaria.

Pueden evitar que retornantes sean agentes de contagio

- El defensor adjunto en prevención de conflictos sociales, Rolando Luque, enfatiza en el papel de autoridades y rondas para que los retornantes no se sean agentes de contagio.

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- “En las zonas rurales hay un nivel de contagio bajo. Preocupa que quienes llegan de zonas urbanas puedan ser agentes de contagio. Ahí hay un papel de la ronda, la policía, el sistema de salud y el municipio de hacer cumplir la cuarentena. De otro modo, las más de 200 mil personas que quieren regresar podrían diseminar el virus en zonas donde el servicio de salud es mínimo”.

Las cifras

- 12 Comités regionales y 6 en construcción tiene la Cunarc.

- 1 millón de ronderos hay en el país. 30 % son mujeres.