
Se erigió como un símbolo de la ambición y la explotación que caracterizaron la época colonial. Desde su descubrimiento en 1545, debido a su gran mina, esta ciudad ubicada a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, se convirtió en la mayor productora de plata del virreinato del Perú, alimentando la economía española y moviendo la economía mundial durante más de dos siglos. Sin embargo, esta riqueza se logró a un alto costo humano, dejando un legado de sufrimiento y desigualdad. Hoy, el lugar permanece atrasado en el tiempo y su población persiste sumida en la pobreza.
En abril 1545, a menos de 15 años del desembarco de Francisco Pizarro a tierras sudamericanas, un indio, conocido como Gualpa, reveló a Juan de Villarroel y al carmonés, Diego Centeno, la noticia de la existencia de una inmensa montaña en el Cerro Rico. Se trataba de la mina de plata de Potosí, ubicada hoy en Bolivia, la cual durante más de dos siglos se transformaría en un importante centro minero en el Virreinato del Perú, atrayendo a miles de trabajadores y comerciantes de todo el mundo.
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La plata extraída de la ciudad de Potosí no solo alimentó la economía española, sino que también permitió a España mantener su hegemonía en Europa. Sin embargo, esta riqueza se logró a expensas de la vida de miles de indígenas y esclavos traídos desde África, quienes fueron sometidos a condiciones laborales extremas y peligrosas.
El sistema de mita, implementado en 1570, obligó a los indígenas a trabajar en las minas bajo condiciones inhumanas. Las jornadas laborales eran agotadoras, y muchos trabajadores perdieron la vida debido a la falta de atención médica y la exposición a sustancias tóxicas.
Hoy en día, Potosí enfrenta una alarmante contradicción: es una de las regiones más ricas en recursos minerales, pero su población es una de las más empobrecidas de Bolivia. Según datos del Censo 2012, el 59,7% de sus habitantes vivían en condiciones de pobreza, careciendo de servicios básicos y enfrentando altos niveles de desnutrición y enfermedades. Las protestas del Comité Cívico de Potosí reflejan el descontento de los ciudadanos que exigen un mejor acceso a los beneficios de la riqueza que su tierra produce.
A pesar de ser el corazón de la minería boliviana, en Potosí sus habitantes luchan por satisfacer necesidades básicas. Según el director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc), hasta junio de este año se han reportado 56 muertes por inseguridad laboral, siendo el rango de edad de las víctimas de entre 20 y 22 años, quienes ingresaron a la mina a extraer el mineral.
Según reportó el youtuber SoyGaboDunn, quien estuvo en la ciudad de Potosí, la minería sigue siendo la principal actividad económica del lugar y los mineros trabajan hasta 8 horas en el yacimiento sin comer, solo sobreviviendo con agua y hojas de coca.
Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) de Bolivia, el departamento de Potosí alcanzó aproximadamente 924.775 habitantes en 2023, con un crecimiento notable en la población joven. Sin embargo, a pesar de este crecimiento demográfico, la calidad de vida de sus habitantes sigue siendo precaria. La esperanza de vida al nacer en Potosí ha mejorado ligeramente en los últimos años, alcanzando los 74,5 años para las mujeres y 72,4 años para los hombres, lo que indica una brecha de 2,1 años a favor de las mujeres.
La historia de Potosí es un recordatorio de que la riqueza no siempre se traduce en bienestar, y que la lucha por un futuro mejor es una tarea colectiva que requiere la atención y el compromiso de todos.





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