Suiza crea la batería líquida más potente del mundo para almacenar energía y estabilizar la red eléctrica de más países desde 2029
Esta infraestructura buscaría asegurar un suministro energético eficiente en países como Alemania y Francia. Los expertos prevén que sea clave para evitar apagones.
- Un 'río artificial' de 145 km es construido en un país de Sudamérica como solución a la sequía, copiando la estrategia de China
- Científicos chinos crean un nuevo tipo de madera capaz de generar electricidad hasta en lugares de completa oscuridad

Suiza lidera la innovación energética con la construcción de la batería de flujo redox de mayor capacidad en el mundo. El grupo FlexBase encabeza este proyecto estratégico en la localidad de Laufenburg, situada en el cantón de Argovia. Esta infraestructura, cuya puesta en marcha se estima para 2029, busca resguardar excedentes de energía renovable y garantizar la robustez de las redes eléctricas tanto locales como europeas cerca de la frontera con Alemania.
La tecnología implementada destaca por una rapidez de respuesta sin precedentes en sistemas de gran escala. Marcel Aumer, cofundador de la firma, explicó a la radiotelevisión RTS que mediante este mecanismo “podremos inyectar o absorber hasta 1,2 gigavatios por hora de electricidad en pocos milisegundos, lo que equivale a la potencia de una central nuclear como la de Leibstadt”. Gracias a ese despliegue técnico, la nación helvética posiciona su industria como un pilar fundamental para la estabilidad del suministro eléctrico internacional.
¿Qué impacto tendrá el almacenamiento de energía redox en el sector tecnológico?
La planta de almacenamiento energético emplea tecnología de baterías de flujo redox, un sistema innovador que usa electrolitos líquidos contenidos en depósitos de gran escala. A diferencia de los acumuladores convencionales de iones de litio, este método utiliza pilas de celdas para transformar la energía química en electricidad de manera eficiente. La infraestructura representa un avance crítico para la gestión de recursos renovables en entornos industriales de alta demanda.
La ejecución física del proyecto contempla un pozo subterráneo con una profundidad de 27 metros, extensión que supera el tamaño de dos campos de fútbol profesionales. Esta megaestructura forma parte del Centro Tecnológico de Laufenburg, un complejo de 20.000 m² diseñado para integrar laboratorios, oficinas y un centro de datos especializado en inteligencia artificial. El diseño prioriza el aprovechamiento del espacio mediante instalaciones bajo tierra para minimizar el impacto visual en la superficie.
Esta iniciativa privada requiere una inversión de entre 1.000 y 5.000 millones de francos suizos (cifra equivalente a un rango de 1.200 a 6.200 millones de dólares). Además del capital financiero, la obra impulsa el mercado laboral local con la creación prevista de 300 puestos de trabajo durante las fases de desarrollo y operación. Actualmente, la construcción avanza como una pieza clave para la soberanía energética y el soporte de infraestructuras digitales avanzadas.
¿Qué beneficios aporta esa infraestructura al sistema energético actual?
Esta instalación almacena excedentes de fuentes renovables, como la solar y la eólica, para suministrarlos a la red bajo una alta demanda. La tecnología garantiza flexibilidad ante las fluctuaciones en la producción limpia, un aspecto que Swissgrid define como fundamental para el futuro eléctrico. De acuerdo con el portavoz Gabriele Crivelli, “las grandes baterías pueden almacenar energía cuando hay mucha y liberarla cuando se necesita”.
Gracias a su respuesta en milisegundos, el sistema mitiga el riesgo de apagones y optimiza la gestión de picos de consumo. Esta capacidad de reacción convierte a la batería en un respaldo crítico para infraestructuras de gran escala, tales como centros de datos. Su diseño busca estabilizar la red de alta tensión mediante una integración eficiente de recursos sostenibles que antes se desperdiciaban.
¿De qué manera beneficia este proyecto al suministro eléctrico europeo?
La construcción del elemento optimiza el sistema eléctrico europeo interconectado al vincular la red nacional con territorios colindantes. Esta integración estratégica facilita el traspaso de energía limpia durante periodos de inestabilidad, garantizando que el flujo de recursos alcance zonas clave con eficiencia. El mecanismo asegura una cooperación técnica que fortalece la infraestructura regional ante los desafíos de la transición ecológica actual.
El dispositivo estabiliza el consumo en naciones como Alemania y Francia, además de otros estados miembros de la Unión Europea. Su función principal reside en equilibrar las redes ante picos de exigencia o cuando la generación renovable resulta insuficiente, consolidando la seguridad energética frente a los momentos críticos del mercado continental.































