
De usar términos como “periodistas basura” a cerrar la agencia oficial de noticias Télam, el gobierno de Javier Milei se caracteriza por su hostilidad no solo con la prensa, sino con cualquiera que se atreva a cuestionar sus políticas o decisiones. Julia Mengolini, fundadora y directora de la radio Futuröck, vive en carne propia estos ataques al convertirse en blanco predilecto del hostigamiento oficial desde que el libertario asumió la presidencia en diciembre de 2023. En diálogo con La República, Mengolini calificó al mandatario como "una copia burda de Trump" y advirtió sobre el avance de lo que considera una persecución sistemática contra la prensa crítica.
El verano pasado, Mengolini presentó una demanda contra Milei y más de 20 personas vinculadas a su administración. Los acusó de "asociación ilícita, malversación de fondos públicos, amenazas coactivas e instigación pública al odio". Paralelamente, Milei presentó dos denuncias penales por injurias contra la periodista. Una fue desestimada, pero la otra se reabrió el 18 de diciembre de 2025. Si pierde, Mengolini enfrentaría una multa de entre 1500 y 20.000 pesos, entre 1 y 14 dólares al cambio actual, según el artículo 110 del Código Penal.
¿Cómo inició la persecución contra usted por parte del gobierno de Javier Milei?
El Gobierno cuenta con un aparato que nosotros llamamos "milicias digitales paraestatales", un sistema de trolls que funciona muy ácidamente en YouTube, Twitter, TikTok e Instagram. Buena parte de estos me vienen apuntando y hostigándome, incluso desde antes de que Milei fuera presidente. Después, también por una cuestión de afinidad ideológica, terminan muy involucrados con el gobierno. Muchos de ellos pasan a ser directamente funcionarios públicos. Lo que antes eran trolls anónimos, ahora tienen nombre propio y forman parte, incluso, del staff permanente del gobierno.
Estos ataques consisten en campañas permanentes de difamación. Una de estas, que fue tal vez la más grosera de todas, fue una en la que hicieron un video con inteligencia artificial en el que me involucraban en un acto sexual con mi propio hermano. Esta campaña la amplificaron, incluso, desde las más altas esferas del poder. Esto provocó, además, una ola de amenazas con mucha violencia digital.
Yo decidí que lo iba a demandar al presidente y a todo este ejército de personas. Lo dije en televisión, que iba a demandar al presidente, y él me la devolvió con una demanda propia. El presidente ya me demandó dos veces en sede penal y una vez en sede civil.
Acá todo esto se combina, en realidad. Es una persecución de larga data.
¿Qué tipo de amenazas recibe y a qué personajes de la política ha identificado como parte de esta serie de ataques?
Por ejemplo, Santiago Oría, director de Realizaciones Audiovisuales de Presidencia; la diputada nacional Lilia Lemoine, una de las personas más cercanas al presidente; ‘El Gordo Dan', que es Daniel Parisi, quien, si bien no tiene un cargo formal, se sabe que pertenece al aparato comunicacional del presidente. Después está Juan Carreira, que es el Director Nacional de Comunicación Digital de la Presidencia y, ahora, además, está a cargo de una nueva oficina que acaban de crear para responder a las ‘fake news’ que se supone surgen de los medios de comunicación.
¿Considera que el gobierno de Milei tiene una fijación machista por enfocar sus ataques contra mujeres, los cuales incluso se han extendido a personalidades del arte?
El presidente responde a todos los ataques que a él le molestan, y en ese sentido es bastante generoso. Le pega a varones, le pega a mujeres, e incluso a gente que está dentro de su espectro ideológico, atacándolos por algún detalle que no le gustó.
Pero, obviamente, sobre las mujeres se cae con mucha más virulencia, sobre todo contra aquellas que representamos un discurso completamente contrario al de él: feminista, progresista, de izquierda, ecologista, y que representa todas las cosas que ellos desprecian. La violencia no tiene límites.
¿Cómo maneja los mensajes de odio e incluso deepfakes que hacen con su imagen?
Yo tengo la suerte de ser dueña de mi propio medio de comunicación, que es Futuröck, el cual fundé junto con otros compañeros hace 10 años. Entonces, nadie me puede echar. Pero cuando ingresó Milei, yo trabajaba en un canal de noticias muy conocido, y a los 15 días me echaron sin ninguna explicación. No tengo muchas dudas de que eso tiene que ver con eso.
Lo que sucede también aquí es que Milei ataca a los periodistas, pero arregla con los medios de comunicación. Entonces, puede haber periodistas valientes en los medios, pero que no saben si los medios van a terminar por arreglar con el ejecutivo y entregar la cabeza de esos periodistas.
La verdad es que opera una enorme censura y autocensura, o hay un efecto disciplinador cuando Milei persigue a ciertos periodistas, porque lo que les está diciendo es: "Bueno, a vos también te puede pasar esto". Y cuando, además, su persecución abarca, como te digo, un espectro ideológico muy amplio, también está queriendo hablarle a todo el mundo: "Nadie se salva de mi terror".
A mí me garantiza la libertad porque nadie me puede echar. Yo, en mi medio, digo lo que quiero, y además, mi medio de comunicación se sostiene principalmente con el aporte de los oyentes, con lo cual tampoco dependemos de la pauta publicitaria oficial ni de la pauta comercial. Dependemos de nuestros oyentes. Cuanto más nos atacan, a veces, más se refuerza ese lazo de fidelidad y ese compromiso.
Pero está difícil para otros colegas, porque el hostigamiento tiene un efecto muy disciplinador.
¿Siente que hay suficiente solidaridad entre colegas? ¿O crees que algunos sectores del periodismo guardan silencio?
Yo sí veo a mis colegas, muchos colegas insólitamente moderados. Creo que estamos viviendo una especie de pesadilla discutiendo cosas que nunca pensamos que íbamos a discutir en términos espantosos, en términos totalmente ‘chabacanos’. Todos mis colegas tienden a normalizar este estado de cosas: represión, situaciones de violencia verbal, institucional, y todo pasa como si fuera un poco normal. Me parece que tienen la vara muy diferente de como la tenían con otro gobierno.
No sé si es porque fueron normalizando, porque se fueron acomodando, o porque es que tienen miedo, pero realmente la discusión en Argentina ahora está puesta en un lugar casi ridículo, te diría.
En Perú, durante los últimos años, se ha buscado desprestigiar a los medios de comunicación. ¿Considera que en Argentina ese tipo de cosas se están replicando y si este tipo de mensaje es tomado por la población como cierto?
La verdad es que la población está bastante polarizada. Milei ha conseguido cierto apoyo popular, tiene gente que todavía confía en lo que él dice y en el modelo económico que propone, el cual decidió endurecer en cuanto a las políticas sociales y todos los subsidios. Esa gente, la que decidió creerle a Milei, también decidió creerle que los periodistas eran sus enemigos.
Yo en esto insisto en esta diferenciación: los medios son una cosa, los periodistas son otra en este momento en Argentina. El gobierno pacta con los grandes medios de comunicación, los hegemónicos, que no son muchos, y tienen una relación íntima con el poder económico, por lo que terminan siempre pactando. Adentro están los periodistas; algunos colegas hacen lo que pueden, otros se autocensuran, se autodisciplinan y a otros los disciplinan.
¿Es irónico que el presidente Milei hable de contenido falso cuando él mismo ha estado involucrado en más de una ocasión en compartir noticias falseadas?
Más que irónico, te diría psicotizante. Cuando vimos la noticia de que ellos, que son la principal máquina de fake news, van a sacar una oficina para desmentir las fake news, es como que uno se vuelve loco. ¿O acaso es parte del plan de volvernos locos?
Yo creo que parte del plan de esta ultraderecha, de hecho está escrito en sus propios manuales, es directamente psicotizar a la población, volverla loca. En las propias palabras de Steve Bannon, como inundar la cancha de mierda. Entonces, terminás por no distinguir lo falso de lo real. Te quedás discutiendo cuestiones que son poco importantes o laterales, mientras lo importante pasa por abajo de la mesa.
Creo que este tipo de acciones, además, son la copia berreta de todo lo que hace Trump. Milei es la copia burda de todo lo que hace Trump. Esa oficina (para desmentir información falsa) existía en la era Trump. Entonces, acá hacen lo mismo; de hecho, importan conflictos que nosotros no tenemos.
Argentina es históricamente un país que recibe inmigrantes de todas partes del mundo, sobre todo de Latinoamérica, sin ningún inconveniente. Y acá quisieron crear una fuerza similar a ICE, y cada vez que salen a querer cazar inmigrantes, encuentran que todo el mundo tiene sus papeles en regla, que no hay inmigrantes ilegales. Entonces, se quedan con una especie de performance que no tiene ningún asidero, solo para copiar a Trump.
Todo el mundo sabe que Trump también es un gran divulgador de fake news. Bueno, acá ellos son quienes las inventan. Es paradójico, irónico, como vos decís, pero al mismo tiempo, por las primeras acciones que vi de la oficina, lo que hacen es desmentir a los periodistas más serios que tenemos nosotros.
Aunque se habló de un recorte de gastos del Estado, ahora se destinan fondos a temas de no relevancia. ¿No es contradictorio?
Bueno, lo que pasa es que el Estado lo están usando como un instrumento en favor de sus intereses. Entonces, todo lo que son prestaciones públicas necesarias, como salud y educación, van desmantelando, y al mismo tiempo usan el Estado en función de los intereses de los aliados que van teniendo.
En este momento, además, la verdad es que es un panorama bastante novedoso y difícil de entender, porque, por lo menos para nosotros, las decisiones de la política económica se toman en Estados Unidos. El gobierno de Milei y todo su plan económico dependen de la decisión que pueda tomar Trump, porque es absolutamente endeble. De hecho, ya lo vino a salvar dos veces, cuando estuvimos al borde de un cataclismo con unos préstamos insólitos.
En realidad, lo que quieren es tener al Estado como un juguete en función de sus intereses y de sus negocios, que pueden ser los intereses de los aliados de turno, como Estados Unidos. Pero el Estado, en definitiva, no lo están desarmando; lo están poniendo en función de sus intereses.
¿Considera que Argentina en ese caso es un experimento de Trump en América Latina?
Sí. 100%.
¿Estas medidas forman parte de la estrategia de Milei por ir a la reelección en 2027?
Bueno, todavía no estamos pensando en eso, pero me parece que todo lo que hace este gobierno, en definitiva, es ponerle mucho empeño a lo que ellos llaman la "batalla cultural". Es lo único que pueden hacer porque, en términos de gestión, no hicieron más que arruinarle la vida a la mayoría de la gente.
Entonces, para sostener algún tipo de popularidad, no les queda otra que mantener un relato, uno construido sobre mentiras y falsas esperanzas.
¿Cómo ve el futuro del periodismo en Argentina?
No es una respuesta chicanera, realmente, a mí se me mezcla la esperanza de que esto se termine más o menos pronto, pero entiendo que, en realidad, la suerte de este gobierno depende de la suerte del gobierno de Trump, con lo cual estoy mirando mucho lo que está pasando en Estados Unidos.
Y sobre el periodismo, yo también creo que, más allá de los gobiernos, uno de los grandes problemas que tenemos en Argentina es la concentración mediática y la relación muy íntima que tienen los grandes medios de comunicación con el poder económico. Entonces, mientras eso no se desarme, siempre vamos a tener un problema de libertad de expresión, porque secuestran los medios de comunicación.
En este momento estamos pasando por una etapa de hostilidad y hostigamiento por parte del Poder Ejecutivo, pero acá tenemos un problema de libertad de expresión un poco más estructural.





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